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El Primer Libro de Adán y Eva

El Libro de Adán y Eva — Obra uno de dos (un solo libro, dos obras independientes)

Conservado íntegramente: Máster Editorial del Nombre Sagrado (79 capítulos). Primera de las dos obras que juntas forman el único Libro de Adán y Eva, colocada en primer lugar en la colección por decisión de David.

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CAPÍTULO I

El mar de cristal, Yahweh ordena a Adán, expulsado del Edén, vivir en la Cueva de los Tesoros. 1 En el tercer día, Yahweh plantó el jardín en el este de la tierra, en la frontera del mundo hacia el este, más allá de la cual, hacia la salida del sol, uno no halla nada más que agua, que abarca todo el mundo, y alcanza hasta las fronteras del cielo. 2 Y al norte del jardín hay un mar de agua, clara y pura al gusto, diferente a cualquier otra cosa; de modo que, por su claridad, uno puede mirar dentro de las profundidades de la tierra. 3 Y cuando un hombre se lava en él, queda limpio de su limpieza, y blanco de su blancura-- aun si fuera oscuro. 4 Y Yahweh creó ese mar por Su propio buen placer, porque Él sabía lo que vendría del hombre que Él haría; de modo que después que hubiera salido del jardín, a causa de su transgresión, los hombres nacerían en la tierra. Entre ellos hay justos que morirán, cuyas almas Yahweh levantará en el último día; cuando todos ellos regresarán a su carne, se bañarán en el agua de ese mar, y se arrepentirán de sus pecados. 5 Pero cuando Yahweh hizo salir a Adán del jardín, no lo colocó en la frontera de él hacia el norte. Esto fue para que él y Eva no pudieran acercarse al mar de agua donde pudieran lavarse en él, ser limpiados de sus pecados, borrar la transgresión que habían cometido, y no ser ya recordados de ella en el pensamiento de su castigo. 6 En cuanto al lado sur del jardín, Yahweh no quiso que Adán viviera allí tampoco; porque, cuando el viento soplaba del norte, le traería, en ese lado sur, el delicioso olor de los árboles del jardín. 7 Por tanto Yahweh no puso a Adán allí. Esto fue para que no pudiera oler el dulce olor de esos árboles, olvidar su transgresión, y hallar consuelo por lo que había hecho deleitándose en el olor de los árboles y aun así no ser limpiado de su transgresión. 8 De nuevo, también, porque Yahweh es misericordioso y de gran piedad, y gobierna todas las cosas de una manera que solo Él conoce-- Él hizo que nuestro padre Adán viviera en la frontera occidental del jardín, porque en ese lado la tierra es muy ancha. 9 Y Yahweh le ordenó vivir allí en una cueva en una roca--la Cueva de los Tesoros debajo del jardín.

CAPÍTULO II

Adán y Eva se desmayan cuando salen del Jardín. Yahweh envía Su Palabra para animarlos. 1 Pero cuando nuestro padre Adán y Eva salieron del jardín, caminaron sobre el suelo con sus pies, sin saber que caminaban. 2 Y cuando llegaron a la abertura de la puerta del jardín, y vieron la ancha tierra extendida ante ellos, cubierta de piedras grandes y pequeñas, y de arena, temieron y temblaron, y cayeron sobre sus rostros, por el temor que vino sobre ellos; y quedaron como muertos. 3 Porque, mientras hasta ese momento habían estado en la tierra del jardín, hermosamente plantada con toda clase de árboles, ahora se veían en una tierra extraña, que no conocían y nunca habían visto. 4 Y porque, cuando estaban en el jardín, estaban llenos de la gracia de una naturaleza brillante, y no tenían corazones inclinados hacia las cosas terrenales. 5 Por eso Yahweh tuvo compasión de ellos; y cuando los vio caídos ante la puerta del jardín, envió a Yeshua, Su Palabra, a nuestro padre Adán y a Eva, y los levantó de su estado caído.

CAPÍTULO III

Acerca de la promesa de los grandes cinco días y medio. 1 Yahweh dijo a Adán: «He ordenado sobre esta tierra días y años, y tú y tus descendientes vivirán y caminarán en ellos, hasta que los días y los años se cumplan; cuando enviaré a Yeshua, la Palabra que te creó, y contra quien has transgredido, la Palabra que te hizo salir del jardín y que te levantó cuando estabas caído. 2 Sí, Yeshua, la Palabra que te salvará otra vez cuando se cumplan los cinco días y medio». 3 Pero cuando Adán oyó estas palabras de Yahweh, y lo de los grandes cinco días y medio, no entendió su significado. 4 Porque Adán pensaba que solo habría cinco días y medio para él hasta el fin del mundo. 5 Y Adán lloró, y oró a Yahweh para que se lo explicara. 6 Entonces Yahweh, en Su misericordia por Adán, que fue hecho a Su propia imagen y semejanza, le explicó que estos eran 5.000 y 500 años; y cómo Uno vendría entonces y lo salvaría a él y a sus descendientes. 7 Pero antes de eso, Yahweh había hecho este pacto con nuestro padre Adán, en los mismos términos, antes de que saliera del jardín, cuando estaba junto al árbol donde Eva tomó del fruto y le dio de comer. 8 Porque, cuando nuestro padre Adán salió del jardín, pasó junto a aquel árbol, y vio cómo Yahweh había cambiado su apariencia a otra forma, y cómo se había marchitado. 9 Y cuando Adán se acercó a él, temió, tembló y cayó; pero Yahweh en Su misericordia lo levantó, y entonces hizo este pacto con él. 10 Y también, cuando Adán estaba junto a la puerta del jardín, y vio al querubín con una espada de fuego llameante en su mano, y el querubín se enojó y le frunció el ceño, tanto Adán como Eva le tuvieron miedo, y pensaron que quería darles muerte. Así que cayeron sobre sus rostros y temblaron de miedo. 11 Pero él tuvo compasión de ellos, y les mostró misericordia; y apartándose de ellos subió al cielo, y oró a Yahweh, y dijo: 12 «Yahweh, Tú me enviaste a guardar a la puerta del jardín, con una espada de fuego. 13 Pero cuando Tus siervos, Adán y Eva, me vieron, cayeron sobre sus rostros y quedaron como muertos. Oh Yahweh mío, ¿qué haremos con Tus siervos?» 14 Entonces Yahweh tuvo compasión de ellos, y les mostró misericordia, y envió a Su Ángel a guardar el jardín. 15 Y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán y Eva, y los levantó. 16 Y Yahweh dijo a Adán: «Te dije que al final de los cinco días y medio enviaré a Yeshua, Mi Palabra, y te salvaré. 17 Fortalece, pues, tu corazón, y permanece en la Cueva de los Tesoros, de la cual te he hablado antes». 18 Y cuando Adán oyó esta palabra de Yahweh, fue consolado con lo que Yahweh le había dicho. Porque Él le había dicho cómo lo salvaría.

CAPÍTULO IV

Adán se lamenta por las condiciones cambiadas. Adán y Eva entran en la Cueva de los Tesoros. 1 Pero Adán y Eva lloraban por haber salido del jardín, su primer hogar. 2 Y en verdad, cuando Adán miró su carne, que estaba alterada, lloró amargamente, él y Eva, por lo que habían hecho. Y caminaron y bajaron suavemente a la Cueva de los Tesoros. 3 Y cuando llegaron a ella, Adán lloró sobre sí mismo y dijo a Eva: «Mira esta cueva que ha de ser nuestra prisión en este mundo, ¡y un lugar de castigo! 4 ¿Qué es ella comparada con el jardín? ¿Qué es su estrechez comparada con la amplitud del otro? 5 ¿Qué es esta roca, al lado de aquellos bosques? ¿Qué es la penumbra de esta caverna, comparada con la luz del jardín? 6 ¿Qué es este saliente de roca que pende sobre nosotros para cobijarnos, comparado con la misericordia de Yahweh que nos cubría con su sombra? 7 ¿Qué es el suelo de esta cueva comparado con la tierra del jardín? ¡Esta tierra, sembrada de piedras; y aquella, plantada de deliciosos árboles frutales!» 8 Y Adán dijo a Eva: «Mira tus ojos, y los míos, que antes contemplaban a los ángeles alabando en el cielo; y ellos también, sin cesar. 9 Pero ahora no vemos como veíamos; nuestros ojos se han vuelto de carne; no pueden ver como solían ver antes». 10 Adán dijo de nuevo a Eva: «¿Qué es nuestro cuerpo hoy, comparado con lo que era en los días pasados, cuando vivíamos en el jardín?» 11 Después de esto, Adán no quiso entrar en la cueva, bajo la roca saliente; ni querría jamás entrar en ella. 12 Pero se sometió a las órdenes de Yahweh; y se dijo a sí mismo: «Si no entro en la cueva, volveré a ser un transgresor».

CAPÍTULO V

Eva hace una noble y emotiva intercesión, tomando la culpa sobre sí misma. 1 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, y se pusieron a orar, en su propia lengua, desconocida para nosotros, pero que ellos conocían bien. 2 Y mientras oraban, Adán alzó sus ojos y vio la roca y el techo de la cueva que lo cubría por encima. Esto le impedía ver el cielo o las criaturas de Yahweh. Así que lloró y se golpeó fuertemente el pecho, hasta que cayó, y quedó como muerto. 3 Y Eva estaba sentada llorando; porque creía que él estaba muerto. 4 Entonces ella se levantó, extendió sus manos hacia Yahweh, apelando a Él por misericordia y compasión, y dijo: «Oh Yahweh, perdóname mi pecado, el pecado que cometí, y no lo recuerdes contra mí. 5 Porque solo yo causé que Tu siervo cayera del jardín a esta tierra condenada; de la luz a esta oscuridad; y de la casa del gozo a esta prisión. 6 Oh Yahweh, mira a este Tu siervo caído de esta manera, y devuélvele la vida, para que pueda llorar y arrepentirse de su transgresión, que cometió por medio de mí. 7 No le quites su alma ahora mismo; sino déjalo vivir para que se mantenga en pie según la medida de su arrepentimiento, y haga Tu voluntad, como antes de su muerte. 8 Pero si no le devuelves la vida, entonces, oh Yahweh, quítame mi propia alma, para que yo sea como él, y no me dejes en esta mazmorra, una y sola; porque no podría mantenerme sola en este mundo, sino solo con él. 9 Porque Tú, oh Yahweh, hiciste que él se durmiera, y tomaste un hueso de su costado, y restauraste la carne en el lugar de él, por Tu poder divino. 10 Y me tomaste a mí, el hueso, y me hiciste una mujer, brillante como él, con corazón, razón y palabra; y en carne, semejante a la suya; y me hiciste a semejanza de su aspecto, por Tu misericordia y poder. 11 Oh Yahweh, yo y él somos uno, y Tú, oh Yahweh, eres nuestro Creador, Tú eres quien nos hizo a los dos en un solo día. 12 Por tanto, oh Yahweh, dale vida, para que esté conmigo en esta tierra extraña, mientras vivimos en ella a causa de nuestra transgresión. 13 Pero si no quieres darle vida, entonces llévame a mí, incluso a mí, como a él; para que ambos muramos el mismo día». 14 Y Eva lloró amargamente, y cayó sobre nuestro padre Adán, por su gran dolor.

CAPÍTULO VI

La reprensión de Yahweh a Adán y Eva, en la que él señala cómo y por qué pecaron. 1 Pero Yahweh los miró; porque se habían matado a sí mismos por el gran dolor. 2 Pero Él decidió levantarlos y consolarlos. 3 Por tanto, les envió a Yeshua, Su Palabra, para que se pusieran en pie y fueran levantados de inmediato. 4 Y Yahweh dijo a Adán y Eva: «Transgredieron por su propia libre voluntad, hasta que salieron del jardín en el que los había colocado. 5 Por su propia libre voluntad han transgredido, por su deseo de divinidad, grandeza y un estado exaltado, como el que Yo tengo; de modo que los privé de la naturaleza brillante en la que entonces estaban, y los hice salir del jardín a esta tierra, áspera y llena de aflicción. 6 ¡Si tan solo no hubieran transgredido Mi mandamiento y hubieran guardado Mi ley, y no hubieran comido del fruto del árbol al que les dije que no se acercaran! Y había árboles frutales en el jardín mejores que ese. 7 Pero el malvado Satanás no guardó su fe y no tuvo buena intención hacia Mí, pues aunque Yo lo había creado, me consideró inútil, y buscó la Divinidad para sí mismo; por esto lo arrojé desde el cielo para que no pudiera permanecer en su primer estado: fue él quien hizo que el árbol pareciera agradable a sus ojos, hasta que comieron de él, creyendo sus palabras. 8 Así han transgredido Mi mandamiento, y por eso he traído sobre ustedes todos estos dolores. 9 Porque Yo soy Yahweh el Creador, quien, cuando creé a Mis criaturas, no intenté destruirlas. Pero después de que hubieron provocado gravemente Mi enojo, las castigué con plagas penosas, hasta que se arrepientan. 10 Pero si, por el contrario, todavía continúan endurecidos en su transgresión, estarán bajo maldición para siempre».

CAPÍTULO VII

Las bestias son apaciguadas. 1 Cuando Adán y Eva oyeron estas palabras de Yahweh, lloraron y sollozaron aún más; pero fortalecieron sus corazones en Yahweh, porque ahora sentían que Yahweh era para ellos como un padre y una madre; y por esta misma razón, lloraron ante Él y buscaron misericordia de Él. 2 Entonces Yahweh tuvo compasión de ellos, y dijo: «Oh Adán, he hecho Mi pacto contigo, y no me apartaré de él; ni te dejaré volver al jardín, hasta que se cumpla Mi pacto de los grandes cinco días y medio». 3 Entonces Adán dijo a Yahweh: «Oh Yahweh, Tú nos creaste, y nos hiciste aptos para estar en el jardín; y antes de que yo transgrediera, hiciste que todas las bestias vinieran a mí, para que yo les pusiera nombre. 4 Tu gracia estaba entonces sobre mí; y nombré a cada una según Tu mente; y las hiciste todas sujetas a mí. 5 Pero ahora, oh Yahweh, que he transgredido Tu mandamiento, todas las bestias se levantarán contra mí y me devorarán, y a Eva, Tu sierva; y cortarán nuestra vida de la faz de la tierra. 6 Por tanto te ruego, oh Yahweh, que ya que nos has hecho salir del jardín, y nos has hecho estar en una tierra extraña, no permitas que las bestias nos hagan daño». 7 Cuando Yahweh oyó estas palabras de Adán, tuvo compasión de él, y sintió que verdaderamente había dicho que las bestias del campo se levantarían y lo devorarían a él y a Eva, porque Él, Yahweh, estaba enojado con los dos a causa de sus transgresiones. 8 Entonces Yahweh ordenó a las bestias, y a las aves, y a todo lo que se mueve sobre la tierra, que vinieran a Adán y se familiarizaran con él, y no lo molestaran a él ni a Eva; ni tampoco a ninguno de los buenos y justos de entre su descendencia. 9 Entonces todas las bestias rindieron homenaje a Adán, según el mandamiento de Yahweh; excepto la serpiente, contra la cual Yahweh estaba enojado. Ella no vino a Adán, con las bestias.

CAPÍTULO VIII

La "Naturaleza Brillante" del hombre es quitada. 1 Entonces Adán lloró y dijo: «Oh Yahweh, cuando vivíamos en el jardín, y nuestros corazones estaban elevados, veíamos a los ángeles que cantaban alabanzas en el cielo, pero ahora no podemos ver como solíamos; no, cuando entramos en la cueva, toda la creación se volvió oculta para nosotros». 2 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Cuando estabas sujeto a Mí, tenías una naturaleza brillante dentro de ti, y por esa razón podías ver las cosas a lo lejos. Pero después de tu transgresión, tu naturaleza brillante te fue retirada; y no te fue dejado ver las cosas a lo lejos, sino solo las cercanas; según la capacidad de la carne; porque es brutal». 3 Cuando Adán y Eva hubieron oído estas palabras de Yahweh, siguieron su camino, alabándolo y adorándolo con un corazón apesadumbrado. 4 Y Yahweh dejó de comunicarse con ellos.

CAPÍTULO IX

Agua del Árbol de la Vida. Adán y Eva a punto de ahogarse. 1 Entonces Adán y Eva salieron de la Cueva de los Tesoros, y fueron cerca de la puerta del jardín, y allí se detuvieron a mirarlo, y lloraron por haberse alejado de él. 2 Y Adán y Eva fueron desde delante de la puerta del jardín hasta el lado sur de él, y hallaron allí el agua que regaba el jardín, desde la raíz del Árbol de la Vida, y que desde allí se dividía en cuatro ríos sobre la tierra. 3 Entonces vinieron y se acercaron a esa agua, y la miraron; y vieron que era el agua que salía de debajo de la raíz del Árbol de la Vida en el jardín. 4 Y Adán lloró y gimió, y se golpeó el pecho, por estar separado del jardín; y dijo a Eva: 5 «¿Por qué has traído sobre mí, sobre ti misma y sobre nuestros descendientes, tantas de estas plagas y castigos?» 6 Y Eva le dijo: «¿Qué es lo que has visto que te ha hecho llorar y hablarme de esta manera?» 7 Y él dijo a Eva: «¿No ves esta agua que estaba con nosotros en el jardín, que regaba los árboles del jardín y fluía desde allí? 8 Y nosotros, cuando estábamos en el jardín, no nos preocupábamos por ella; pero desde que vinimos a esta tierra extraña, la amamos, y la aprovechamos para nuestro cuerpo». 9 Pero cuando Eva oyó estas palabras de él, lloró; y por la intensidad de su llanto, cayeron en esa agua; y habrían puesto fin a sí mismos en ella, para no volver jamás a contemplar la creación; porque cuando miraban la obra de la creación, sentían que debían poner fin a sí mismos.

CAPÍTULO X

Sus cuerpos necesitan agua después de salir del jardín. 1 Entonces Yahweh, misericordioso y lleno de gracia, los miró así tendidos en el agua, y cerca de la muerte, y envió un ángel, que los sacó del agua y los puso en la orilla del mar como muertos. 2 Entonces el ángel subió a Yahweh, fue bien recibido, y dijo: «Oh Yahweh, Tus criaturas han exhalado su último aliento». 3 Entonces Yahweh envió a Yeshua, Su Palabra, a Adán y Eva, quien los levantó de su muerte. 4 Y Adán dijo, después de ser levantado: «Oh Yahweh, mientras estábamos en el jardín no requeríamos ni nos preocupábamos por esta agua; pero desde que vinimos a esta tierra no podemos prescindir de ella». 5 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Mientras estabas bajo Mi mandamiento y eras un ángel brillante, no conocías esta agua. 6 Pero ahora que has transgredido Mi mandamiento, no puedes prescindir del agua, en la que laves tu cuerpo y lo hagas crecer; porque ahora es como el de las bestias, y tiene necesidad de agua». 7 Cuando Adán y Eva oyeron estas palabras de Yahweh, lloraron un llanto amargo; y Adán suplicó a Yahweh que le permitiera volver al jardín, y mirarlo por segunda vez. 8 Pero Yahweh dijo a Adán: «Te he hecho una promesa; cuando esa promesa se cumpla, te traeré de nuevo al jardín, a ti y a tus descendientes justos». 9 Y Yahweh dejó de comunicarse con Adán.

CAPÍTULO XI

Un recuerdo de los días gloriosos en el Jardín. 1 Entonces Adán y Eva se sintieron ardiendo de sed, y de calor, y de dolor. 2 Y Adán dijo a Eva: «No beberemos de esta agua, aunque muriéramos. Oh Eva, cuando esta agua entre en nuestras partes internas, aumentará nuestros castigos y los de nuestros descendientes». 3 Entonces ambos, Adán y Eva, se alejaron del agua, y no bebieron nada de ella en absoluto; sino que vinieron y entraron en la Cueva de los Tesoros. 4 Pero cuando estuvieron en ella, Adán no podía ver a Eva; solo oía el ruido que ella hacía. Tampoco ella podía ver a Adán, pero oía el ruido que él hacía. 5 Entonces Adán lloró, en profunda aflicción, y se golpeó el pecho; y se levantó y dijo a Eva: «¿Dónde estás?» 6 Y ella le dijo: «Mira, estoy de pie en esta oscuridad». 7 Entonces él le dijo: «¡Recuerda la naturaleza brillante en la que vivíamos, cuando vivíamos en el jardín! 8 ¡Oh Eva! Recuerda la gloria que reposaba sobre nosotros en el jardín. ¡Oh Eva! Recuerda los árboles que nos daban sombra en el jardín mientras nos movíamos entre ellos. 9 ¡Oh Eva! Recuerda que mientras estábamos en el jardín, no conocíamos ni la noche ni el día. ¡Piensa en el Árbol de la Vida, de debajo del cual fluía el agua, y que derramaba resplandor sobre nosotros! Recuerda, oh Eva, la tierra del jardín, ¡y su resplandor! 10 Piensa, oh, piensa en ese jardín en el cual no había oscuridad, mientras vivíamos en él. 11 Mientras que tan pronto como vinimos a esta Cueva de los Tesoros, la oscuridad nos rodeó por todas partes; hasta que ya no podemos vernos el uno al otro; y todo el placer de esta vida ha llegado a su fin».

CAPÍTULO XII

Cómo vino la oscuridad entre Adán y Eva. 1 Entonces Adán se golpeó el pecho, él y Eva, y se lamentaron toda la noche hasta el rayar del alba, y suspiraron por la longitud de la noche en Miyazia. 2 Y Adán se golpeó a sí mismo, y se arrojó al suelo en la cueva, por la amarga aflicción, y a causa de la oscuridad, y yació allí como muerto. 3 Pero Eva oyó el ruido que hizo al caer al suelo. Y lo buscó a tientas con sus manos, y lo halló como un cadáver. 4 Entonces ella tuvo miedo, quedó sin palabras, y permaneció junto a él. 5 Pero el misericordioso Yahweh miró la muerte de Adán, y el silencio de Eva por temor a la oscuridad. 6 Y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán y lo levantó de su muerte, y abrió la boca de Eva para que pudiera hablar. 7 Entonces Adán se puso en pie en la cueva y dijo: «Oh Yahweh, ¿por qué se ha apartado la luz de nosotros, y la oscuridad nos ha cubierto? ¿Por qué nos dejaste en esta larga oscuridad? ¿Por qué nos afliges así? 8 Y esta oscuridad, oh Yahweh, ¿dónde estaba antes de que nos cubriera? Es por esto que no podemos vernos el uno al otro. 9 Porque mientras estuvimos en el jardín, ni vimos ni siquiera supimos lo que es la oscuridad. Yo no estaba oculto de Eva, ni ella estaba oculta de mí, hasta ahora que ella no puede verme; y ninguna oscuridad venía sobre nosotros para separarnos el uno del otro. 10 Pero ella y yo estábamos ambos en una luz brillante. Yo la veía a ella y ella me veía a mí. Sin embargo, ahora que vinimos a esta cueva, la oscuridad nos ha cubierto, y nos ha separado el uno del otro, de modo que yo no la veo a ella, y ella no me ve a mí. 11 Oh Yahweh, ¿nos afligirás entonces con esta oscuridad?»

CAPÍTULO XIII

La caída de Adán. Por qué fueron creados la noche y el día. 1 Entonces, cuando Yahweh, que es misericordioso y lleno de compasión, oyó la voz de Adán, le dijo: 2 «Oh Adán, mientras el ángel bueno me fue obediente, una luz brillante reposaba sobre él y sobre sus huestes. 3 Pero cuando transgredió Mi mandamiento, lo privé de esa naturaleza brillante, y se volvió oscuro. 4 Y cuando estaba en los cielos, en los reinos de la luz, no sabía nada de la oscuridad. 5 Pero transgredió, y lo hice caer del cielo sobre la tierra; y fue esta oscuridad la que vino sobre él. 6 Y sobre ti, oh Adán, mientras estabas en Mi jardín y me eras obediente, también reposaba esa luz brillante. 7 Pero cuando supe de tu transgresión, te privé de esa luz brillante. Sin embargo, por Mi misericordia, no te convertí en oscuridad, sino que te hice tu cuerpo de carne, sobre el cual extendí esta piel, para que pueda soportar el frío y el calor. 8 Si hubiera dejado caer Mi ira pesadamente sobre ti, te habría destruido; y si te hubiera convertido en oscuridad, habría sido como si te hubiera matado. 9 Pero en Mi misericordia, te he hecho como eres; cuando transgrediste Mi mandamiento, oh Adán, te expulsé del jardín, y te hice salir a esta tierra; y te ordené vivir en esta cueva; y la oscuridad te cubrió, como cubrió a aquel que transgredió Mi mandamiento. 10 Así, oh Adán, esta noche te ha engañado. No ha de durar para siempre; sino que es solo de doce horas; cuando termine, volverá la luz del día. 11 No suspires, por tanto, ni te conmuevas; y no digas en tu corazón que esta oscuridad es larga y se prolonga pesadamente; y no digas en tu corazón que te aflijo con ella. 12 Fortalece tu corazón, y no temas. Esta oscuridad no es un castigo. Sino que, oh Adán, he hecho el día, y he puesto el sol en él para dar luz; para que tú y tus hijos hagan su trabajo. 13 Porque Yo sabía que pecarías y transgredirías, y saldrías a esta tierra. Sin embargo, no te forcé, ni fui oído sobre ti, ni te encerré; ni te condené por tu caída; ni por tu salida de la luz a la oscuridad; ni tampoco por tu venida del jardín a esta tierra. 14 Porque te hice de la luz; y quise sacar de ti hijos de luz, semejantes a ti. 15 Pero no guardaste Mi mandamiento ni un día; hasta que hube terminado la creación y bendecido todo lo que hay en ella. 16 Entonces, acerca del árbol, te ordené no comer de él. Sin embargo, Yo sabía que Satanás, que se engañó a sí mismo, también te engañaría a ti. 17 Así te di a conocer por medio del árbol, que no te acercaras a él. Y te dije que no comieras de su fruto, ni lo probaras, ni te sentaras debajo de él, ni cedieras a él. 18 Si Yo no hubiera estado y te hubiera hablado, oh Adán, acerca del árbol, y te hubiera dejado sin un mandamiento, y tú hubieras pecado, habría sido una ofensa de Mi parte, por no haberte dado ninguna orden; te volverías y me culparías por ello. 19 Pero Yo te ordené, y te advertí, y tú caíste. De modo que Mis criaturas no pueden culparme; sino que la culpa reposa solo sobre ellas. 20 Y, oh Adán, he hecho el día para que tú y tus descendientes puedan trabajar y fatigarse en él. Y he hecho la noche para que descansen en ella de su trabajo; y para que las bestias del campo salgan de noche y busquen su alimento. 21 Pero ya queda poco de oscuridad, oh Adán, y pronto aparecerá la luz del día».

CAPÍTULO XIV

La profecía más temprana de la venida del Mesías. 1 Entonces Adán dijo a Yahweh: «Oh Yahweh, toma Tú mi alma, y no me dejes ver más esta penumbra; o remuéveme a algún lugar donde no haya oscuridad». 2 Pero Yahweh dijo a Adán: «En verdad te digo, esta oscuridad pasará de ti, cada día que he determinado para ti, hasta el cumplimiento de Mi pacto; cuando te salvaré y te traeré de nuevo al jardín, a la casa de luz que anhelas, en la cual no hay oscuridad*. Te traeré a ella, en el reino de los cielos». 3 De nuevo dijo Yahweh a Adán: «Toda esta miseria que has sido hecho tomar sobre ti a causa de tu transgresión, no te librará de la mano de Satanás, y no te salvará. 4 Sino que Yo lo haré. Cuando descienda del cielo, y me haga carne de tus descendientes, y tome sobre Mí la debilidad de la cual sufres, entonces la oscuridad que te cubrió en esta cueva me cubrirá a Mí en la tumba, cuando esté en la carne de tus descendientes. 5 Y Yo, que soy sin años, estaré sujeto a la cuenta de años, de tiempos, de meses y de días, y seré contado como uno de los hijos de los hombres, para salvarte». 6 Y Yahweh dejó de comunicarse con Adán. Nota de la fuente. Referencia: Juan 12:46

CAPÍTULO XV

Adán y Eva se afligen por el sufrimiento de Yeshua para salvarlos de sus pecados. 1 Entonces Adán y Eva lloraron y se dolieron a causa de la palabra de Yahweh a ellos, de que no volverían al jardín hasta el cumplimiento de los días decretados sobre ellos; pero sobre todo porque Yahweh les había dicho que Yeshua debería sufrir por su salvación.

CAPÍTULO XVI

La primera salida del sol. Adán y Eva piensan que es un fuego que viene a quemarlos. 1 Después de esto, Adán y Eva continuaron de pie en la cueva, orando y llorando, hasta que la mañana amaneció sobre ellos. 2 Y cuando vieron que la luz les había vuelto, se abstuvieron del temor, y fortalecieron sus corazones. 3 Entonces Adán comenzó a salir de la cueva. Y cuando llegó a la boca de ella, y se puso de pie y volvió su rostro hacia el oriente, y vio la salida del sol en rayos resplandecientes, y sintió su calor sobre su cuerpo, tuvo miedo de él, y pensó en su corazón que esta llama salía para afligirlo. 4 Entonces lloró y se golpeó el pecho, luego cayó al suelo sobre su rostro e hizo su petición, diciendo: 5 «Oh Yahweh, no me aflijas, ni me consumas, ni tampoco quites mi vida de la tierra». 6 Porque él pensaba que el sol era Yahweh. 7 Porque mientras estaba en el jardín y oía la voz de Yahweh y el sonido que Él hacía en el jardín, y le temía, Adán nunca vio la luz brillante del sol, ni su calor llameante tocó su cuerpo. 8 Por eso tuvo miedo del sol cuando sus rayos llameantes lo alcanzaron. Pensaba que Yahweh quería afligirlo con él todos los días que había decretado para él. 9 Porque Adán también dijo en sus pensamientos: así como Yahweh no nos afligió con la oscuridad, he aquí, ha hecho salir este sol para afligirnos con calor ardiente. 10 Pero mientras pensaba así en su corazón, Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a él y dijo: 11 «Oh Adán, levántate sobre tus pies. Este sol no es Yahweh; sino que ha sido creado para dar luz de día, de lo cual te hablé en la cueva cuando dije: "que vendría el amanecer, y habría luz de día". 12 Pero Yo soy Yahweh, quien te consoló en la noche». 13 Y Yahweh dejó de comunicarse con Adán.

CAPÍTULO XVII

El Capítulo de la Serpiente. 1 Adán y Eva salieron a la boca de la cueva, y se dirigieron hacia el jardín. 2 Pero cuando se acercaban a él, ante la puerta occidental, por la cual vino Satanás cuando engañó a Adán y Eva, hallaron a la serpiente que se convirtió en Satanás viniendo a la puerta, y lamiendo tristemente el polvo, y arrastrándose sobre su pecho por el suelo, a causa de la maldición que cayó sobre ella de parte de Yahweh. 3 Y mientras que antes la serpiente era la más exaltada de todas las bestias, ahora había sido cambiada y se había vuelto resbaladiza, y la más vil de todas ellas, y se arrastraba sobre su pecho y andaba sobre su vientre. 4 Y mientras que era la más hermosa de todas las bestias, había sido cambiada, y se había vuelto la más fea de todas ellas. En lugar de alimentarse de la mejor comida, ahora se volvió a comer el polvo. En lugar de vivir, como antes, en los mejores lugares, ahora vivía en el polvo. 5 Y, mientras que había sido la más hermosa de todas las bestias, las cuales todas se quedaban mudas ante su hermosura, ahora era aborrecida por ellas. 6 Y, además, mientras que vivía en un hermoso hogar, al cual todos los demás animales venían de otras partes; y donde ella bebía, ellos bebían también de lo mismo; ahora, después de haberse vuelto venenosa, a causa de la maldición de Yahweh, todas las bestias huyeron de su hogar, y no querían beber del agua que ella bebía; sino que huían de ella.

CAPÍTULO XVIII

El combate mortal con la serpiente. 1 Cuando la serpiente maldita vio a Adán y Eva, hinchó su cabeza, se puso sobre su cola, y con ojos rojos como sangre, actuó como si quisiera matarlos. 2 Fue derecha hacia Eva, y corrió tras ella; mientras Adán, de pie cerca, lloraba porque no tenía un palo en su mano con el cual golpear a la serpiente, y no sabía cómo darle muerte. 3 Pero con un corazón ardiendo por Eva, Adán se acercó a la serpiente, y la agarró por la cola; cuando ella se volvió hacia él y le dijo: 4 «Oh Adán, por causa tuya y de Eva, soy resbaladiza, y ando sobre mi vientre». Entonces, con su gran fuerza, derribó a Adán y Eva y los apretó, e intentó matarlos. 5 Pero Yahweh envió un ángel que apartó a la serpiente de ellos, y los levantó. 6 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a la serpiente, y le dijo: «La primera vez te hice resbaladiza, y te hice andar sobre tu vientre; pero no te privé del habla. 7 Esta vez, sin embargo, serás muda, y tú y tu raza no hablarán más; porque, la primera vez Mis criaturas fueron arruinadas por causa tuya, y esta vez intentaste matarlas». 8 Entonces la serpiente quedó muda, y ya no pudo hablar. 9 Y un viento sopló desde el cielo por el mandamiento de Yahweh y se llevó a la serpiente de Adán y Eva, y la arrojó en la orilla del mar, donde cayó en la India.

CAPÍTULO XIX

Las bestias sometidas a Adán. 1 Pero Adán y Eva lloraron ante Yahweh. Y Adán le dijo: 2 «Oh Yahweh, cuando estaba en la cueva, te dije esto, Yahweh mío: las bestias del campo se levantarían y me devorarían, y cortarían mi vida de la tierra». 3 Entonces Adán, por lo que le había sucedido, se golpeó el pecho y cayó al suelo como un cadáver. Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a él, quien lo levantó, y le dijo: 4 «Oh Adán, ninguna de estas bestias podrá hacerte daño; porque he hecho que las bestias y las demás cosas que se mueven vengan a ti en la cueva. No dejé que la serpiente viniera con ellas porque podría haberse levantado contra ti y hacerte temblar; y el temor a ella caería en sus corazones. 5 Porque Yo sabía que la maldita es malvada; por eso no quise dejarla acercarse a ti con las demás bestias. 6 Pero ahora fortalece tu corazón y no temas. Estoy contigo hasta el fin de los días que he determinado sobre ti».

CAPÍTULO XX

Adán desea proteger a Eva. 1 Entonces Adán lloró y dijo: «Oh Yahweh, llévanos a algún otro lugar, donde la serpiente no pueda acercarse a nosotros otra vez, ni levantarse contra nosotros. Por temor de que encuentre a Eva, Tu sierva, sola y la mate; porque sus ojos son horribles y malvados». 2 Pero Yahweh dijo a Adán y Eva: «Desde ahora, no teman; no dejaré que se acerque a ustedes; la he expulsado de ustedes, de esta montaña; ni dejaré en ella la capacidad de hacerles daño». 3 Entonces Adán y Eva adoraron ante Yahweh y le dieron gracias, y lo alabaron por haberlos librado de la muerte.

CAPÍTULO XXI

Adán y Eva intentan suicidarse. 1 Entonces Adán y Eva fueron en busca del jardín. 2 Y el calor golpeaba como una llama sobre sus rostros; y sudaban por el calor, y lloraban ante Yahweh. 3 Pero el lugar donde lloraban estaba cerca de una montaña alta, frente a la puerta occidental del jardín. 4 Entonces Adán se arrojó desde lo alto de esa montaña; su rostro fue desgarrado y su carne fue rasgada; perdió mucha sangre y estuvo cerca de la muerte. 5 Mientras tanto Eva permaneció de pie en la montaña llorando sobre él, así tendido. 6 Y dijo: «No deseo vivir después de él; porque todo lo que él se hizo a sí mismo fue por medio de mí». 7 Entonces ella se arrojó tras él; y fue desgarrada y rasgada por las piedras; y permaneció tendida como muerta. 8 Pero el misericordioso Yahweh, que vela por Sus criaturas, miró a Adán y Eva cuando yacían muertos, y les envió a Yeshua, Su Palabra, y los levantó. 9 Y dijo a Adán: «Oh Adán, toda esta miseria que has traído sobre ti mismo no tendrá efecto contra Mi gobierno, ni alterará el pacto de los 5.500 años».

CAPÍTULO XXII

Adán en ánimo agradecido. 1 Entonces Adán dijo a Yahweh: «Me seco en el calor, estoy desfallecido de caminar, y no quiero estar en este mundo. Y no sé cuándo me sacarás de él para descansar». 2 Entonces Yahweh le dijo: «Oh Adán, no puede ser ahora, no hasta que hayas terminado tus días. Entonces te sacaré de esta tierra miserable». 3 Y Adán dijo a Yahweh: «Mientras estaba en el jardín no conocía ni calor, ni languidez, ni andar de un lado a otro, ni temblor, ni temor; pero ahora, desde que vine a esta tierra, toda esta aflicción ha venido sobre mí». 4 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Mientras guardabas Mi mandamiento, Mi luz y Mi gracia reposaban sobre ti. Pero cuando transgrediste Mi mandamiento, el dolor y la miseria vinieron a ti en esta tierra». 5 Y Adán lloró y dijo: «Oh Yahweh, no me cortes por esto, ni me castigues con plagas pesadas, ni me pagues según mi pecado; porque nosotros, por nuestra propia voluntad, transgredimos Tu mandamiento, e ignoramos Tu ley, e intentamos volvernos dioses como Tú, cuando Satanás el enemigo nos engañó». 6 Entonces Yahweh dijo de nuevo a Adán: «Porque has soportado temor y temblor en esta tierra, languidez y sufrimiento, pisar y andar de un lado a otro, subir a esta montaña, y morir por ello, Yo tomaré todo esto sobre Mí mismo para salvarte».

CAPÍTULO XXIII

Adán y Eva se fortalecen y hacen el primer altar jamás construido. 1 Entonces Adán lloró más y dijo: «Oh Yahweh, ten misericordia de mí, hasta tomar sobre Ti mismo aquello que yo haré». 2 Pero Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán y Eva. 3 Entonces Adán y Eva se pusieron en pie; y Adán dijo a Eva: «Fortalécete, y yo también me fortaleceré». Y ella se fortaleció, como Adán le dijo. 4 Entonces Adán y Eva tomaron piedras y las colocaron en forma de un altar; y tomaron hojas de los árboles fuera del jardín, con las cuales limpiaron, del rostro de la roca, la sangre que habían derramado. 5 Pero la que había caído sobre la arena, la tomaron junto con el polvo con el que estaba mezclada y la ofrecieron en el altar como una ofrenda a Yahweh. 6 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie bajo el Altar y lloraron, orando así a Yahweh: «Perdónanos nuestra transgresión* y nuestro pecado, y míranos con Tu ojo de misericordia. Porque cuando estábamos en el jardín nuestras alabanzas y nuestros himnos subían ante Ti sin cesar. 7 Pero cuando vinimos a esta tierra extraña, la alabanza pura ya no fue nuestra, ni la oración justa, ni corazones entendidos, ni pensamientos dulces, ni consejos justos, ni discernimiento largo, ni sentimientos rectos, ni nos ha quedado nuestra naturaleza brillante. Sino que nuestro cuerpo está cambiado de la semejanza en la que estaba al principio, cuando fuimos creados. 8 Sin embargo, mira ahora nuestra sangre que es ofrecida sobre estas piedras, y acéptala de nuestras manos, como la alabanza que solíamos cantarte al principio, cuando estábamos en el jardín». 9 Y Adán comenzó a hacer más peticiones a Yahweh. Nota de la fuente. EL PADRE NUESTRO ORIGINAL QUE SE DICE FUE USADO UNOS 150 AÑOS ANTES DE NUESTRO SEÑOR: Padre nuestro, que estás en el cielo, sé propicio a nosotros, oh Yahweh, Yahweh nuestro, santificado sea Tu Nombre, y que el recuerdo de Ti sea glorificado en el Cielo arriba y sobre la tierra aquí abajo. Nota de la fuente. Que Tu reino reine sobre nosotros ahora y para siempre. Los Santos Varones de la antigüedad dijeron: remite y perdona a todas las personas cualquier cosa que me hayan hecho. Y no nos lleves a la tentación, sino líbranos de la cosa mala; porque Tuyo es el reino y Tú reinarás en gloria por siempre y para siempre, AMÉN.

CAPÍTULO XXIV

Una vívida profecía de la vida y muerte del Mesías. 1 Entonces el misericordioso Yahweh, bueno y amante de los hombres, miró a Adán y Eva, y a su sangre, que habían levantado como una ofrenda a Él; sin una orden Suya para hacerlo. Pero Él se maravilló de ellos; y aceptó sus ofrendas. 2 Y Yahweh envió desde Su presencia un fuego brillante, que consumió su ofrenda. 3 Él olió el dulce aroma de su ofrenda, y les mostró misericordia. 4 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán, y le dijo: «Oh Adán, así como has derramado tu sangre, así derramaré Yo Mi propia sangre cuando me haga carne de tus descendientes; y así como moriste, oh Adán, así también moriré Yo. Y así como construiste un altar, así también haré para ti un altar de la tierra; y así como ofreciste tu sangre sobre él, así también ofreceré Yo Mi sangre sobre un altar en la tierra. 5 Y así como pediste perdón por medio de esa sangre, así también haré de Mi sangre perdón de pecados, y borraré en ella las transgresiones. 6 Y ahora, he aquí, he aceptado tu ofrenda, oh Adán, pero los días del pacto en el que te he atado no están cumplidos. Cuando se cumplan, entonces te traeré de nuevo al jardín. 7 Ahora, por tanto, fortalece tu corazón; y cuando el dolor venga sobre ti, hazme una ofrenda, y te seré favorable».

CAPÍTULO XXV

Yahweh representado como misericordioso y amoroso. El establecimiento de la adoración. 1 Pero Yahweh sabía que Adán creía que debía matarse frecuentemente y hacerle una ofrenda de su sangre. 2 Por tanto le dijo: «Oh Adán, no vuelvas a matarte así, arrojándote desde esa montaña». 3 Pero Adán dijo a Yahweh: «Estaba pensando poner fin a mí mismo de una vez, por haber transgredido Tus mandamientos, y por haber salido del hermoso jardín; y por la luz brillante de la que me has privado; y por las alabanzas que salían de mi boca sin cesar, y por la luz que me cubría. 4 Sin embargo, por Tu bondad, oh Yahweh, no te deshagas de mí por completo; sino séme favorable cada vez que muera, y tráeme a la vida. 5 Y así se dará a conocer que Tú eres un Yahweh misericordioso, que no quiere que nadie perezca; que no ama que uno caiga; y que no condena a nadie cruelmente, malamente, y por destrucción total». 6 Entonces Adán guardó silencio. 7 Y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a él, y lo bendijo, y lo consoló, y pactó con él, que lo salvaría al final de los días determinados para él. 8 Esto, entonces, fue la primera ofrenda que Adán hizo a Yahweh; y así se convirtió en su costumbre hacerlo.

CAPÍTULO XXVI

Una hermosa profecía de vida eterna y gozo (v. 15). La caída de la noche. 1 Entonces Adán tomó a Eva, y comenzaron a volver a la Cueva de los Tesoros donde vivían. Pero cuando se acercaron más a ella y la vieron desde lejos, un pesado dolor cayó sobre Adán y Eva cuando la miraron. 2 Entonces Adán dijo a Eva: «Cuando estábamos en la montaña fuimos consolados por Yeshua, la Palabra de Yahweh, que conversó con nosotros; y la luz que vino del oriente brilló sobre nosotros. 3 Pero ahora Yeshua, la Palabra de Yahweh, está oculto de nosotros; y la luz que brilló sobre nosotros está tan cambiada que desaparece, y deja que la oscuridad y el dolor vengan sobre nosotros. 4 Y nos vemos forzados a entrar en esta cueva que es como una prisión, en la cual la oscuridad nos cubre, de modo que estamos separados el uno del otro; y tú no puedes verme, ni yo puedo verte a ti». 5 Cuando Adán hubo dicho estas palabras, lloraron y extendieron sus manos ante Yahweh; porque estaban llenos de dolor. 6 Y oraron a Yahweh que les trajera el sol, para brillar sobre ellos, para que la oscuridad no volviera a ellos, y que no tuvieran que ir bajo esta cubierta de roca. Y desearon morir antes que ver la oscuridad. 7 Entonces Yahweh miró a Adán y Eva y su gran dolor, y todo lo que habían hecho con un corazón ferviente, a causa de todo el aprieto en que estaban, en lugar de su bienestar anterior, y a causa de toda la miseria que vino sobre ellos en una tierra extraña. 8 Por tanto Yahweh no se airó con ellos; ni se impacientó con ellos; sino que fue paciente y tolerante hacia ellos, como hacia los hijos que había creado. 9 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán, y le dijo: «Adán, en cuanto al sol, si Yo lo tomara y te lo trajera, los días, las horas, los años y los meses se detendrían todos, y el pacto que he hecho contigo nunca se cumpliría. 10 Sino que entonces estarías abandonado y atascado en una plaga perpetua, y nunca serías salvado. 11 Sí, más bien, soporta largamente y calma tu alma mientras vives noche y día; hasta el cumplimiento de los días, y que llegue el tiempo de Mi pacto. 12 Entonces vendré y te salvaré, oh Adán, porque no deseo que estés afligido. 13 Y cuando mire todas las cosas buenas en las que vivías, y por qué saliste de ellas, entonces gustosamente te mostraría misericordia. 14 Pero no puedo alterar el pacto que ha salido de Mi boca; de otro modo te habría traído de nuevo al jardín. 15 Cuando, sin embargo, el pacto se cumpla, entonces te mostraré a ti y a tus descendientes misericordia, y te traeré a una tierra de alegría, donde no hay ni dolor ni sufrimiento; sino gozo y alegría permanentes, y luz que nunca falla, y alabanzas que nunca cesan; y un hermoso jardín que nunca pasará». 16 Y Yahweh dijo de nuevo a Adán: «Ten paciencia y entra en la cueva, porque la oscuridad, de la cual tuviste miedo, será solo de doce horas; y cuando termine, subirá la luz». 17 Entonces, cuando Adán oyó estas palabras de Yahweh, él y Eva adoraron ante Él, y sus corazones fueron consolados. Volvieron a la cueva según su costumbre, mientras las lágrimas fluían de sus ojos, el dolor y el lamento venían de sus corazones, y desearon que su alma saliera de su cuerpo. 18 Y Adán y Eva se pusieron de pie orando hasta que la oscuridad de la noche vino sobre ellos, y Adán quedó oculto de Eva, y ella de él. 19 Y permanecieron de pie en oración.

CAPÍTULO XXVII

La segunda tentación de Adán y Eva. El diablo toma la forma de una luz seductora. 1 Cuando Satanás, el odiador de todo bien, vio cómo continuaban en oración, y cómo Yahweh se comunicaba con ellos, y los consolaba, y cómo Él había aceptado su ofrenda, Satanás hizo una aparición. 2 Comenzó transformando a sus huestes; en sus manos había un fuego llameante, y estaban en una gran luz. 3 Entonces colocó su trono cerca de la boca de la cueva, porque no podía entrar en ella a causa de sus oraciones. Y derramó luz en la cueva, hasta que la cueva resplandeció sobre Adán y Eva; mientras sus huestes comenzaban a cantar alabanzas. 4 Y Satanás hizo esto, para que cuando Adán viera la luz, pensara en sí mismo que era una luz celestial, y que las huestes de Satanás eran ángeles; y que Yahweh los había enviado a velar en la cueva, y a darle luz en la oscuridad. 5 De modo que cuando Adán saliera de la cueva y los viera, y Adán y Eva se inclinaran ante Satanás, entonces él vencería a Adán con ello, y por segunda vez lo humillaría ante Yahweh. 6 Cuando, por tanto, Adán y Eva vieron la luz, imaginando que era real, fortalecieron sus corazones; sin embargo, mientras temblaban, Adán dijo a Eva: 7 «Mira esa gran luz, y esos muchos cantos de alabanza, y esa hueste que está fuera y que no entrará en nuestra cueva. ¿Por qué no nos dicen lo que quieren, de dónde vienen, cuál es el significado de esta luz, qué son esas alabanzas, por qué han sido enviados a este lugar, y por qué no entrarán? 8 Si fueran de Yahweh, entrarían en la cueva con nosotros, y nos dirían por qué fueron enviados». 9 Entonces Adán se puso de pie y oró a Yahweh con un corazón ardiente, y dijo: 10 «Oh Yahweh, ¿hay en el mundo otro dios además de Ti, que creó ángeles y los llenó de luz, y los envió a guardarnos, que vendría con ellos? 11 Pero, mira, vemos estas huestes que están a la boca de la cueva; están en una gran luz; cantan fuertes alabanzas. Si son de algún otro dios que Tú, dímelo; y si son enviados por Ti, infórmame de la razón por la cual los has enviado». 12 Tan pronto como Adán hubo dicho esto, un ángel de Yahweh se le apareció en la cueva, que le dijo: «Oh Adán, no temas. Este es Satanás y sus huestes; desea engañarte como te engañó al principio. Porque la primera vez, estaba oculto en la serpiente; pero esta vez ha venido a ti en semejanza de un ángel de luz; para que, cuando lo adorarás, pudiera esclavizarte, en la misma presencia de Yahweh». 13 Entonces el ángel fue de Adán y agarró a Satanás a la abertura de la cueva, y lo despojó de la pretensión que había asumido, y lo trajo en su propia forma horrenda a Adán y Eva; quienes le tuvieron miedo cuando lo vieron. 14 Y el ángel dijo a Adán: «Esta forma horrenda ha sido la suya desde que Yahweh lo hizo caer del cielo. Él no podría haberse acercado a ti en ella; por tanto se transformó en un ángel de luz». 15 Entonces el ángel alejó a Satanás y sus huestes de Adán y Eva, y les dijo: «No teman; Yahweh, que los creó, los fortalecerá». 16 Y el ángel los dejó. 17 Pero Adán y Eva permanecieron de pie en la cueva; ningún consuelo vino a ellos; se dividieron en sus pensamientos. 18 Y cuando fue de mañana oraron; y luego salieron a buscar el jardín. Porque sus corazones estaban hacia él, y no podían obtener consuelo por haberlo dejado.

CAPÍTULO XXVIII

El Diablo pretende guiar a Adán y Eva al agua para bañarse. 1 Pero cuando el astuto Satanás los vio, que iban al jardín, reunió a su hueste, y vino en apariencia sobre una nube, con intención de engañarlos. 2 Pero cuando Adán y Eva lo vieron así en una visión, pensaron que eran ángeles de Yahweh venidos a consolarlos por haber dejado el jardín, o a traerlos de nuevo a él. 3 Y Adán extendió sus manos ante Yahweh, suplicándole que le hiciera entender lo que eran. 4 Entonces Satanás, el odiador de todo bien, dijo a Adán: «Oh Adán, yo soy un ángel del gran Yahweh; y, he aquí las huestes que me rodean. 5 Yahweh nos ha enviado a tomarte y llevarte al confín del jardín hacia el norte; a la orilla del mar claro, y bañarlos a ti y a Eva en él, y elevarlos a su alegría anterior, para que vuelvan de nuevo al jardín». 6 Estas palabras se hundieron en el corazón de Adán y Eva. 7 Sin embargo, Yahweh retuvo a Yeshua, Su Palabra, de Adán, y no le hizo entender de inmediato, sino que esperó a ver su fuerza; si sería vencido como Eva fue vencida cuando estaba en el jardín, o si prevalecería. 8 Entonces Satanás llamó a Adán y Eva, y dijo: «He aquí, vamos al mar de agua», y comenzaron a ir. 9 Y Adán y Eva los siguieron a alguna poca distancia. 10 Pero cuando llegaron a la montaña al norte del jardín, una montaña muy alta, sin escalones hasta su cima, el Diablo se acercó a Adán y Eva, y los hizo subir a la cima en realidad, y no en una visión; deseando, como hacía, arrojarlos abajo y matarlos, y borrar su nombre de la tierra; para que esta tierra quedara solo para él y sus huestes.

CAPÍTULO XXIX

Yahweh dice a Adán el propósito del Diablo. (v. 4). 1 Pero cuando el misericordioso Yahweh vio que Satanás deseaba matar a Adán con sus muchos trucos, y vio que Adán era manso y sin engaño, Yahweh habló a Satanás en voz alta, y lo maldijo. 2 Entonces él y sus huestes huyeron, y Adán y Eva permanecieron de pie en la cima de la montaña, desde donde vieron debajo de ellos el mundo ancho, muy por encima del cual estaban. Pero no vieron a ninguna de la hueste que vez tras vez estaba junto a ellos. 3 Lloraron, ambos Adán y Eva, ante Yahweh, y suplicaron Su perdón. 4 Entonces Yeshua, la Palabra, vino de Yahweh a Adán, y le dijo: «Conoce y entiende acerca de este Satanás, que busca engañarte a ti y a tus descendientes después de ti». 5 Y Adán lloró ante Yahweh, y le suplicó y oró que le diera algo del jardín, como una señal para él, en qué ser consolado. 6 Y Yahweh consideró el pensamiento de Adán, y envió al ángel Miguel hasta el mar que llega a la India, a tomar de allí varas de oro y traerlas a Adán. 7 Esto hizo Yahweh en Su sabiduría para que estas varas de oro, estando con Adán en la cueva, brillaran con luz en la noche a su alrededor, y pusieran fin a su temor a la oscuridad. 8 Entonces el ángel Miguel bajó por orden de Yahweh, tomó varas de oro, como Yahweh le había ordenado, y las trajo a Yahweh.

CAPÍTULO XXX

Adán recibe los primeros bienes mundanos. 1 Después de estas cosas, Yahweh ordenó al ángel Gabriel que bajara al jardín, y dijera al querubín que lo guardaba: «He aquí, Yahweh me ha ordenado venir al jardín, y tomar de él incienso de dulce olor, y dárselo a Adán». 2 Entonces el ángel Gabriel bajó por orden de Yahweh al jardín, y dijo al querubín como Yahweh le había ordenado. 3 El querubín entonces dijo: «Bien». Y Gabriel entró y tomó el incienso. 4 Entonces Yahweh ordenó a su ángel Rafael que bajara al jardín, y hablara al querubín acerca de un poco de mirra, para dar a Adán. 5 Y el ángel Rafael bajó y dijo al querubín como Yahweh le había ordenado, y el querubín dijo: «Bien». Entonces Rafael entró y tomó la mirra. 6 Las varas de oro eran del mar de la India, donde hay piedras preciosas. El incienso era del confín oriental del jardín; y la mirra del confín occidental, de donde vino la amargura sobre Adán. 7 Y los ángeles trajeron estas cosas a Yahweh, junto al Árbol de la Vida, en el jardín. 8 Entonces Yahweh dijo a los ángeles: «Sumérjanlas en la fuente de agua; luego tómenlas y rocíen su agua sobre Adán y Eva, para que sean un poco consolados en su dolor, y entréguenselas a Adán y Eva». 9 Y los ángeles hicieron como Yahweh les había ordenado, y dieron todas esas cosas a Adán y Eva en la cima de la montaña en la que Satanás los había colocado, cuando buscó acabar con ellos. 10 Y cuando Adán vio las varas de oro, el incienso y la mirra, se alegró y lloró porque pensó que el oro era una señal del reino de donde había venido, que el incienso era una señal de la luz brillante que le había sido quitada, y que la mirra era una señal del dolor en el que estaba.

CAPÍTULO XXXI

Se hacen más cómodos en la Cueva de los Tesoros en el tercer día. 1 Después de estas cosas Yahweh dijo a Adán: «Me pediste algo del jardín, para ser consolado por ello, y te he dado estas tres señales como consuelo para ti; para que confíes en Mí y en Mi pacto contigo. 2 Porque vendré y te salvaré; y reyes me traerán, cuando esté en la carne, oro, incienso y mirra; oro como señal de Mi reino; incienso como señal de Mi divinidad; y mirra como señal de Mi sufrimiento y de Mi muerte. 3 Pero, oh Adán, guarda estas cosas junto a ti en la cueva; el oro, para que derrame luz sobre ti de noche; el incienso, para que huelas su dulce aroma; y la mirra, para consolarte en tu dolor». 4 Cuando Adán oyó estas palabras de Yahweh, adoró ante Él. Él y Eva lo adoraron y le dieron gracias, porque Él había tratado misericordiosamente con ellos. 5 Entonces Yahweh ordenó a los tres ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, que cada uno trajera lo que había traído, y se lo diera a Adán. Y así lo hicieron, uno por uno. 6 Y Yahweh ordenó a Suriyel y Salathiel que alzaran a Adán y Eva, y los bajaran de la cima de la montaña alta, y los llevaran a la Cueva de los Tesoros. 7 Allí pusieron el oro en el lado sur de la cueva, el incienso en el lado oriental, y la mirra en el lado occidental. Porque la boca de la cueva estaba en el lado norte. 8 Los ángeles entonces consolaron a Adán y Eva, y se marcharon. 9 El oro era setenta varas*; el incienso, doce libras; y la mirra, tres libras. 10 Estas permanecieron junto a Adán en la Cueva de los Tesoros**. 11 Yahweh dio estas tres cosas a Adán al tercer día después de que salió del jardín, en señal de los tres días que Yahweh debería permanecer en el corazón de la tierra. 12 Y estas tres cosas, mientras continuaron con Adán en la cueva, le daban luz de noche; y de día le daban un pequeño alivio de su dolor. Nota de la fuente. Una vara es una unidad de medida lineal equivalente a 5,5 yardas y también una unidad de medida de superficie equivalente a 30,25 yardas cuadradas. En este caso, la palabra vara simplemente significa una especie de pieza larga y delgada de oro de tamaño y peso no especificados. Nota de la fuente. Este es el texto original que parece contener contenido editorial incrustado: «Estas permanecieron junto a Adán en la Casa de los Tesoros; por eso fue llamada "de ocultamiento". Pero otros intérpretes dicen que fue llamada la "Cueva de los Tesoros", a causa de los cuerpos de hombres justos que había en ella».

CAPÍTULO XXXII

Adán y Eva entran en el agua para orar. 1 Y Adán y Eva permanecieron en la Cueva de los Tesoros hasta el séptimo día; no comieron del fruto de la tierra, ni bebieron agua. 2 Y cuando amaneció el octavo día, Adán dijo a Eve: «Oh Eva, oramos a Yahweh que nos diera algo del jardín, y Él envió a sus ángeles que nos trajeron lo que habíamos deseado. 3 Pero ahora, levántate, vayamos al mar de agua que vimos al principio, y permanezcamos en él, orando que Yahweh nos sea favorable otra vez y nos lleve de nuevo al jardín; o nos dé algo; o que nos dé consuelo en alguna otra tierra distinta de esta en la que estamos». 4 Entonces Adán y Eva salieron de la cueva, fueron y se detuvieron en el borde del mar en el que antes se habían arrojado, y Adán dijo a Eva: 5 «Ven, baja a este lugar, y no salgas de él hasta el fin de treinta días, cuando yo vendré a ti. Y ora a Yahweh con corazón ardiente y una voz dulce, que nos perdone. 6 Y yo iré a otro lugar, y bajaré a él, y haré como tú». 7 Entonces Eva bajó al agua, como Adán le había ordenado. Adán también bajó al agua; y permanecieron orando; y suplicaron a Yahweh que les perdonara su ofensa, y los restaurara a su estado anterior. 8 Y permanecieron así orando, hasta el fin de los treinta y cinco días.

CAPÍTULO XXXIII

Satanás promete falsamente la "luz brillante." 1 Pero Satanás, el odiador de todo bien, los buscó en la cueva, pero no los halló, aunque los buscó diligentemente. 2 Pero los halló de pie en el agua orando y pensó en sí mismo: «Adán y Eva están así de pie en esa agua orando a Yahweh que les perdone su transgresión, y los restaure a su estado anterior, y los saque de debajo de mi mano. 3 Pero yo los engañaré para que salgan del agua, y no cumplan su voto». 4 Entonces el odiador de todo bien no fue a Adán, sino que fue a Eva, y tomó la forma de un ángel de Yahweh, alabando y alegrándose, y le dijo: 5 «¡La paz sea contigo! ¡Alégrate y regocíjate! Yahweh te es favorable, y me envió a Adán. Le he traído las buenas nuevas de salvación, y de ser llenado de luz brillante como estaba al principio. 6 Y Adán, en su gozo por su restauración, me ha enviado a ti, para que vengas a mí, a fin de que te corone con luz como a él. 7 Y me dijo: "Habla a Eva; si no viene contigo, dile la señal de cuando estábamos en la cima de la montaña; cómo Yahweh envió a sus ángeles que nos tomaron y nos llevaron a la Cueva de los Tesoros; y pusieron el oro en el lado sur; incienso, en el lado oriental; y mirra en el lado occidental". Ahora ven a él». 8 Cuando Eva oyó estas palabras de él, se alegró grandemente. Y pensando que la aparición de Satanás era real, salió del mar. 9 Él fue delante, y ella lo siguió hasta que llegaron a Adán. Entonces Satanás se ocultó de ella, y ella no lo vio más. 10 Ella entonces vino y se detuvo ante Adán, que estaba de pie junto al agua y alegrándose en el perdón de Yahweh. 11 Y cuando ella lo llamó, él se volvió, la halló allí y lloró cuando la vio, y se golpeó el pecho; y por la amargura de su aflicción, se hundió en el agua. 12 Pero Yahweh lo miró a él y su miseria, y que estaba a punto de exhalar su último aliento. Y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino del cielo, lo sacó del agua, y le dijo: «Sube a la orilla alta hasta Eva». Y cuando subió a Eva le dijo: «¿Quién te dijo que vinieras aquí?» 13 Entonces ella le contó el discurso del ángel que se le había aparecido y le había dado una señal. 14 Pero Adán se afligió, y le dio a conocer que era Satanás. Entonces la tomó y ambos volvieron a la cueva. 15 Estas cosas les sucedieron la segunda vez que bajaron al agua, siete días después de su salida del jardín. 16 Ayunaron en el agua treinta y cinco días; en total cuarenta y dos días desde que habían dejado el jardín.

CAPÍTULO XXXIV

Adán recuerda la creación de Eva. Apela elocuentemente por comida y bebida. 1 Y en la mañana del día cuarenta y tres, salieron de la cueva, apesadumbrados y llorando. Sus cuerpos estaban flacos, y estaban resecos de hambre y sed, de ayunar y orar, y de su pesado dolor a causa de su transgresión. 2 Y cuando hubieron salido de la cueva subieron a la montaña al oeste del jardín. 3 Allí se detuvieron y oraron y suplicaron a Yahweh que les concediera el perdón de sus pecados. 4 Y después de sus oraciones Adán comenzó a suplicar a Yahweh, diciendo: «Oh Yahweh mío, Yahweh mío, y mi Creador, Tú ordenaste que los cuatro elementos* fueran reunidos, y fueron reunidos por Tu orden. 5 Entonces extendiste Tu mano y me creaste de un elemento, el del polvo de la tierra; y me trajiste al jardín a la tercera hora, un viernes, y me informaste de ello en la cueva. 6 Entonces, al principio, no conocía ni la noche ni el día, porque tenía una naturaleza brillante; ni la luz en la que vivía me dejó jamás conocer la noche o el día. 7 Entonces, de nuevo, oh Yahweh, en esa tercera hora en la que me creaste, trajiste a mí todas las bestias, y leones, y avestruces, y aves del aire, y todas las cosas que se mueven en la tierra, que Tú habías creado en la primera hora antes que a mí, del viernes. 8 Y Tu voluntad fue que yo les pusiera nombre a todas, una por una, con un nombre adecuado. Pero Tú me diste entendimiento y conocimiento, y un corazón puro y una mente recta de Ti, para que les pusiera nombre según Tu propia mente en cuanto a nombrarlas. 9 Oh Yahweh, Tú las hiciste obedientes a mí, y ordenaste que ninguna de ellas se apartara de mi dominio, según Tu mandamiento, y el dominio que me habías dado sobre ellas. Pero ahora todas están alejadas de mí. 10 Entonces fue en esa tercera hora del viernes, en la que me creaste, y me ordenaste acerca del árbol, al cual no debía acercarme, ni comer de él; porque Tú me dijiste en el jardín: "Cuando comas de él, de muerte morirás". 11 Y si me hubieras castigado como dijiste, con la muerte, habría muerto en ese mismo momento. 12 Además, cuando me ordenaste acerca del árbol, yo no debía acercarme ni comer de él, Eva no estaba conmigo; Tú aún no la habías creado, ni la habías sacado aún de mi costado; ni ella había oído aún esta orden de Ti. 13 Entonces, al final de la tercera hora de ese viernes, oh Yahweh, hiciste que un letargo y un sueño vinieran sobre mí, y dormí, y fui abrumado en el sueño. 14 Entonces sacaste una costilla de mi costado, y la creaste a mi propia semejanza e imagen. Entonces desperté; y cuando la vi y supe quién era, dije: "Esta es hueso de mis huesos, y carne de mi carne; desde ahora será llamada mujer". 15 Fue por Tu buena voluntad, oh Yahweh, que trajiste un letargo en un sueño sobre mí, y que inmediatamente sacaste a Eva de mi costado, hasta que estuvo fuera, de modo que no vi cómo fue hecha; ni pude presenciar, oh Yahweh mío, cuán asombrosas y grandes son Tu bondad y gloria. 16 Y por Tu buena voluntad, oh Yahweh, nos hiciste a ambos con cuerpos de una naturaleza brillante, y nos hiciste dos, uno; y nos diste Tu gracia, y nos llenaste de alabanzas del Espíritu Santo; para que no tuviéramos ni hambre ni sed, ni supiéramos lo que es el dolor, ni desmayo de corazón; ni sufrimiento, ayuno ni cansancio. 17 Pero ahora, oh Yahweh, desde que transgredimos Tu mandamiento y quebrantamos Tu ley, nos has traído a una tierra extraña, y has hecho que el sufrimiento, y el desmayo, el hambre y la sed vengan sobre nosotros. 18 Ahora, por tanto, oh Yahweh, te rogamos, danos algo de comer del jardín, para satisfacer nuestra hambre con ello; y algo con lo cual saciar nuestra sed. 19 Porque, he aquí, muchos días, oh Yahweh, no hemos probado nada ni bebido nada, y nuestra carne está reseca, y nuestra fuerza está agotada, y el sueño ha huido de nuestros ojos por el desmayo y el llanto. 20 Entonces, oh Yahweh, no nos atrevemos a recoger nada del fruto de los árboles, por temor a Ti. Porque cuando transgredimos al principio Tú nos perdonaste y no nos hiciste morir. 21 Pero ahora, pensamos en nuestros corazones: si comemos del fruto de los árboles, sin la orden de Yahweh, Él nos destruirá esta vez, y nos borrará de la faz de la tierra. 22 Y si bebemos de esta agua, sin la orden de Yahweh, Él pondrá fin a nosotros y nos arrancará de raíz de una vez. 23 Ahora, por tanto, oh Yahweh, que he venido a este lugar con Eva, te rogamos que nos des algún fruto del jardín, para que seamos satisfechos con él. 24 Porque deseamos el fruto que está en la tierra, y todo lo demás que nos falta en ella». Nota de la fuente. La creencia medieval de que solo había cuatro elementos —fuego, tierra, aire y agua— fue ampliamente aceptada hasta aproximadamente 1500 d.C., cuando la teoría atómica actual estaba en su infancia.

CAPÍTULO XXXV

La respuesta de Yahweh. 1 Entonces Yahweh miró de nuevo a Adán y su llanto y gemido, y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a él, y le dijo: 2 «Oh Adán, cuando estabas en Mi jardín, no conocías ni el comer ni el beber; ni el desmayo ni el sufrimiento; ni la flaqueza de la carne, ni el cambio; ni el sueño se apartaba de tus ojos. Pero desde que transgrediste, y viniste a esta tierra extraña, todas estas pruebas han venido sobre ti».

CAPÍTULO XXXVI

Higos. 1 Entonces Yahweh ordenó al querubín, que guardaba la puerta del jardín con una espada de fuego en su mano, que tomara un poco del fruto de la higuera, y se lo diera a Adán. 2 El querubín obedeció el mandamiento de Yahweh, y entró en el jardín y trajo dos higos en dos ramitas, cada higo colgando de su hoja; eran de dos de los árboles entre los cuales Adán y Eva se ocultaron cuando Yahweh vino a pasear en el jardín, y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán y Eva y les dijo: «Adán, Adán, ¿dónde están ustedes?» 3 Y Adán respondió: «Oh Yahweh, aquí estoy. Cuando oí el sonido de Ti y Tu voz, me oculté, porque estoy desnudo». 4 Entonces el querubín tomó los dos higos y se los trajo a Adán y Eva. Pero se los arrojó desde lejos; porque ellos no podían acercarse al querubín a causa de su carne, que no podía acercarse al fuego. 5 Al principio, los ángeles temblaban ante la presencia de Adán y le tenían miedo. Pero ahora Adán temblaba ante los ángeles y les tenía miedo. 6 Entonces Adán se acercó y tomó un higo, y Eva también vino a su vez y tomó el otro. 7 Y cuando los tomaron en sus manos, los miraron, y supieron que eran de los árboles entre los cuales se habían ocultado.

CAPÍTULO XXXVII

Cuarenta y tres días de penitencia no redimen una hora de pecado (v. 6). 1 Entonces Adán dijo a Eva: «¿No ves estos higos y sus hojas, con las cuales nos cubrimos cuando fuimos despojados de nuestra naturaleza brillante? Pero ahora, no sabemos qué miseria y sufrimiento pueden venir sobre nosotros por comerlos. 2 Ahora, por tanto, oh Eva, contengámonos y no comamos de ellos, tú y yo; y pidamos a Yahweh que nos dé del fruto del Árbol de la Vida». 3 Así se contuvieron Adán y Eva, y no comieron de estos higos. 4 Pero Adán comenzó a orar a Yahweh y a suplicarle que le diera del fruto del Árbol de la Vida, diciendo así: «Oh Yahweh, cuando transgredimos Tu mandamiento a la sexta hora del viernes, fuimos despojados de la naturaleza brillante que teníamos, y no continuamos en el jardín después de nuestra transgresión más de tres horas. 5 Pero en la tarde nos hiciste salir de él. Oh Yahweh, transgredimos contra Ti una hora, y todas estas pruebas y dolores han venido sobre nosotros hasta este día. 6 Y esos días, junto con este, el día cuarenta y tres, ¡no redimen esa única hora en la que transgredimos! 7 Oh Yahweh, míranos con un ojo de compasión, y no nos vengues según nuestra transgresión de Tu mandamiento, en Tu presencia. 8 Oh Yahweh, danos del fruto del Árbol de la Vida, para que comamos de él, y vivamos, y no volvamos a ver sufrimientos y otros problemas, en esta tierra; porque Tú eres Yahweh. 9 Cuando transgredimos Tu mandamiento, nos hiciste salir del jardín, y enviaste un querubín a guardar el Árbol de la Vida, no fuera que comiéramos de él, y viviéramos; y no conociéramos nada de desmayo después de que transgredimos. 10 Pero ahora, oh Yahweh, he aquí, hemos soportado todos estos días, y hemos llevado sufrimientos. Haz que estos cuarenta y tres días sean un equivalente por la única hora en la que transgredimos».

CAPÍTULO XXXVIII

"Cuando se cumplan 5500 años. . . ." 1 Después de estas cosas Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán, y le dijo: 2 «Oh Adán, en cuanto al fruto del Árbol de la Vida que has pedido, no te lo daré ahora, sino solo cuando se cumplan los 5500 años. En ese tiempo te daré fruto del Árbol de la Vida, y comerás, y vivirás para siempre, tú, y Eva, y tus descendientes justos. 3 Pero estos cuarenta y tres días no pueden enmendar la hora en la que transgrediste Mi mandamiento. 4 Oh Adán, te di el fruto de la higuera para comer, en la cual te ocultaste. Ve y come de él, tú y Eva. 5 No negaré tu petición, ni decepcionaré tu esperanza; por tanto, soporta hasta el cumplimiento del pacto que hice contigo». 6 Y Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán.

CAPÍTULO XXXIX

Adán es cauteloso--pero demasiado tarde. 1 Entonces Adán volvió a Eva, y le dijo: «Levántate, y toma un higo para ti, y yo tomaré otro; y vayamos a nuestra cueva». 2 Entonces Adán y Eva tomaron cada uno un higo y fueron hacia la cueva; el tiempo era cerca de la puesta del sol; y sus pensamientos les hacían desear comer del fruto. 3 Pero Adán dijo a Eva: «Tengo miedo de comer de este higo. No sé qué pueda venir sobre mí por él». 4 Así que Adán lloró, y se puso de pie orando ante Yahweh, diciendo: «Satisface mi hambre, sin que tenga que comer este higo; porque después de que lo haya comido, ¿de qué me aprovechará? ¿Y qué desearé y pediré de Ti, oh Yahweh, cuando se haya acabado?» 5 Y dijo de nuevo: «Tengo miedo de comerlo; porque no sé qué me acontecerá por medio de él».

CAPÍTULO XL

La primera hambre Humana. 1 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán, y le dijo: «Oh Adán, ¿por qué no tuviste este temor, o este ayuno, o este cuidado antes de ahora? ¿Y por qué no tuviste este miedo antes de transgredir? 2 Pero cuando viniste a vivir en esta tierra extraña, tu cuerpo animal no podía sobrevivir en la tierra sin alimento terrenal, para fortalecerlo y restaurar sus fuerzas». 3 Y Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán.

CAPÍTULO XLI

La primera sed Humana. 1 Entonces Adán tomó el higo, y lo puso sobre las varas de oro. Eva también tomó su higo, y lo puso sobre el incienso. 2 Y el peso de cada higo era el de una sandía; porque el fruto del jardín era mucho más grande que el fruto de esta tierra*. 3 Pero Adán y Eva permanecieron de pie y ayunando toda esa noche, hasta que amaneció la mañana. 4 Cuando salió el sol aún estaban orando, pero después de que hubieron terminado de orar, Adán dijo a Eva: 5 «Oh Eva, ven, vayamos al confín del jardín mirando al sur; al lugar de donde fluye el río, y se divide en cuatro cabezas. Allí oraremos a Yahweh, y le pediremos que nos dé un poco del Agua de Vida para beber. 6 Porque Yahweh no nos ha alimentado con el Árbol de la Vida, para que no vivamos. Por tanto, le pediremos que nos dé un poco del Agua de Vida, y sacie nuestra sed con ella, más que con un trago de agua de esta tierra». 7 Cuando Eva oyó estas palabras de Adán, estuvo de acuerdo; y ambos se levantaron y vinieron al confín sur del jardín, al borde del río de agua, a poca distancia del jardín. 8 Y se detuvieron y oraron ante Yahweh, y le pidieron que los mirara esta vez, que los perdonara, y que les concediera su petición. 9 Después de esta oración de ambos, Adán comenzó a orar con su voz ante Yahweh, y dijo: 10 «Oh Yahweh, cuando estaba en el jardín y veía el agua que fluía de debajo del Árbol de la Vida, mi corazón no deseaba, ni mi cuerpo requería beber de ella; ni conocía la sed, porque estaba viviendo; y por encima de lo que estoy ahora. 11 De modo que para vivir no requería ningún Alimento de Vida, ni bebía del Agua de Vida. 12 Pero ahora, oh Yahweh, estoy muerto; mi carne está reseca de sed. Dame del Agua de Vida para que beba de ella y viva. 13 Por Tu misericordia, oh Yahweh, sálvame de estas plagas y pruebas, y llévame a otra tierra diferente de esta, si no quieres dejarme vivir en Tu jardín». Nota de la fuente. Esto se fundamenta en Génesis 3:7, según el cual las hojas de la higuera eran lo bastante grandes para que Adán y Eva pudieran confeccionar vestiduras de ellas.

CAPÍTULO XLII

Una promesa del Agua de Vida. La tercera profecía de la venida del Mesías. 1 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán, y le dijo: 2 «Oh Adán, en cuanto a lo que dijiste: "Llévame a una tierra donde haya reposo", no es otra tierra que esta, sino que es el reino de los cielos donde únicamente hay reposo. 3 Pero no puedes hacer tu entrada en él al presente; sino solo después de que tu juicio haya pasado y se haya cumplido. 4 Entonces te haré subir al reino de los cielos, a ti y a tus descendientes justos; y les daré a ti y a ellos el reposo que pides al presente. 5 Y si dijiste: "Dame del Agua de Vida para que beba y viva", no puede ser este día, sino en el día en que Yo descienda al infierno, y rompa las puertas de bronce, y despedace los reinos de hierro. 6 Entonces salvaré en misericordia tu alma y las almas de los justos, para darles reposo en Mi jardín. Y eso será cuando venga el fin del mundo. 7 Y, de nuevo, en cuanto al Agua de Vida que buscas, no te será concedida este día; sino en el día en que Yo derrame Mi sangre sobre tu cabeza* en la tierra del Gólgota**. 8 Porque Mi sangre será el Agua de Vida para ti en ese tiempo, y no solo para ti, sino para todos tus descendientes que crean en Mí***; para que les sea reposo para siempre». 9 Yahweh dijo de nuevo a Adán: «Oh Adán, cuando estabas en el jardín, estas pruebas no venían a ti. 10 Pero desde que transgrediste Mi mandamiento, todos estos sufrimientos han venido sobre ti. 11 Ahora, también, tu carne requiere comida y bebida; bebe, pues, de esa agua que fluye junto a ti sobre la faz de la tierra». 12 Entonces Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán. 13 Y Adán y Eva adoraron a Yahweh, y volvieron del río de agua a la cueva. Era mediodía; y cuando se acercaron a la cueva, vieron un gran fuego junto a ella. Nota de la fuente. Esta frase indica que el derramamiento de sangre tendrá lugar en una posición elevada sobre el populacho. Se cree que esto es una referencia a la cruz en la que Yeshua el Mesías sangró profusamente sobre el pueblo que estaba abajo. Nota de la fuente. Gólgota (en inglés: goal-goth-uh) era la colina fuera de los muros de Jerusalén donde Yeshua fue crucificado. Su ubicación exacta no se conoce con precisión, pero se cree que la Iglesia del Santo Sepulcro fue construida sobre esta colina. Nota de la fuente. Referencia: Juan 6:25 y 7:38

CAPÍTULO XLIII

El Diablo intenta un incendio provocado. 1 Entonces Adán y Eva tuvieron miedo, y se quedaron quietos. Y Adán dijo a Eva: «¿Qué es ese fuego junto a nuestra cueva? No hemos hecho nada en ella para causar este fuego. 2 Ni tenemos pan para cocer en él, ni caldo para cocinar allí. En cuanto a este fuego, nunca hemos conocido nada parecido, ni sabemos cómo llamarlo. 3 Pero desde que Yahweh envió al querubín con una espada de fuego que llameaba y relampagueaba en su mano, por temor a la cual caímos y quedamos como cadáveres, no hemos visto cosa semejante. 4 Pero ahora, oh Eva, he aquí, este es el mismo fuego que estaba en la mano del querubín, que Yahweh ha enviado a guardar la cueva en la que vivimos. 5 Oh Eva, es porque Yahweh está enojado con nosotros, y nos expulsará de ella. 6 Oh Eva, hemos transgredido de nuevo Su mandamiento en esa cueva, de modo que Él ha enviado este fuego para quemar alrededor de ella, y para impedirnos entrar en ella. 7 Si esto es realmente así, oh Eva, ¿dónde viviremos? ¿Y dónde huiremos de ante el rostro de Yahweh? Ya que, en cuanto al jardín, Él no nos dejará vivir en él, y nos ha privado de las cosas buenas que hay en él; pero nos ha colocado en esta cueva, en la cual hemos soportado oscuridad, pruebas y dificultades, hasta que al fin hemos hallado consuelo en ella. 8 Pero ahora que Él nos ha traído a otra tierra, ¿quién sabe lo que pueda suceder en ella? ¿Y quién sabe si la oscuridad de esa tierra puede ser mucho mayor que la oscuridad de esta tierra? 9 ¿Quién sabe lo que pueda suceder en esa tierra de día o de noche? ¿Y quién sabe si estará lejos o cerca, oh Eva? Donde plazca a Yahweh ponernos, puede estar lejos del jardín, ¿oh Eva? ¿O donde Yahweh nos impida contemplarlo, porque hemos transgredido Su mandamiento, y porque le hemos hecho peticiones en todo tiempo? 10 Oh Eva, si Yahweh nos lleva a una tierra extraña distinta de esta, en la cual hallemos consuelo, debe ser para dar muerte a nuestras almas, y borrar nuestro nombre de la faz de la tierra. 11 Oh Eva, si somos alejados aún más del jardín y de Yahweh, ¿dónde lo hallaremos de nuevo, y le pediremos que nos dé oro, incienso, mirra, y algún fruto de la higuera? 12 ¿Dónde lo hallaremos, para que nos consuele por segunda vez? ¿Dónde lo hallaremos, para que piense en nosotros, en cuanto al pacto que ha hecho en nuestro favor?» 13 Entonces Adán no dijo más. Y se quedaron mirando, él y Eva, hacia la cueva, y al fuego que flameaba alrededor de ella. 14 Pero ese fuego era de Satanás. Porque él había reunido árboles y hierbas secas, y las había llevado y traído a la cueva, y les había prendido fuego, para consumir la cueva y lo que había en ella. 15 Para que Adán y Eva quedaran en dolor, y él cortara su confianza en Yahweh, y les hiciera negarlo. 16 Pero por la misericordia de Yahweh no pudo quemar la cueva, porque Yahweh envió a Su ángel alrededor de la cueva para guardarla de tal fuego, hasta que se apagó. 17 Y este fuego duró desde el mediodía hasta el rayar del día. Ese fue el día cuarenta y cinco.

CAPÍTULO XLIV

El poder del fuego sobre el hombre. 1 Sin embargo Adán y Eva estaban de pie mirando el fuego, e incapaces de acercarse a la cueva por su pavor al fuego. 2 Y Satanás seguía trayendo árboles y arrojándolos al fuego, hasta que las llamas del fuego se elevaron a lo alto, y cubrieron toda la cueva, pensando, como hacía en su propia mente, consumir la cueva con mucho fuego. Pero el ángel de Yahweh la estaba guardando. 3 Y sin embargo él no podía maldecir a Satanás, ni dañarlo con palabras, porque no tenía autoridad sobre él, ni se dedicó a hacerlo con palabras de su boca. 4 Por tanto el ángel lo toleró, sin decir una sola palabra mala, hasta que vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, quien dijo a Satanás: «Vete de aquí; una vez antes engañaste a Mis siervos, y esta vez buscas destruirlos. 5 Si no fuera por Mi misericordia, te habría destruido a ti y a tus huestes de sobre la tierra. Pero he tenido paciencia contigo, hasta el fin del mundo». 6 Entonces Satanás huyó de ante Yahweh. Pero el fuego siguió ardiendo alrededor de la cueva como un fuego de carbón todo el día; el cual fue el día cuarenta y seis que Adán y Eva habían pasado desde que salieron del jardín. 7 Y cuando Adán y Eva vieron que el calor del fuego se había enfriado un poco, comenzaron a caminar hacia la cueva para entrar en ella como solían hacer; pero no pudieron, a causa del calor del fuego. 8 Entonces ambos comenzaron a llorar a causa del fuego que los separaba de la cueva, y que venía hacia ellos, ardiendo. Y tuvieron miedo. 9 Entonces Adán dijo a Eva: «Mira este fuego, del cual tenemos una porción en nosotros: que antes nos cedía, pero ya no lo hace, ahora que hemos transgredido el límite de la creación, y cambiado nuestra condición, y nuestra naturaleza está alterada. Pero el fuego no está cambiado en su naturaleza, ni alterado de su creación. Por tanto ahora tiene poder sobre nosotros; y cuando nos acercamos a él, quema nuestra carne».

CAPÍTULO XLV

Por qué Satanás no cumplió sus promesas. Descripción del infierno. 1 Entonces Adán se levantó y oró a Yahweh, diciendo: «Mira, este fuego nos ha separado de la cueva en la que Tú nos has ordenado vivir; pero ahora, he aquí, no podemos entrar en ella». 2 Entonces Yahweh oyó a Adán, y le envió a Yeshua, Su Palabra, quien dijo: 3 «Oh Adán, ¡mira este fuego! ¡Cuán diferentes son su llama y su calor del jardín de delicias y las cosas buenas que hay en él! 4 Cuando estabas bajo Mi control, todas las criaturas te cedían; pero después de que transgrediste Mi mandamiento, todas se levantan sobre ti». 5 Yahweh dijo de nuevo a él: «Mira, oh Adán, ¡cómo te ha exaltado Satanás! Te ha privado de la Divinidad, y de un estado exaltado como el Mío, y no ha guardado su palabra contigo; sino que, después de todo, se ha vuelto tu enemigo. Él es quien hizo este fuego en el que pretendía quemarlos a ti y a Eva. 6 ¿Por qué, oh Adán, no ha guardado su acuerdo contigo, ni siquiera un día; sino que te ha privado de la gloria que estaba sobre ti, cuando cediste a su mandato? 7 ¿Piensas, Adán, que él te amaba cuando hizo este acuerdo contigo? ¿O que te amaba y deseaba elevarte a lo alto? 8 Pero no, Adán, él no hizo todo eso por amor a ti; sino que deseaba hacerte salir de la luz a la oscuridad; y de un estado exaltado a la degradación; de la gloria a la aflicción; del gozo al dolor; y del reposo al ayuno y al desmayo». 9 Yahweh también dijo a Adán: «Mira este fuego encendido por Satanás alrededor de tu cueva; mira esta maravilla que te rodea; y sabe que él rodeará tanto a ti como a tus descendientes, cuando obedezcan su mandato; que te afligirá con fuego; y que bajarás al infierno después de que mueras. 10 Entonces verás el ardor de su fuego, que estará ardiendo alrededor de ti y asimismo de tus descendientes. No serás librado de él hasta Mi venida; así como no puedes entrar en tu cueva ahora mismo a causa del gran fuego que la rodea; no hasta que Yeshua, Mi Palabra, venga y haga un camino para ti en el día en que Mi pacto se cumpla. 11 No hay camino para ti al presente para venir de esta vida al reposo, no hasta que venga Yeshua, que es Mi Palabra. Entonces Él hará un camino para ti, y tendrás reposo». Entonces Yahweh llamó por medio de Yeshua, Su Palabra, al fuego que ardía alrededor de la cueva, para que se dividiera en dos, hasta que Adán hubiera pasado a través de él. Entonces el fuego se partió por orden de Yahweh, y se hizo un camino para Adán*. 12 Y Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán. Nota de la fuente. Referencia: Éxodo 14:21,22 y Josué 3:15-17

CAPÍTULO XLVI

"Cuántas veces te he librado de su mano . . ." 1 Entonces Adán y Eva comenzaron de nuevo a entrar en la cueva. Y cuando llegaron al camino entre el fuego, Satanás sopló en el fuego como un torbellino, e hizo que el fuego de carbón ardiente cubriera a Adán y Eva; de modo que sus cuerpos fueron chamuscados; y el fuego de carbón los quemó*. 2 Y por el ardor del fuego Adán y Eva gritaron, y dijeron: «Oh Yahweh, ¡sálvanos! No nos dejes ser consumidos y afligidos por este fuego ardiente; ni nos requieras por haber transgredido Tu mandamiento». 3 Entonces Yahweh miró sus cuerpos, sobre los cuales Satanás había hecho arder el fuego, y Yahweh envió a Su ángel que detuvo el fuego ardiente. Pero las heridas permanecieron en sus cuerpos. 4 Y Yahweh dijo a Adán: «Mira el amor de Satanás por ti, que pretendió darte la Divinidad y grandeza; y, he aquí, te quema con fuego, y busca destruirte de sobre la tierra. 5 Entonces mírame a Mí, oh Adán; Yo te creé, ¿y cuántas veces te he librado de su mano? Si no, ¿no te habría destruido él?» 6 Yahweh dijo de nuevo a Eva: «¿Qué es lo que te prometió en el jardín, diciendo: "Tan pronto como comas del árbol, tus ojos serán abiertos, y serás como dioses, conociendo el bien y el mal"? ¡Pero mira! Él ha quemado sus cuerpos con fuego, y les ha hecho probar el sabor del fuego, en lugar del sabor del jardín; y les ha hecho ver el ardor del fuego, y el mal de él, y el poder que tiene sobre ustedes. 7 Sus ojos han visto el bien que él les ha quitado, y en verdad él ha abierto sus ojos; y ustedes han visto el jardín en el que estaban conmigo, y también han visto el mal que ha venido sobre ustedes de Satanás. Pero en cuanto a la Divinidad, él no puede dárselas, ni cumplirles su palabra. No, él estaba amargado contra ustedes y sus descendientes, que vendrán después de ustedes». 8 Y Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de ellos. Nota de la fuente. En este tiempo, las vestiduras que Yahweh les había dado en Génesis 3:21 fueron quemadas, de modo que Adán y Eva quedaron de nuevo desnudos. Referencia al capítulo L, en el cual Adán y Eva buscan vestiduras con las cuales cubrir su desnudez.

CAPÍTULO XLVII

Las propias Tramas del Diablo. 1 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, temblando aún por el fuego que había quemado sus cuerpos. Así que Adán dijo a Eva: 2 «Mira, el fuego ha quemado nuestra carne en este mundo; pero ¿cómo será cuando estemos muertos, y Satanás castigue nuestras almas? ¿No está nuestra liberación larga y lejos, a menos que Yahweh venga, y en misericordia hacia nosotros cumpla Su promesa?» 3 Entonces Adán y Eva pasaron a la cueva, bendiciéndose por entrar en ella una vez más. Porque estaba en sus pensamientos que nunca deberían entrar en ella, cuando vieron el fuego alrededor de ella. 4 Pero cuando el sol se ponía, el fuego aún ardía y se acercaba a Adán y Eva en la cueva, de modo que no podían dormir en ella. Después de que el sol se hubo puesto, salieron de ella. Este fue el día cuarenta y siete después de que salieron del jardín. 5 Adán y Eva entonces vinieron bajo la cima de la colina junto al jardín a dormir, como estaban acostumbrados. 6 Y se pusieron de pie y oraron a Yahweh que les perdonara sus pecados, y luego se durmieron bajo la cima de la montaña. 7 Pero Satanás, el odiador de todo bien, pensó en sí mismo: «Mientras que Yahweh ha prometido salvación a Adán por pacto, y que lo libraría de todas las dificultades que le han sobrevenido, pero no me ha prometido a mí por pacto, y no me librará de mis dificultades; no, ya que Él le ha prometido que debería hacerlo a él y a sus descendientes vivir en el reino en el que yo una vez estuve, mataré a Adán. 8 La tierra quedará libre de él; y quedará solo para mí; de modo que cuando esté muerto no tenga descendientes que hereden el reino que quedará como mi propio reino; Yahweh entonces me echará de menos, y Él me lo restaurará a mí y a mis huestes».

CAPÍTULO XLVIII

Quinta aparición de Satanás a Adán y Eva. 1 Después de esto Satanás llamó a sus huestes, todas las cuales vinieron a él, y le dijeron: 2 «Oh, señor nuestro, ¿qué harás?» 3 Él entonces les dijo: «Ustedes saben que este Adán, a quien Yahweh creó del polvo, es quien ha tomado nuestro reino; vengan, reunámonos y matémoslo; o arrojémosle una roca a él y a Eva, y aplastémoslos bajo ella». 4 Cuando las huestes de Satanás oyeron estas palabras, vinieron a la parte de la montaña donde Adán y Eva estaban dormidos. 5 Entonces Satanás y su hueste tomaron una roca enorme, ancha y pareja, y sin defecto, pensando en sí mismo: «Si hubiera un agujero en la roca, cuando cayera sobre ellos, el agujero en la roca podría venir sobre ellos, y así escaparían y no morirían». 6 Él entonces dijo a sus huestes: «Tomen esta piedra, y arrójenla plana sobre ellos, para que no ruede de sobre ellos a otra parte. Y cuando la hayan arrojado, aléjense de allí rápidamente». 7 Y ellos hicieron como él les dijo. Pero cuando la roca cayó desde la montaña hacia Adán y Eva, Yahweh ordenó a la roca que se convirtiera en una cúpula sobre ellos*, que no les hizo daño. Y así fue por orden de Yahweh. 8 Pero cuando la roca cayó, toda la tierra tembló con ella**, y fue sacudida por el tamaño de la roca. 9 Y mientras temblaba y se sacudía, Adán y Eva despertaron del sueño, y se hallaron bajo una cúpula de roca. Pero no sabían lo que había sucedido; porque cuando se durmieron estaban bajo el cielo, y no bajo una cúpula; y cuando la vieron, tuvieron miedo. 10 Entonces Adán dijo a Eva: «¿Por qué se ha doblado la montaña sobre sí misma, y la tierra tembló y se sacudió por nuestra causa? ¿Y por qué esta roca se ha extendido sobre nosotros como una tienda? 11 ¿Pretende Yahweh afligirnos y encerrarnos en esta prisión? ¿O cerrará la tierra sobre nosotros? 12 Él está enojado con nosotros por haber salido de la cueva, sin Su orden; y por haberlo hecho por nuestra propia cuenta, sin consultarle, cuando dejamos la cueva y vinimos a este lugar». 13 Entonces Eva dijo: «Si, en verdad, la tierra tembló por nuestra causa, y esta roca forma una tienda sobre nosotros a causa de nuestra transgresión, entonces estaremos tristes, oh Adán, porque nuestro castigo será largo. 14 Pero levántate y ora a Yahweh que nos dé a conocer acerca de esto, y qué es esta roca que se extiende sobre nosotros como una tienda». 15 Entonces Adán se puso de pie y oró ante Yahweh, para que le diera a conocer lo que había traído este tiempo difícil. Y Adán permaneció orando así hasta la mañana. Nota de la fuente. La palabra «cúpula» se usa aquí, pero el texto no sugiere específicamente que la cubierta fuera redonda: solo que los cubría por todos lados; sin embargo, una cúpula es la forma más probable que habría podido resistir el impacto con el suelo. Del versículo 9, que dice «cuando la vieron», y del versículo 11, que dice «encerrarnos en esta prisión», podemos concluir que la cúpula tenía agujeros en sus lados lo bastante grandes para dejar entrar luz y aire, pero demasiado pequeños para permitir que Adán y Eva escaparan. Otra conclusión sería que los agujeros eran grandes pero demasiado altos para que Adán y Eva los alcanzaran; sin embargo, la primera es más probable. Nota de la fuente. En el versículo 7 del capítulo siguiente (XLIX), Yahweh dice a Adán y Eva que el suelo también fue bajado bajo ellos: «Yo ordené... a la roca bajo ustedes que se bajara a sí misma».

CAPÍTULO XLIX

La primera profecía de la Resurrección. 1 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino y dijo: 2 «Oh Adán, ¿quién te aconsejó, cuando saliste de la cueva, que vinieras a este lugar?» 3 Y Adán dijo a Yahweh: «Oh Yahweh, vinimos a este lugar a causa del calor del fuego, que vino sobre nosotros dentro de la cueva». 4 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Oh Adán, temes el calor del fuego por una noche, pero ¿cómo será cuando vivas en el infierno? 5 Sin embargo, oh Adán, no temas, y no creas que he colocado esta cúpula de roca sobre ti para afligirte con ella. 6 Vino de Satanás, que te había prometido la Divinidad y la majestad. Es él quien arrojó esta roca para matarte bajo ella, y a Eva contigo, y así impedirte vivir en la tierra. 7 Pero, en misericordia por ti, justo cuando esa roca caía sobre ti, le ordené que formara una cúpula sobre ti; y a la roca bajo ti, que se bajara a sí misma. 8 Y esta señal, oh Adán, me sucederá a Mí en Mi venida a la tierra: Satanás levantará al pueblo de los judíos para darme muerte; y me pondrán en una roca, y sellarán una piedra grande sobre Mí, y permaneceré dentro de esa roca tres días y tres noches. 9 Pero al tercer día resucitaré de nuevo, y será salvación para ti, oh Adán, y para tus descendientes, para creer en Mí. Pero, oh Adán, no te sacaré de debajo de esta roca hasta que hayan pasado tres días y tres noches». 10 Y Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán. 11 Pero Adán y Eva vivieron bajo la roca tres días y tres noches, como Yahweh les había dicho. 12 Y Yahweh les hizo esto porque habían dejado su cueva y habían venido a este mismo lugar sin la orden de Yahweh. 13 Pero, después de tres días y tres noches, Yahweh creó una abertura en la cúpula de roca y les permitió salir de debajo de ella. Su carne estaba reseca, y sus ojos y corazones estaban turbados por el llanto y el dolor.

CAPÍTULO L

Adán y Eva procuran cubrir su desnudez. 1 Entonces Adán y Eva salieron y vinieron a la Cueva de los Tesoros, y permanecieron orando en ella todo ese día, hasta la tarde. 2 Y esto tuvo lugar al final de los cincuenta días después de que hubieron dejado el jardín. 3 Pero Adán y Eva se levantaron de nuevo y oraron a Yahweh en la cueva toda esa noche, y suplicaron misericordia de Él. 4 Y cuando amaneció el día, Adán dijo a Eva: «¡Ven! Vayamos y hagamos algún trabajo para nuestros cuerpos». 5 Así que salieron de la cueva, y vinieron al confín norte del jardín, y buscaron algo con lo cual cubrir sus cuerpos*. Pero no hallaron nada, y no sabían cómo hacer el trabajo. Sin embargo, sus cuerpos estaban manchados, y estaban sin palabras por el frío y el calor. 6 Entonces Adán se puso de pie y pidió a Yahweh que le mostrara algo con lo cual cubrir sus cuerpos. 7 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, y le dijo: «Oh Adán, toma a Eva y ven a la orilla del mar donde ayunaron antes. Allí hallarás pieles de ovejas que quedaron después de que los leones comieron las carcasas. Tómalas y haz vestiduras para ustedes mismos, y vístanse con ellas». Nota de la fuente. El capítulo XLVI, versículo 1, dice: «Satanás sopló en el fuego... de modo que sus cuerpos fueron chamuscados». En este tiempo, las vestiduras que Yahweh les había dado en Génesis 3:21 fueron quemadas, de modo que Adán y Eva quedaron de nuevo desnudos.

CAPÍTULO LI

"¿Cuál es su hermosura para que lo hayas seguido?" 1 Cuando Adán oyó estas palabras de Yahweh, tomó a Eva y fue desde el extremo norte del jardín hasta el sur de él, junto al río de agua donde una vez ayunaron. 2 Pero mientras iban en su camino, y antes de que llegaran allí, Satanás, el malvado, había oído a Yeshua, la Palabra de Yahweh, comunicándose con Adán acerca de su cubierta. 3 Esto lo afligió, y se apresuró al lugar donde estaban las pieles de ovejas, con la intención de tomarlas y arrojarlas al mar, o de quemarlas con fuego, para que Adán y Eva no las hallaran. 4 Pero cuando estaba a punto de tomarlas, Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino del cielo, y lo ató junto al lado de esas pieles hasta que Adán y Eva se acercaron a él. Pero cuando se acercaron más a él, le tuvieron miedo, y a su aspecto horrible. 5 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán y Eva, y les dijo: «Este es él, que estaba oculto en la serpiente, y que los engañó, y los despojó de la vestidura de luz y gloria en la que estaban. 6 Este es él, que les prometió majestad y divinidad. ¿Dónde, pues, está la hermosura que estaba sobre él? ¿Dónde está su divinidad? ¿Dónde está su luz? ¿Dónde está la gloria que reposaba sobre él? 7 Ahora su figura es horrenda; se ha vuelto abominable entre los ángeles; y ha llegado a ser llamado Satanás. 8 Oh Adán, él deseó quitarte esta vestidura terrenal de pieles de ovejas, y destruirla, y no dejar que fueras cubierto con ella. 9 ¿Qué, pues, es su hermosura para que lo hayas seguido? ¿Y qué has ganado por obedecerlo? Mira sus obras malas y luego mírame a Mí; a Mí, tu Creador, y a las buenas obras que te hago. 10 Mira, lo até hasta que viniste y lo viste y contemplaste su debilidad, que no le queda poder alguno». 11 Y Yahweh lo liberó de sus ataduras.

CAPÍTULO LII

Adán y Eva cosen la primera camisa. 1 Después de esto Adán y Eva no dijeron más, sino que lloraron ante Yahweh a causa de su creación, y de sus cuerpos que requerían una cubierta terrenal. 2 Entonces Adán dijo a Eva: «Oh Eva, esta es la piel de bestias con la que seremos cubiertos, pero cuando nos la pongamos, he aquí, estaremos usando una señal de muerte en nuestros cuerpos. Así como los dueños de estas pieles han muerto y se han deshecho, así también moriremos y pasaremos nosotros». 3 Entonces Adán y Eva tomaron las pieles, y volvieron a la Cueva de los Tesoros; y cuando estuvieron en ella, se pusieron de pie y oraron como estaban acostumbrados. 4 Y pensaron cómo podrían hacer vestiduras de esas pieles; porque no tenían habilidad para ello. 5 Entonces Yahweh les envió a Su ángel para mostrarles cómo hacerlo. Y el ángel dijo a Adán: «Sal, y trae algunas espinas de palma». Entonces Adán salió, y trajo algunas, como el ángel le había ordenado. 6 Entonces el ángel comenzó ante ellos a trabajar las pieles, a la manera de uno que prepara una camisa. Y tomó las espinas y las clavó en las pieles, ante sus ojos. 7 Entonces el ángel se puso de pie de nuevo y oró a Yahweh que las espinas en esas pieles fueran ocultadas, de modo que fueran, por así decirlo, cosidas con un solo hilo. 8 Y así fue, por orden de Yahweh; se convirtieron en vestiduras para Adán y Eva, y Él los vistió con esas pieles. 9 Desde ese tiempo la desnudez de sus cuerpos fue cubierta de la vista de los ojos el uno del otro. 10 Y esto sucedió al final del día cincuenta y uno. 11 Entonces, cuando los cuerpos de Adán y Eva estuvieron cubiertos, se pusieron de pie y oraron, y buscaron misericordia de Yahweh, y perdón, y le dieron gracias porque Él había tenido misericordia de ellos, y había cubierto su desnudez. Y no cesaron de orar toda esa noche. 12 Entonces, cuando amaneció la mañana a la salida del sol, dijeron sus oraciones según su costumbre; y luego salieron de la cueva. 13 Y Adán dijo a Eva: «Ya que no sabemos lo que hay al oeste de esta cueva, salgamos y veámoslo hoy». Entonces salieron y fueron hacia el confín occidental.

CAPÍTULO LIII

La profecía de las Tierras Occidentales y del gran diluvio. 1 No estaban muy lejos de la cueva, cuando Satanás vino hacia ellos, y se ocultó entre ellos y la cueva, bajo la forma de dos leones voraces, tres días sin comida, que venían hacia Adán y Eva, como para despedazarlos y devorarlos. 2 Entonces Adán y Eva lloraron, y oraron a Yahweh que los librara de sus garras. 3 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a ellos, y alejó a los leones de ellos. 4 Y Yahweh dijo a Adán: «Oh Adán, ¿qué buscas en el confín occidental? ¿Y por qué has dejado por tu propia cuenta el confín oriental, en el cual estaba tu lugar de vivienda? 5 Ahora, pues, vuelve a tu cueva, y permanece en ella, para que Satanás no te engañe ni obre su propósito sobre ti. 6 Porque en este confín occidental, oh Adán, saldrán descendientes de ti, lo llenarán, y se contaminarán con sus pecados, y con su ceder a los mandatos de Satanás, y siguiendo sus obras. 7 Por tanto traeré sobre ellos las aguas de un diluvio, y los abrumaré a todos. Pero libraré lo que quede de los justos entre ellos; y los llevaré a una tierra distante, y la tierra en la que vives ahora quedará desolada y sin un solo habitante en ella». 8 Después de que Yahweh les hubo hablado así, volvieron a la Cueva de los Tesoros. Pero su carne estaba reseca, y estaban débiles por ayunar y orar, y por el dolor que sentían por haber transgredido contra Yahweh.

CAPÍTULO LIV

Adán y Eva salen a explorar. 1 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie en la cueva y oraron toda esa noche hasta que amaneció la mañana. Y cuando el sol hubo salido, ambos salieron de la cueva; sus cabezas vagaban por la pesadez del dolor y no sabían adónde iban. 2 Y caminaron en esa condición hasta el confín sur del jardín. Y comenzaron a subir ese confín hasta que llegaron al confín oriental, más allá del cual no había más tierra. 3 Y el querubín que guardaba el jardín estaba de pie en la puerta occidental, y lo guardaba contra Adán y Eva, no fuera que de repente entraran en el jardín. Y el querubín se volvió, como para darles muerte; según el mandamiento que Yahweh le había dado. 4 Cuando Adán y Eva llegaron al confín oriental del jardín —pensando en sus corazones que el querubín no estaba vigilando—, mientras estaban de pie junto a la puerta como deseando entrar, de repente vino el querubín con una espada llameante de fuego en su mano; y cuando los vio, salió a matarlos. Porque temía que Yahweh lo destruyera si ellos entraban en el jardín sin Su orden. 5 Y la espada del querubín parecía disparar llamas a una distancia de ella. Pero cuando la alzó sobre Adán y Eva, la llama de la espada no llameó. 6 Por tanto el querubín pensó que Yahweh les era favorable, y los estaba trayendo de nuevo al jardín. Y el querubín se quedó maravillado. 7 Él no podía subir al Cielo a determinar la orden de Yahweh acerca de su entrada en el jardín; por tanto continuó de pie junto a ellos, incapaz como estaba de separarse de ellos; porque temía que si entraran en el jardín sin permiso, Yahweh lo destruyera. 8 Cuando Adán y Eva vieron al querubín viniendo hacia ellos con una espada llameante de fuego en su mano, cayeron sobre sus rostros por el miedo, y quedaron como muertos. 9 En ese tiempo los cielos y la tierra se sacudieron; y otro querubín bajó del cielo al querubín que guardaba el jardín, y lo vio asombrado y en silencio. 10 Entonces, de nuevo, otros ángeles bajaron cerca del lugar donde estaban Adán y Eva. Estaban divididos entre el gozo y el dolor. 11 Estaban alegres, porque pensaban que Yahweh era favorable a Adán, y deseaba que volviera al jardín; y deseaban restaurarlo al gozo que una vez disfrutó. 12 Pero se dolían por Adán, porque había caído como un hombre muerto, él y Eva; y decían en sus pensamientos: «Adán no ha muerto en este lugar; sino que Yahweh le ha dado muerte, por haber venido a este lugar, y desear entrar en el jardín sin Su permiso».

CAPÍTULO LV

El Conflicto entre Yahweh y Satanás. 1 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán y Eva, y los levantó de su estado de muerte, diciéndoles: «¿Por qué vinieron aquí arriba? ¿Pretenden entrar en el jardín, del cual los saqué? No puede ser hoy; sino solo cuando se cumpla el pacto que he hecho con ustedes». 2 Entonces Adán, cuando oyó a Yeshua, la Palabra de Yahweh, y oyó el aleteo de los ángeles a quienes no veía, sino que solo oía el sonido de ellos con sus oídos, él y Eva lloraron, y dijeron a los ángeles: 3 «Oh Espíritus, que sirven a Yahweh, mírenme a mí, y a mi ser incapaz de verlos. Porque cuando estaba en mi naturaleza brillante anterior, entonces podía verlos. Cantaba alabanzas como ustedes hacen; y mi corazón estaba muy por encima de ustedes. 4 Pero ahora, que he transgredido, esa naturaleza brillante se ha ido de mí, y he venido a este estado miserable. Y ahora he venido a esto, que no puedo verlos, y ustedes no me sirven como solían hacerlo. Porque me he vuelto carne animal. 5 Sin embargo ahora, oh ángeles de Yahweh, pidan a Yahweh conmigo, que me restaure a aquello en lo que estaba antes; que me rescate de esta miseria, y que quite de mí la sentencia de muerte que Él pasó sobre mí, por haber transgredido contra Él». 6 Entonces, cuando los ángeles oyeron estas palabras, todos se afligieron por él; y maldijeron a Satanás, que había extraviado a Adán, hasta que vino del jardín a la miseria; de la vida a la muerte; de la paz a la aflicción; y del gozo a una tierra extraña. 7 Entonces los ángeles dijeron a Adán: «Obedeciste a Satanás, e ignoraste a Yeshua, la Palabra de Yahweh, que te creó; y creíste que Satanás cumpliría todo lo que te había prometido. 8 Pero ahora, oh Adán, te daremos a conocer lo que vino sobre nosotros por medio de él, antes de su caída del cielo. 9 Él reunió a sus huestes, y los engañó, prometiendo darles un gran reino, una naturaleza divina; y otras promesas les hizo. 10 Sus huestes creyeron que su palabra era verdadera, así que cedieron a él, y renunciaron a la gloria de Yahweh. 11 Él entonces envió por nosotros —según los órdenes en que estábamos— para que viniéramos bajo su mando, y aceptáramos su vana promesa. Pero nosotros no quisimos, y no tomamos su consejo. 12 Entonces, después de que hubo peleado con Yahweh, y tratado atrevidamente con Él, reunió a sus huestes, e hizo guerra con nosotros. Y si no hubiera sido por la fuerza de Yahweh que estaba con nosotros, no habríamos podido prevalecer contra él para arrojarlo del cielo. 13 Pero cuando cayó de entre nosotros, hubo gran gozo en el cielo, por su bajada de entre nosotros. Porque si hubiera permanecido en el cielo, nada, ni siquiera un ángel, habría permanecido en él. 14 Pero Yahweh, en Su misericordia, lo expulsó de entre nosotros a esta tierra oscura; porque se había vuelto la oscuridad misma y un obrero de injusticia. 15 Y ha continuado, oh Adán, haciendo guerra contra ti, hasta que te engañó y te hizo salir del jardín, a esta tierra extraña, donde todas estas pruebas han venido a ti. Y la muerte, que Yahweh trajo a él, él también la ha traído a ti, oh Adán, porque lo obedeciste, y transgrediste contra Yahweh». 16 Entonces todos los ángeles se alegraron y alabaron a Yahweh, y le pidieron que no destruyera a Adán esta vez, por haber buscado entrar en el jardín; sino que lo soportara hasta el cumplimiento de la promesa; y lo ayudara en este mundo hasta que fuera libre de la mano de Satanás.

CAPÍTULO LVI

Un capítulo de consuelo divino. 1 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán, y le dijo: 2 «Oh Adán, mira ese jardín de gozo y esta tierra de fatiga, y he aquí, el jardín está lleno de ángeles, pero mírate a ti mismo solo en esta tierra con Satanás, a quien obedeciste. 3 Sin embargo, si te hubieras sometido, y me hubieras sido obediente, y hubieras guardado Mi Palabra, estarías con Mis ángeles en Mi jardín. 4 Pero cuando transgrediste y obedeciste a Satanás, te volviste su huésped entre sus ángeles, que están llenos de maldad; y viniste a esta tierra, que produce para ti espinas y cardos. 5 Oh Adán, pide a aquel que te engañó, que te dé la naturaleza divina que te prometió, o que te haga un jardín como Yo había hecho para ti; o que te llene de esa misma naturaleza brillante con la que Yo te había llenado. 6 Pídele que te haga un cuerpo como el que Yo te hice, o que te dé un día de reposo como Yo te di; o que cree dentro de ti un alma razonable, como Yo creé para ti; o que te lleve de aquí a alguna otra tierra distinta de esta que Yo te di. Pero, oh Adán, él no cumplirá ni siquiera una de las cosas que te dijo. 7 Reconoce, pues, Mi favor hacia ti, y Mi misericordia sobre ti, Mi criatura; que no te he vengado por tu transgresión contra Mí, sino que en Mi compasión por ti te he prometido que al final de los grandes cinco días y medio vendré y te salvaré». 8 Entonces Yahweh dijo de nuevo a Adán y Eva: «Levántense, bajen de aquí, antes de que el querubín con una espada de fuego en su mano los destruya». 9 Pero el corazón de Adán fue consolado por las palabras de Yahweh a él, y adoró ante Él. 10 Y Yahweh ordenó a Sus ángeles que escoltaran a Adán y Eva a la cueva con gozo, en lugar del temor que había venido sobre ellos. 11 Entonces los ángeles tomaron a Adán y Eva, y los bajaron de la montaña junto al jardín, con cantos y salmos, hasta que llegaron a la cueva. Allí los ángeles comenzaron a consolarlos y a fortalecerlos, y luego se apartaron de ellos hacia el cielo, a su Creador, que los había enviado. 12 Pero después de que los ángeles se hubieron apartado de Adán y Eva, Satanás vino con vergüenza, y se detuvo a la entrada de la cueva en la que estaban Adán y Eva. Entonces llamó a Adán, y dijo: «Oh Adán, ven, déjame hablarte». 13 Entonces Adán salió de la cueva, pensando que era uno de los ángeles de Yahweh que había venido a darle algún buen consejo.

CAPÍTULO LVII

"Por tanto caí. . . . " 1 Pero cuando Adán salió y vio su figura horrenda, le tuvo miedo, y le dijo: «¿Quién eres tú?» 2 Entonces Satanás respondió y le dijo: «Soy yo, que me oculté dentro de la serpiente, y que hablé a Eva, y que la incité hasta que obedeció mi mandato. Soy yo quien la envió, usando mi palabra engañosa, para engañarte, hasta que ambos comieron del fruto del árbol y abandonaron el mandato de Yahweh». 3 Pero cuando Adán oyó estas palabras de él, le dijo: «¿Puedes hacerme un jardín como Yahweh hizo para mí? ¿O puedes vestirme en la misma naturaleza brillante en la que Yahweh me había vestido? 4 ¿Dónde está la naturaleza divina que prometiste darme? ¿Dónde está esa palabra resbaladiza tuya que tuviste con nosotros al principio, cuando estábamos en el jardín?» 5 Entonces Satanás dijo a Adán: «¿Piensas que cuando he prometido algo a alguien en realidad se lo entregaría o cumpliría mi palabra? Por supuesto que no. Porque yo mismo nunca he pensado siquiera en obtener lo que prometí. 6 Por eso caí, y te hice caer por aquello por lo que yo mismo caí; y contigo también, cualquiera que acepte mi consejo, cae por ello. 7 Pero ahora, oh Adán, porque caíste estás bajo mi gobierno, y yo soy rey sobre ti; porque me has obedecido y has transgredido contra tu Yahweh. Ni habrá liberación alguna de mis manos hasta el día que te prometió tu Yahweh». 8 De nuevo dijo: «Porque no sabemos el día acordado contigo por tu Yahweh, ni la hora en la que serás librado, por esa razón multiplicaremos guerra y asesinato sobre ti y tus descendientes después de ti. 9 Esta es nuestra voluntad y nuestro agrado, que no dejemos a uno solo de los hijos de los hombres heredar nuestros órdenes en el cielo. 10 Porque en cuanto a nuestro hogar, oh Adán, está en fuego ardiente; y no detendremos nuestro mal hacer, no, ni un día ni una hora. Y yo, oh Adán, te prenderé fuego cuando entres en la cueva a vivir allí». 11 Cuando Adán oyó estas palabras lloró y se lamentó, y dijo a Eva: «Escucha lo que dijo; que no cumplirá nada de lo que te dijo en el jardín. ¿Se volvió realmente entonces rey sobre nosotros? 12 Pero pediremos a Yahweh, que nos creó, que nos libre de sus manos».

CAPÍTULO LVIII

"Acerca de la puesta del sol en el día 53. . ." 1 Entonces Adán y Eva extendieron sus manos ante Yahweh, orando y rogándole que alejara a Satanás de ellos para que no pudiera dañarlos ni forzarlos a negar a Yahweh. 2 Entonces Yahweh les envió de inmediato a Su ángel, que alejó a Satanás de ellos. Esto sucedió hacia la puesta del sol, el día cincuenta y tres después de que hubieron salido del jardín. 3 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, y se pusieron de pie y volvieron sus rostros al suelo, para orar a Yahweh. 4 Pero antes de orar, Adán dijo a Eva: «Mira, has visto qué tentaciones nos han sobrevenido en esta tierra. Ven, levantémonos, y pidamos a Yahweh que nos perdone los pecados que hemos cometido; y no saldremos hasta el fin del día siguiente al cuadragésimo. Y si morimos aquí dentro, Él nos salvará». 5 Entonces Adán y Eva se levantaron, y se unieron en suplicar a Yahweh. 6 Continuaron orando así en la cueva; ni salieron de ella, de noche o de día, hasta que sus oraciones subieron de sus bocas, como una llama de fuego.

CAPÍTULO LIX

Octava aparición de Satanás a Adán y Eva. 1 Pero Satanás, el odiador de todo bien, no les permitió terminar sus oraciones. Porque llamó a sus huestes, y vinieron, todas ellas. Entonces les dijo: «Ya que Adán y Eva, a quienes engañamos, han acordado juntos orar a Yahweh noche y día, y rogarle que los libre, y ya que no saldrán de la cueva hasta el fin del día cuadragésimo. 2 Y ya que continuarán sus oraciones como ambos han acordado hacer, para que Él los libre de nuestras manos, y los restaure a su estado anterior, vean lo que les haremos». Y sus huestes le dijeron: «El poder es tuyo, oh señor nuestro, para hacer lo que desees». 3 Entonces Satanás, grande en maldad, tomó a sus huestes y entró en la cueva, en la noche treinta de los cuarenta días y uno; y golpeó a Adán y Eva, hasta que los dejó muertos. 4 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán y Eva, quien los levantó de su sufrimiento, y Yahweh dijo a Adán: «Sé fuerte, y no temas a aquel que acaba de venir a ti». 5 Pero Adán lloró y dijo: «¿Dónde estabas Tú, oh Yahweh mío, para que me castigaran con tales golpes, y que este sufrimiento viniera sobre nosotros; sobre mí y sobre Eva, Tu sierva?» 6 Entonces Yahweh le dijo: «Oh Adán, mira, él es señor y amo de todo lo que tienes, él que dijo que te daría la divinidad. ¿Dónde está este amor por ti? ¿Y dónde está el don que prometió? 7 ¿Le agradó siquiera una vez, oh Adán, venir a ti, consolarte, fortalecerte, alegrarse contigo, o enviar a sus huestes a protegerte; porque lo has obedecido, y has cedido a su consejo; y has seguido su mandamiento y transgredido el Mío?» 8 Entonces Adán lloró ante Yahweh, y dijo: «Oh Yahweh, porque transgredí un poco, Tú me has castigado severamente a cambio, te pido que me libres de sus manos; o si no ten compasión de mí, y saca mi alma de mi cuerpo ahora en esta tierra extraña». 9 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Si tan solo hubiera habido este suspirar y orar antes, ¡antes de que transgredieras! Entonces tendrías reposo de la aflicción en la que estás ahora». 10 Pero Yahweh tuvo paciencia con Adán, y dejó que él y Eva permanecieran en la cueva hasta que hubieran cumplido los cuarenta días. 11 Pero en cuanto a Adán y Eva, su fuerza y carne se marchitaron por ayunar y orar, por hambre y sed; porque no habían probado ni comida ni bebida desde que dejaron el jardín; ni las funciones de sus cuerpos estaban aún establecidas; y no les quedaba fuerza para continuar en oración por el hambre, hasta el fin del día siguiente al cuadragésimo. Habían caído en la cueva; sin embargo, el habla que escapaba de sus bocas era solo en alabanzas.

CAPÍTULO LX

El Diablo aparece como un anciano. Ofrece "un lugar de descanso." 1 Entonces, el día ochenta y nueve, Satanás vino a la cueva, vestido con una vestidura de luz, y ceñido con un cinto brillante. 2 En sus manos había un bastón de luz, y se veía muy imponente; pero su rostro era agradable y su habla era dulce. 3 Así se transformó para engañar a Adán y Eva, y hacerlos salir de la cueva, antes de que hubieran cumplido los cuarenta días. 4 Porque dijo en sí mismo: «Ahora que cuando hubieran cumplido los cuarenta días de ayuno y oración, Yahweh los restauraría a su estado anterior; pero si Él no lo hiciera, Él aún les sería favorable; e incluso si Él no tuviera misericordia de ellos, sin embargo les daría algo del jardín para consolarlos; como ya dos veces antes». 5 Entonces Satanás se acercó a la cueva en esta hermosa apariencia, y dijo: 6 «Oh Adán, levántate, ponte de pie, tú y Eva, y vengan conmigo, a una tierra buena; y no teman. Yo soy carne y huesos como ustedes; y al principio fui una criatura que Yahweh creó. 7 Y fue así, que cuando Él me hubo creado, me colocó en un jardín en el norte, en el confín del mundo. 8 Y me dijo: "¡Permanece aquí!" Y permanecí allí según Su Palabra, ni transgredí Su mandamiento. 9 Entonces Él hizo que un letargo viniera sobre mí, y te sacó a ti, oh Adán, de mi costado, pero no te hizo permanecer conmigo. 10 Pero Yahweh te tomó en Su mano divina, y te colocó en un jardín hacia el oriente. 11 Entonces me preocupé por ti, porque mientras Yahweh te había sacado de mi costado, no te había dejado permanecer conmigo. 12 Pero Yahweh me dijo: "No te preocupes por Adán, a quien saqué de tu costado; ningún daño le vendrá. 13 Porque ahora he sacado de su costado una ayuda idónea* para él; y le he dado gozo por hacerlo así"». 14 Entonces Satanás dijo de nuevo: «Yo no sabía cómo es que están en esta cueva, ni nada acerca de esta prueba que ha venido sobre ustedes, hasta que Yahweh me dijo: "He aquí, Adán ha transgredido, él a quien yo había sacado de tu costado, y Eva también, a quien saqué de su costado; y los he expulsado del jardín; los he hecho vivir en una tierra de dolor y miseria, porque transgredieron contra Mí, y han obedecido a Satanás. Y mira, están en sufrimiento hasta este día, el octogésimo". 15 Entonces Yahweh me dijo: "Levántate, ve a ellos, y hazlos venir a tu lugar, y no sufras que Satanás se acerque a ellos, y los aflija. Porque ahora están en gran miseria; y yacen desamparados por el hambre". 16 Él además me dijo: "Cuando los hayas tomado contigo, dales de comer del fruto del Árbol de la Vida, y dales de beber del agua de paz; y vístelos en una vestidura de luz, y restáuralos a su estado anterior de gracia, y no los dejes en miseria, porque vinieron de ti. Pero no te aflijas por ellos, ni te arrepientas de lo que ha venido sobre ellos". 17 Pero cuando oí esto, me dolió; y mi corazón no pudo soportarlo pacientemente por tu causa, oh hijo mío. 18 Pero, oh Adán, cuando oí el nombre de Satanás, tuve miedo, y dije en mí mismo: no saldré porque él podría atraparme como hizo con mis hijos, Adán y Eva. 19 Y dije: "Oh Yahweh, cuando vaya a mis hijos, Satanás me encontrará en el camino, y guerreará contra mí, como hizo contra ellos". 20 Entonces Yahweh me dijo: "No temas; cuando lo encuentres, golpéalo con el bastón que está en tu mano, y no le tengas miedo, porque tú eres de antigua posición, y él no prevalecerá contra ti". 21 Entonces dije: "Oh Yahweh mío, soy viejo, y no puedo ir. Envía a Tus ángeles a traerlos". 22 Pero Yahweh me dijo: "Los ángeles, en verdad, no son como ellos; y ellos no consentirán en venir con ellos. Pero te he escogido a ti, porque ellos son tu descendencia y son como tú, y escucharán lo que digas". 23 Yahweh me dijo además: "Si no tienes fuerza suficiente para caminar, enviaré una nube que te lleve y te ponga a la entrada de su cueva; entonces la nube volverá y te dejará allí. 24 Y si ellos vienen contigo, enviaré una nube que los lleve a ti y a ellos". 25 Entonces Él ordenó a una nube, y ella me alzó y me trajo a ustedes; y luego volvió. 26 Y ahora, oh hijos míos, Adán y Eva, miren mi cabello gris y viejo y mi estado débil, y mi venida desde ese lugar distante. Vengan, vengan conmigo, a un lugar de reposo». 27 Entonces él comenzó a llorar y a sollozar ante Adán y Eva, y sus lágrimas se derramaron en el suelo como agua. 28 Y cuando Adán y Eva alzaron sus ojos y vieron su barba, y oyeron su dulce habla, sus corazones se ablandaron hacia él; lo obedecieron, porque creyeron que era verdadero. 29 Y les pareció que realmente eran su descendencia, cuando vieron que su rostro era como el propio de ellos; y confiaron en él. Nota de la fuente. La existencia de las dos palabras inglesas «helpmeet» y «helpmate», que significan exactamente lo mismo, es una comedia de errores. La promesa de Yahweh a Adán, según se expresa en la versión del rey Jacobo de la Biblia, fue darle «an help meet for him» (es decir, una ayuda idónea para él). En el siglo XVII las dos palabras «help» y «meet» en este pasaje fueron tomadas por error por una sola palabra, aplicada a Eva, y así «helpmeet» vino a significar esposa. Luego, en el siglo XVIII, en un equivocado intento de dar sentido a la palabra, se introdujo la grafía «helpmate». Ambos errores están ahora más allá de todo remedio, y ambas grafías son aceptables.

CAPÍTULO LXI

Comienzan a seguir a Satanás. 1 Entonces él tomó a Adán y Eva de la mano, y comenzó a sacarlos de la cueva. 2 Pero cuando hubieron salido un poco de ella, Yahweh supo que Satanás los había vencido, y los había sacado antes de que los cuarenta días terminaran, para llevarlos a algún lugar distante, y destruirlos. 3 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino de nuevo y maldijo a Satanás, y lo alejó de ellos. 4 Y Yahweh comenzó a hablar a Adán y Eva, diciéndoles: «¿Qué les hizo salir de la cueva, a este lugar?» 5 Entonces Adán dijo a Yahweh: «¿Creaste Tú un hombre antes que a nosotros? Porque cuando estábamos en la cueva vino de repente a nosotros un anciano amistoso que nos dijo: "Soy un mensajero de Yahweh para ustedes, para llevarlos de nuevo a algún lugar de reposo". 6 Y creímos, oh Yahweh, que era un mensajero Tuyo; y salimos con él; y no sabíamos adónde debíamos ir con él». 7 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Mira, ese es el padre de las artes malas, que los sacó a ti y a Eva del Jardín de Delicias. Y ahora, en verdad, cuando vio que tú y Eva ambos se unieron en ayunar y orar, y que no salían de la cueva antes del fin de los cuarenta días, deseó hacer vano su propósito, romper su vínculo mutuo; cortar toda esperanza de ustedes, y llevarlos a algún lugar donde pudiera destruirlos. 8 Porque él no podía hacerles nada a menos que se mostrara en la semejanza de ustedes. 9 Por tanto vino a ustedes con un rostro como el propio de ustedes, y comenzó a darles señales como si todas fueran verdaderas. 10 Pero porque soy misericordioso y les soy favorable, no le permití destruirlos; en cambio lo alejé de ustedes. 11 Ahora, por tanto, oh Adán, toma a Eva, y vuelve a tu cueva, y permanece en ella hasta la mañana siguiente al día cuadragésimo. Y cuando salgan, vayan hacia la puerta oriental del jardín». 12 Entonces Adán y Eva adoraron a Yahweh, y lo alabaron y bendijeron por la liberación que les había venido de Él. Y volvieron hacia la cueva. Esto sucedió en la tarde del día treinta y nueve. 13 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie y con una pasión ardiente, oraron a Yahweh, que les diera fuerza; porque se habían vuelto débiles a causa del hambre y la sed y la oración. Pero velaron toda esa noche orando, hasta la mañana. 14 Entonces Adán dijo a Eva: «Levántate, vayamos hacia la puerta oriental del jardín como Yahweh nos dijo». 15 Y dijeron sus oraciones como estaban acostumbrados a hacer cada día; y dejaron la cueva para ir cerca de la puerta oriental del jardín. 16 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie y oraron, y apelaron a Yahweh que los fortaleciera, y les enviara algo para satisfacer su hambre. 17 Pero después de que terminaron sus oraciones, estaban demasiado débiles para moverse. 18 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, de nuevo, y les dijo: «Oh Adán, levántate, ve y trae los dos higos aquí». 19 Entonces Adán y Eva se levantaron, y fueron hasta que se acercaron a la cueva.

CAPÍTULO LXII

Dos árboles frutales. 1 Pero Satanás el malvado estaba envidioso, a causa del consuelo que Yahweh les había dado. 2 Así que los impidió, y entró en la cueva y tomó los dos higos, y los enterró fuera de la cueva, para que Adán y Eva no los hallaran. Él también tenía en sus pensamientos destruirlos. 3 Pero por la misericordia de Yahweh, tan pronto como esos dos higos estuvieron en el suelo, Yahweh derrotó el consejo de Satanás acerca de ellos; y los hizo dos árboles frutales, que cubrían con su sombra la cueva. Porque Satanás los había enterrado en el lado oriental de ella. 4 Entonces, cuando los dos árboles hubieron crecido, y estaban cubiertos de fruto, Satanás se afligió y se lamentó, y dijo: «Habría sido mejor haber dejado esos higos donde estaban; porque ahora, he aquí, se han convertido en dos árboles frutales, de los cuales Adán comerá todos los días de su vida. Mientras que yo tenía en mente, cuando los enterré, destruirlos por completo, y ocultarlos para siempre. 5 Pero Yahweh ha trastornado mi consejo; y no quiso que este fruto sagrado pereciera; y ha hecho manifiesta mi intención, y ha derrotado el consejo que había formado contra Sus siervos». 6 Entonces Satanás se fue avergonzado porque no había pensado sus planes hasta el final.

CAPÍTULO LXIII

El primer gozo de los árboles. 1 Pero Adán y Eva, cuando se acercaron más a la cueva, vieron dos higueras, cubiertas de fruto, y cubriendo con su sombra la cueva. 2 Entonces Adán dijo a Eva: «Me parece que hemos ido por el camino equivocado. ¿Cuándo crecieron estos dos árboles aquí? Me parece que el enemigo desea guiarnos por el camino equivocado. ¿Supones que hay otra cueva además de esta en la tierra? 3 Sin embargo, oh Eva, entremos en la cueva, y hallemos en ella los dos higos; porque esta es nuestra cueva, en la que estábamos. Pero si no hallamos los dos higos en ella, entonces no puede ser nuestra cueva». 4 Fueron entonces a la cueva, y miraron en sus cuatro rincones, pero no hallaron los dos higos. 5 Y Adán lloró y dijo a Eva: «¿Fuimos a la cueva equivocada, entonces, oh Eva? Me parece que estas dos higueras son los dos higos que estaban en la cueva». Y Eva dijo: «Yo, por mi parte, no lo sé». 6 Entonces Adán se puso de pie y oró y dijo: «Oh Yahweh, Tú nos ordenaste volver a la cueva, a tomar los dos higos, y luego volver a Ti. 7 Pero ahora, no los hemos hallado. Oh Yahweh, ¿los has tomado Tú, y sembrado estos dos árboles, o nos hemos extraviado en la tierra; o nos ha engañado el enemigo? Si es real, entonces, oh Yahweh, revélanos el secreto de estos dos árboles y de los dos higos». 8 Entonces vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán, y le dijo: «Oh Adán, cuando te envié a buscar los higos, Satanás fue antes que tú a la cueva, tomó los higos, y los enterró fuera, hacia el oriente de la cueva, pensando destruirlos; y no sembrándolos con buena intención. 9 No por su simple causa, pues, han crecido estos árboles de una vez; sino que Yo tuve misericordia de ustedes y les ordené crecer. Y crecieron hasta ser dos árboles grandes, para que sean cubiertos por la sombra de sus ramas, y hallen reposo; y para que Yo les hiciera ver Mi poder y Mis obras maravillosas. 10 Y, también, para mostrarles la mezquindad de Satanás, y sus obras malas, porque desde que salieron del jardín, él no ha cesado, no, ni un día, de hacerles algún daño. Pero Yo no le he dado poder sobre ustedes». 11 Y Yahweh dijo: «Desde ahora, oh Adán, alégrense a causa de los árboles, tú y Eva; y descansen bajo ellos cuando se sientan cansados. Pero no coman de ninguno de su fruto ni se acerquen a ellos». 12 Entonces Adán lloró, y dijo: «Oh Yahweh, ¿nos matarás de nuevo, o nos alejarás de ante Tu rostro, y cortarás nuestra vida de la faz de la tierra? 13 Oh Yahweh, te ruego, si sabes que hay en estos árboles ya sea muerte o algún otro mal, como en el primer tiempo, arráncalos de raíz de cerca de nuestra cueva, y con ellos; y déjanos morir del calor, del hambre y de la sed. 14 Porque conocemos Tus obras maravillosas, oh Yahweh, que son grandes, y que por Tu poder puedes sacar una cosa de otra, sin el deseo de uno. Porque Tu poder puede hacer que las rocas se conviertan en árboles, y los árboles se conviertan en rocas».

CAPÍTULO LXIV

Adán y Eva participan del primer alimento terrenal. 1 Entonces Yahweh miró a Adán y a su fuerza de mente, a su resistencia al hambre y la sed, y al calor. Y cambió las dos higueras en dos higos, como estaban al principio, y luego dijo a Adán y a Eva: «Cada uno de ustedes puede tomar un higo». Y los tomaron, como Yahweh les ordenó. 2 Y les dijo: «Ahora deben entrar en la cueva y comer los higos, y satisfacer su hambre, o si no morirán». 3 Así, como Yahweh les ordenó, entraron en la cueva hacia la puesta del sol. Y Adán y Eva se pusieron de pie y oraron durante la puesta del sol. 4 Entonces se sentaron a comer los higos; pero no sabían cómo comerlos; porque no estaban acostumbrados a comer alimento terrenal. Temían que si comían, su estómago se cargaría y su carne se engrosaría, y sus corazones se inclinarían a gustar el alimento terrenal. 5 Pero mientras estaban así sentados, Yahweh, por compasión hacia ellos, les envió a Su ángel, para que no perecieran de hambre y sed. 6 Y el ángel dijo a Adán y Eva: «Yahweh les dice que ustedes no tienen la fuerza que se requeriría para ayunar hasta la muerte; coman, por tanto, y fortalezcan sus cuerpos; porque ahora son carne animal y no pueden subsistir sin comida y bebida». 7 Entonces Adán y Eva tomaron los higos y comenzaron a comer de ellos. Pero Yahweh había puesto en ellos una mezcla como de pan sabroso y sangre. 8 Entonces el ángel se fue de Adán y Eva, quienes comieron de los higos hasta que hubieron satisfecho su hambre. Luego apartaron lo que quedó; pero por el poder de Yahweh, los higos se volvieron enteros de nuevo, porque Yahweh los bendijo. 9 Después de esto Adán y Eva se levantaron, y oraron con un corazón gozoso y fuerza renovada, y alabaron y se alegraron abundantemente toda esa noche. Y este fue el fin del día ochenta y tres.

CAPÍTULO LXV

Adán y Eva adquieren órganos digestivos. La esperanza final de regresar al Jardín se pierde. 1 Y cuando fue de día, se levantaron y oraron, según su costumbre, y luego salieron de la cueva. 2 Pero se enfermaron por el alimento que habían comido porque no estaban acostumbrados a él, así que andaban en la cueva diciéndose el uno al otro: 3 «¿Qué nos ha causado nuestro comer, que debamos estar en tal dolor? ¡Estamos en miseria, moriremos! Habría sido mejor para nosotros haber muerto manteniendo nuestros cuerpos puros que haber comido y contaminarlos con alimento». 4 Entonces Adán dijo a Eva: «Este dolor no vino a nosotros en el jardín, ni comimos allí alimento tan malo. ¿Piensas, oh Eva, que Yahweh nos afligirá por medio del alimento que está en nosotros, o que nuestras entrañas saldrán; o que Yahweh pretende matarnos con este dolor antes de que haya cumplido Su promesa con nosotros?» 5 Entonces Adán suplicó a Yahweh y dijo: «Oh Yahweh, no nos dejes perecer por el alimento que hemos comido. Oh Yahweh, no nos castigues; sino trátanos según Tu gran misericordia, y no nos abandones hasta el día de la promesa que nos has hecho». 6 Entonces Yahweh los miró, y luego los adaptó para comer alimento de una vez; como hasta este día; para que no perecieran. 7 Entonces Adán y Eva volvieron a la cueva apesadumbrados y llorando a causa de la alteración de sus cuerpos. Y ambos supieron desde esa hora que eran seres alterados, que toda esperanza de volver al jardín estaba ahora perdida; y que no podían entrar en él. 8 Porque ahora sus cuerpos tenían funciones extrañas; y toda carne que requiere comida y bebida para su existencia, no puede estar en el jardín. 9 Entonces Adán dijo a Eva: «He aquí, nuestra esperanza está ahora perdida; y también nuestra confianza de entrar en el jardín. Ya no pertenecemos a los habitantes del jardín; sino que desde ahora somos terrenales y del polvo, y de los habitantes de la tierra. No volveremos al jardín, hasta el día en que Yahweh ha prometido salvarnos, y traernos de nuevo al jardín, como nos prometió». 10 Entonces oraron a Yahweh que tuviera misericordia de ellos; después de lo cual, su mente se aquietó, sus corazones se quebrantaron, y su anhelo se enfrió; y eran como extraños en la tierra. Esa noche Adán y Eva la pasaron en la cueva, donde durmieron pesadamente a causa del alimento que habían comido.

CAPÍTULO LXVI

Adán hace su primer día de trabajo. 1 Cuando fue de mañana, el día después de que hubieron comido alimento, Adán y Eva oraron en la cueva, y Adán dijo a Eva: «Mira, pedimos alimento a Yahweh, y Él nos lo dio. Pero ahora pidámosle también que nos dé un trago de agua». 2 Entonces se levantaron, y fueron a la orilla de la corriente de agua, que estaba en el confín sur del jardín, en la cual antes se habían arrojado. Y se detuvieron en la orilla, y oraron a Yahweh que les ordenara beber del agua. 3 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán, y le dijo: «Oh Adán, tu cuerpo se ha vuelto brutal, y requiere agua para beber. Toma un poco y bébela, tú y Eva, luego den gracias y alabanza». 4 Adán y Eva entonces bajaron a la corriente y bebieron de ella, hasta que sus cuerpos se sintieron refrescados. Después de haber bebido, alabaron a Yahweh, y luego volvieron a su cueva, según su costumbre anterior. Esto sucedió al final de ochenta y tres días. 5 Entonces, el día ochenta y cuatro, tomaron los dos higos y los colgaron en la cueva, junto con sus hojas, para que les fueran una señal y una bendición de Yahweh. Y los colocaron allí para que si sus descendientes vinieran allí, vieran las cosas maravillosas que Yahweh había hecho por ellos. 6 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie de nuevo fuera de la cueva, y pidieron a Yahweh que les mostrara algún alimento con el cual pudieran nutrir sus cuerpos. 7 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino y le dijo: «Oh Adán, baja hacia el oeste de la cueva hasta que llegues a una tierra de suelo oscuro, y allí hallarás alimento». 8 Y Adán obedeció a Yeshua, la Palabra de Yahweh, tomó a Eva, y bajó a una tierra de suelo oscuro, y halló allí trigo* creciendo en la espiga y maduro, e higos para comer; y Adán se alegró por ello. 9 Entonces Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino de nuevo a Adán, y le dijo: «Toma un poco de este trigo y haz con él un poco de pan, para nutrir tu cuerpo con él». Y Yahweh dio sabiduría al corazón de Adán, para trabajar el grano hasta que se convirtiera en pan. 10 Adán cumplió todo eso, hasta que se volvió muy débil y cansado. Entonces volvió a la cueva; alegrándose por lo que había aprendido de lo que se hace con el trigo, hasta que es hecho pan para el uso de uno. Nota de la fuente. En este libro, los términos ingleses «corn» y «wheat» se usan indistintamente. La referencia posiblemente se usa para indicar un tipo de grano antiguo parecido al maíz egipcio también conocido como durra. La durra es un grano de cereal parecido al trigo, cultivado frecuentemente en regiones secas como Egipto.

CAPÍTULO LXVII

"Entonces Satanás comenzó a extraviar a Adán y Eva. . . ." 1 Cuando Adán y Eva bajaron a la tierra de lodo negro y se acercaron al trigo que Yahweh les había mostrado y vieron que estaba maduro y listo para la siega, no tenían una hoz con la cual segarlo. Así que se prepararon, y comenzaron a arrancar el trigo a mano, hasta que todo estuvo hecho. 2 Entonces lo amontonaron en una pila; y, débiles por el calor y por la sed, fueron bajo un árbol sombreado, donde la brisa los abanicó hasta dormir. 3 Pero Satanás vio lo que Adán y Eva habían hecho. Y llamó a sus huestes, y les dijo: «Ya que Yahweh ha mostrado a Adán y Eva todo acerca de este trigo, con el cual fortalecer sus cuerpos —y, miren, han venido e hicieron una gran pila de él, y débiles por la fatiga están ahora dormidos—, vengan, prendamos fuego a este montón de grano, y quemémoslo, y tomemos esa botella de agua que está junto a ellos, y vaciémosla, para que no hallen nada que beber, y podamos matarlos de hambre y sed. 4 Entonces, cuando despierten de su sueño, y busquen volver a la cueva, vendremos a ellos en el camino, y los extraviaremos; para que mueran de hambre y sed; cuando quizás, nieguen a Yahweh, y Él los destruya. Así nos libraremos de ellos». 5 Entonces Satanás y sus huestes prendieron fuego al trigo y lo quemaron. 6 Pero por el calor de la llama Adán y Eva despertaron de su sueño, y vieron el trigo ardiendo, y el balde de agua junto a ellos, derramado. 7 Entonces lloraron y volvieron a la cueva. 8 Pero mientras subían desde debajo de la montaña donde estaban, Satanás y sus huestes los encontraron en la forma de ángeles, alabando a Yahweh. 9 Entonces Satanás dijo a Adán: «Oh Adán, ¿por qué estás tan apenado de hambre y sed? Me parece que Satanás ha quemado el trigo». Y Adán le dijo: «Sí». 10 De nuevo Satanás dijo a Adán: «Vuelve con nosotros; somos ángeles de Yahweh. Yahweh nos envió a ti, a mostrarte otro campo de grano, mejor que ese; y más allá de él hay una fuente de buena agua, y muchos árboles, donde vivirás cerca de ella, y trabajarás el campo de grano con mejor propósito que aquel que Satanás ha consumido». 11 Adán pensó que él era verdadero, y que eran ángeles quienes hablaban con él; y volvió con ellos. 12 Entonces Satanás comenzó a extraviar a Adán y Eva ocho días, hasta que ambos cayeron como si estuvieran muertos, de hambre, sed y desmayo. Entonces él huyó con sus huestes, y los dejó.

CAPÍTULO LXVIII

Cómo la destrucción y el problema son de Satanás cuando él es el amo. Adán y Eva establecen la costumbre de la adoración. 1 Entonces Yahweh miró a Adán y Eva, y lo que había venido sobre ellos de parte de Satanás, y cómo él los había hecho perecer. 2 Yahweh, por tanto, envió a Yeshua, Su Palabra, y levantó a Adán y Eva de su estado de muerte. 3 Entonces, Adán, cuando fue levantado, dijo: «Oh Yahweh, Tú has quemado y quitado de nosotros el grano que nos has dado, y has vaciado el balde de agua. Y has enviado a Tus ángeles, que nos han hecho perder nuestro camino del campo de grano. ¿Nos harás perecer? Si esto es de Ti, oh Yahweh, entonces quita nuestras almas; pero no nos castigues». 4 Entonces Yahweh dijo a Adán: «Yo no quemé el trigo, y no derramé el agua del balde, y no envié a Mis ángeles a extraviarte. 5 Sino que es Satanás, tu amo, quien lo hizo; él, a quien te has sujetado; mientras Mi mandamiento era dejado de lado. Él es quien quemó el grano, y derramó el agua, y quien te ha extraviado; y todas las promesas que te ha hecho fueron solo un truco, un engaño y una mentira. 6 Pero ahora, oh Adán, reconocerás Mis buenas obras hechas a ti». 7 Y Yahweh dijo a Sus ángeles que tomaran a Adán y Eva, y los llevaran al campo de trigo, el cual hallaron como antes, con el balde lleno de agua. 8 Allí vieron un árbol, y hallaron en él maná sólido; y se maravillaron del poder de Yahweh. Y los ángeles les ordenaron comer del maná cuando tuvieran hambre. 9 Y Yahweh amonestó a Satanás con una maldición, que no viniera de nuevo, y destruyera el campo de grano. 10 Entonces Adán y Eva tomaron del grano, e hicieron de él una ofrenda, y la tomaron y la ofrecieron en la montaña, el lugar donde habían ofrecido su primera ofrenda de sangre. 11 Y ofrecieron esta ofrenda de nuevo en el altar que habían construido al principio. Y se pusieron de pie y oraron, y suplicaron a Yahweh diciendo: «Así, oh Yahweh, cuando estábamos en el jardín, nuestras alabanzas subían a Ti, como esta ofrenda; y nuestra inocencia subía a Ti como incienso. Pero ahora, oh Yahweh, acepta esta ofrenda de nosotros, y no nos apartes, privados de Tu misericordia». 12 Entonces Yahweh dijo a Adán y Eva: «Ya que han hecho esta ofrenda y me la han ofrecido, la haré Mi carne, cuando descienda a la tierra a salvarlos; y haré que sea ofrecida continuamente en un altar, para perdón y para misericordia, para aquellos que participen de ella debidamente». 13 Y Yahweh envió un fuego brillante sobre la ofrenda de Adán y Eva, y la llenó de resplandor, gracia y luz; y el Espíritu Santo bajó sobre esa ofrenda. 14 Entonces Yahweh ordenó a un ángel que tomara unas tenazas de fuego, como una cuchara, y con ellas tomara una ofrenda y la trajera a Adán y Eva. Y el ángel lo hizo así, como Yahweh le había ordenado, y se la ofreció a ellos. 15 Y las almas de Adán y Eva fueron iluminadas, y sus corazones fueron llenados de gozo y alegría y de las alabanzas de Yahweh. 16 Y Yahweh dijo a Adán: «Esto será para ti una costumbre, hacerlo así, cuando la aflicción y el dolor vengan sobre ti. Pero tu liberación y tu entrada en el jardín no serán hasta que los días se cumplan como se acordó entre tú y Mí; si no fuera así, Yo, por Mi misericordia y compasión por ti, te traería de nuevo a Mi jardín y a Mi favor por causa de la ofrenda que acabas de hacer a Mi nombre». 17 Adán se alegró por estas palabras que oyó de Yahweh; y él y Eva adoraron ante el altar, al cual se inclinaron, y luego volvieron a la Cueva de los Tesoros. 18 Y esto tuvo lugar al final del día doce después del día ochenta, desde el tiempo en que Adán y Eva salieron del jardín. 19 Y se pusieron de pie toda la noche orando hasta la mañana; y luego salieron de la cueva. 20 Entonces Adán dijo a Eva, con gozo de corazón, a causa de la ofrenda que habían hecho a Yahweh, y que había sido aceptada por Él: «Hagamos esto tres veces cada semana, el cuarto día, miércoles, el día de preparación, viernes, y el sábado (domingo), todos los días de nuestra vida». 21 Y cuando acordaron estas palabras entre ellos, Yahweh se agradó de sus pensamientos, y de la resolución que cada uno había tomado con el otro. 22 Después de esto, vino Yeshua, la Palabra de Yahweh, a Adán, y dijo: «Oh Adán, has determinado de antemano los días en los que vendrán sufrimientos sobre Mí, cuando sea hecho carne; porque son el cuarto (miércoles), y el día de preparación (viernes). 23 Pero en cuanto al primer día, en él creé todas las cosas, y alcé los cielos. Y, de nuevo, por medio de Mi resurrección en este día, crearé gozo, y alzaré a lo alto a quienes crean en Mí; oh Adán, ofrece esta ofrenda, todos los días de tu vida». 24 Entonces Yahweh hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán. 25 Pero Adán continuó ofreciendo esta ofrenda así, cada semana tres veces, hasta el final de siete semanas. Y en el primer día, que es el quincuagésimo, Adán hizo una ofrenda como estaba acostumbrado, y él y Eva la tomaron y vinieron al altar ante Yahweh, como Él les había enseñado.

CAPÍTULO LXIX

Duodécima aparición de Satanás a Adán y Eva, mientras Adán oraba sobre la ofrenda en el altar; cuando Satanás lo golpeó. 1 Entonces Satanás, el odiador de todo bien, envidioso de Adán y de su ofrenda por medio de la cual halló favor con Yahweh, se apresuró y tomó una piedra afilada de entre las piedras afiladas de hierro; apareció en la forma de un hombre, y fue y se detuvo junto a Adán y Eva. 2 Adán estaba entonces ofreciendo en el altar, y había comenzado a orar, con sus manos extendidas ante Yahweh. 3 Entonces Satanás se apresuró con la piedra afilada de hierro que tenía con él, y con ella perforó a Adán en el costado derecho, del cual fluyó sangre y agua, entonces Adán cayó en el altar como un cadáver. Y Satanás huyó. 4 Entonces Eva vino, y tomó a Adán y lo colocó debajo del altar. Y allí se quedó, llorando sobre él; mientras una corriente de sangre fluía del costado de Adán sobre su ofrenda. 5 Pero Yahweh miró la muerte de Adán. Entonces envió a Yeshua, Su Palabra, y lo levantó y le dijo: «Cumple tu ofrenda, porque en verdad, Adán, vale mucho, y no hay falta en ella». 6 Yahweh dijo además a Adán: «Así también me sucederá a Mí, en la tierra, cuando sea perforado y sangre y agua fluyan de Mi costado y corran sobre Mi cuerpo, que es la verdadera ofrenda; y que será ofrecida en el altar como una ofrenda perfecta». 7 Entonces Yahweh ordenó a Adán que terminara su ofrenda, y cuando la hubo terminado adoró ante Yahweh, y lo alabó por las señales que le había mostrado. 8 Y Yahweh sanó a Adán en un día, que es el fin de las siete semanas; y ese es el día quincuagésimo. 9 Entonces Adán y Eva volvieron de la montaña, y entraron en la Cueva de los Tesoros, como solían hacer. Esto completó para Adán y Eva ciento cuarenta días desde su salida del jardín. 10 Entonces ambos se pusieron de pie esa noche y oraron a Yahweh. Y cuando fue de mañana, salieron, y bajaron hacia el oeste de la cueva, al lugar donde estaba su grano, y allí descansaron bajo la sombra de un árbol, como estaban acostumbrados. 11 Pero cuando allí una multitud de bestias vino todo alrededor de ellos. Fue obra de Satanás, en su maldad; para guerrear contra Adán por medio del matrimonio.

CAPÍTULO LXX

Decimotercera aparición de Satanás, para engañar a Adán para que se casara con Eva. 1 Después de esto Satanás, el odiador de todo bien, tomó la forma de un ángel, y con él otros dos, de modo que parecían los tres ángeles que habían traído a Adán oro, incienso y mirra. 2 Pasaron ante Adán y Eva mientras estaban bajo el árbol, y saludaron a Adán y Eva con palabras hermosas que estaban llenas de engaño. 3 Pero cuando Adán y Eva vieron su expresión agradable, y oyeron su dulce habla, Adán se levantó, los acogió, y los llevó a Eva, y permanecieron todos juntos; el corazón de Adán, mientras tanto, estaba alegre porque pensaba acerca de ellos que eran los mismos ángeles, que le habían traído oro, incienso y mirra. 4 Porque, cuando vinieron a Adán la primera vez, vino sobre él de ellos paz y gozo, por traerle buenas señales; así que Adán pensó que habían venido por segunda vez a darle otras señales para que se alegrara por ellas. Porque él no sabía que era Satanás; por tanto los recibió con gozo y trató con ellos. 5 Entonces Satanás, el más alto de ellos, dijo: «Alégrate, oh Adán, y alégrate. Mira, Yahweh nos ha enviado a ti a decirte algo». 6 Y Adán dijo: «¿Qué es?» Entonces Satanás respondió: «Es una cosa sencilla, sin embargo es la palabra de Yahweh, ¿la aceptarás de nosotros y la harás? Pero si no la aceptas, volveremos a Yahweh, y le diremos que no quisiste recibir Su palabra». 7 Y Satanás dijo de nuevo a Adán: «No temas y no tiembles; ¿no nos conoces?» 8 Pero Adán dijo: «No los conozco». 9 Entonces Satanás le dijo: «Yo soy el ángel que te trajo oro, y lo llevó a la cueva; este otro ángel es el que te trajo incienso; y ese tercer ángel, es el que te trajo mirra cuando estabas en la cima de la montaña, y que te llevó a la cueva. 10 Pero en cuanto a los otros ángeles, nuestros compañeros, que los llevaron a la cueva, Yahweh no los ha enviado con nosotros esta vez; porque Él nos dijo: "Ustedes serán suficientes"». 11 Así que cuando Adán oyó estas palabras las creyó, y dijo a estos ángeles: «Hablen la palabra de Yahweh, para que yo la reciba». 12 Y Satanás le dijo: «Jura, y prométeme que la recibirás». 13 Entonces Adán dijo: «No sé cómo jurar y prometer». 14 Y Satanás le dijo: «Extiende tu mano, y ponla dentro de mi mano». 15 Entonces Adán extendió su mano, y la puso en la mano de Satanás; cuando Satanás le dijo: «Di, ahora: Así como Yahweh es viviente, racional y hablante, que alzó las estrellas en el cielo, y estableció el suelo seco sobre las aguas, y me ha creado de los cuatro elementos*, y del polvo de la tierra, no quebrantaré mi promesa, ni renunciaré a mi palabra». 16 Y Adán juró así. 17 Entonces Satanás le dijo: «Mira, es ahora algún tiempo desde que saliste del jardín, y no conoces ni maldad ni mal. Pero ahora Yahweh te dice, que tomes a Eva, que salió de tu costado, y te cases con ella para que te dé hijos, para consolarte, y alejar de ti el aprieto y el dolor; ahora esta cosa no es difícil, ni hay escándalo alguno en ello para ti». Nota de la fuente. Véase la nota al pie anterior en el capítulo XXXIV acerca de los «cuatro elementos».

CAPÍTULO LXXI

Adán está turbado por el pensamiento de casarse con Eva. 1 Pero cuando Adán oyó estas palabras de Satanás, se entristeció mucho, a causa de su juramento y de su promesa, y dijo: «¿Cometeré adulterio con mi carne y mis huesos, y pecaré contra mí mismo, para que Yahweh me destruya, y me borre de la faz de la tierra? 2 Ya que, cuando al principio comí del árbol, Él me expulsó del jardín a esta tierra extraña, y me privó de mi naturaleza brillante, y trajo la muerte sobre mí. Si, entonces, hiciera esto, Él cortaría mi vida de la tierra, y me arrojaría al infierno, y me afligiría allí por mucho tiempo. 3 Pero Yahweh nunca habló las palabras que ustedes han dicho; y ustedes no son ángeles de Yahweh, y no fueron enviados por Él. Sino que son diablos que han venido a mí bajo la falsa apariencia de ángeles. ¡Lejos de mí; malditos de Yahweh!» 4 Entonces esos diablos huyeron de ante Adán. Y él y Eva se levantaron, y volvieron a la Cueva de los Tesoros, y entraron en ella. 5 Entonces Adán dijo a Eva: «Si viste lo que hice, no se lo digas a nadie; porque pequé contra Yahweh al jurar por Su gran nombre, y he puesto mi mano otra vez en la de Satanás». Eva, entonces, guardó silencio, como Adán le dijo. 6 Entonces Adán se levantó, y extendió sus manos ante Yahweh, suplicándole y rogándole con lágrimas, que le perdonara lo que había hecho. Y Adán permaneció así de pie y orando cuarenta días y cuarenta noches. No comió ni bebió hasta que cayó al suelo de hambre y sed. 7 Entonces Yahweh envió a Yeshua, Su Palabra, a Adán; Yeshua lo levantó de donde yacía, y le dijo: «Oh Adán, ¿por qué has jurado por Mi nombre, y por qué has hecho acuerdo con Satanás otra vez?» 8 Pero Adán lloró, y dijo: «Oh Yahweh, perdóname, porque hice esto sin saberlo; creyendo que eran ángeles de Yahweh». 9 Y Yahweh perdonó a Adán, diciéndole: «Cuídate de Satanás». 10 Y Él hizo que Yeshua, Su Palabra, se retirara de Adán. 11 Entonces el corazón de Adán fue consolado; y tomó a Eva, y salieron de la cueva, a preparar algún alimento para sus cuerpos. 12 Pero desde ese día Adán luchó en su mente acerca de casarse con Eva; temiendo que si lo hiciera, Yahweh se enojaría con él. 13 Entonces Adán y Eva fueron al río de agua, y se sentaron en la orilla, como hace la gente cuando se divierte. 14 Pero Satanás estaba celoso de ellos; y planeó destruirlos.

CAPÍTULO LXXII

El corazón de Adán se enciende en fuego. Satanás aparece como doncellas hermosas. 1 Entonces Satanás, y diez de sus huestes, se transformaron en doncellas, diferentes de cualesquiera otras en todo el mundo en gracia. 2 Salieron del río en presencia de Adán y Eva, y dijeron entre sí: «Vengan, miremos los rostros de Adán y Eva, que son de los hombres en la tierra. ¡Cuán hermosos son, y cuán diferente es su aspecto de nuestros propios rostros!» Entonces vinieron a Adán y Eva, y los saludaron; y se quedaron maravillándose de ellos. 3 Adán y Eva también los miraron, y se maravillaron de su hermosura, y dijeron: «¿Hay, entonces, debajo de nosotros, otro mundo, con criaturas tan hermosas como estas en él?» 4 Y esas doncellas dijeron a Adán y Eva: «Sí, en verdad, somos una creación abundante». 5 Entonces Adán les dijo: «Pero ¿cómo se multiplican?» 6 Y ellas le respondieron: «Tenemos esposos que se han casado con nosotras, y les damos hijos, que crecen, y que a su vez se casan y son casados, y también dan hijos; y así aumentamos. Y si acaso, oh Adán, no nos crees, te mostraremos a nuestros esposos y a nuestros hijos». 7 Entonces gritaron sobre el río como para llamar a sus esposos y a sus hijos, que salieron del río, hombres y niños; y cada hombre vino a su esposa, sus hijos estando con él. 8 Pero cuando Adán y Eva los vieron, se quedaron mudos, y se maravillaron de ellos. 9 Entonces dijeron a Adán y Eva: «¿Ven a todos nuestros esposos y a nuestros hijos? Deberías casarte con Eva, como nos hemos casado con nuestros esposos, para que tengas hijos como nosotras tenemos». Esto fue un ardid de Satanás para engañar a Adán. 10 Satanás también pensó en sí mismo: «Yahweh, al principio, ordenó a Adán acerca del fruto del árbol, diciéndole: "No comas de él; si no, de muerte morirás". Pero Adán comió de él, y sin embargo Yahweh no lo mató; Él solo decretó sobre él muerte, y plagas y pruebas, hasta el día en que salga de su cuerpo. 11 Ahora, pues, si lo engaño a hacer esta cosa, y a casarse con Eva sin el permiso de Yahweh, Yahweh lo matará entonces». 12 Por tanto Satanás obró esta aparición ante Adán y Eva; porque buscaba matarlo, y hacerlo desaparecer de la faz de la tierra. 13 Mientras tanto el fuego del pecado vino sobre Adán, y pensó en cometer pecado. Pero se contuvo, temiendo que si seguía este consejo de Satanás, Yahweh le daría muerte. 14 Entonces Adán y Eva se levantaron, y oraron a Yahweh, mientras Satanás y sus huestes bajaron al río, en presencia de Adán y Eva; para dejarles ver que volvían a su propio mundo. 15 Entonces Adán y Eva volvieron a la Cueva de los Tesoros, como solían hacer; hacia el tiempo de la tarde. 16 Y ambos se levantaron y oraron a Yahweh esa noche. Adán permaneció de pie en oración, sin saber aún cómo orar, a causa de los pensamientos en su corazón acerca de casarse con Eva; y continuó así hasta la mañana. 17 Y cuando vino la luz, Adán dijo a Eva: «Levántate, vayamos debajo de la montaña, donde nos trajeron oro, y pidamos a Yahweh acerca de este asunto». 18 Entonces Eva dijo: «¿Qué es ese asunto, oh Adán?» 19 Y él le respondió: «Que pueda pedir a Yahweh que me informe acerca de casarme contigo; porque no lo haré sin Su permiso o si no Él nos hará perecer, a ti y a mí. Porque esos diablos han encendido mi corazón en fuego, con pensamientos de lo que nos mostraron, en sus apariciones pecaminosas». 20 Entonces Eva dijo a Adán: «¿Por qué necesitamos ir debajo de la montaña? Más bien pongámonos de pie y oremos en nuestra cueva a Yahweh, que nos dé a conocer si este consejo es bueno o no». 21 Entonces Adán se levantó en oración y dijo: «Oh Yahweh, Tú sabes que transgredimos contra Ti, y desde el momento en que transgredimos, fuimos despojados de nuestra naturaleza brillante; y nuestro cuerpo se volvió brutal, requiriendo comida y bebida; y con deseos animales. 22 Ordénanos, oh Yahweh, no ceder a ellos sin Tu permiso, por temor de que Tú nos conviertas en nada. Porque si no nos das permiso, seremos vencidos, y seguiremos ese consejo de Satanás; y Tú nos harás perecer de nuevo. 23 Si no, entonces quita nuestras almas de nosotros; librémonos de esta lujuria animal. Y si no nos das ninguna orden acerca de esta cosa, entonces separa a Eva de mí, y a mí de ella; y colócanos a cada uno lejos del otro. 24 Entonces de nuevo, oh Yahweh, si nos separas el uno del otro, los diablos nos engañarán con sus apariciones que se nos asemejan, y destruirán nuestros corazones, y contaminarán nuestros pensamientos el uno hacia el otro. Sin embargo, si no es cada uno de nosotros hacia el otro, será, en todo caso, por medio de su aparición cuando los diablos vengan a nosotros en nuestra semejanza». Aquí terminó Adán su oración.

CAPÍTULO LXXIII

El matrimonio de Adán y Eva. 1 Entonces Yahweh consideró las palabras de Adán, que eran verdaderas, y que él podía aguardar largamente Su orden, acerca del consejo de Satanás. 2 Y Yahweh aprobó a Adán en lo que había pensado acerca de esto, y en la oración que había ofrecido en Su presencia; y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a Adán y le dijo: «Oh Adán, ¡si tan solo hubieras tenido esta cautela al principio, antes de que salieras del jardín a esta tierra!» 3 Después de eso, Yahweh envió a Su ángel que había traído oro, y al ángel que había traído incienso, y al ángel que había traído mirra a Adán, para que le informaran acerca de su matrimonio con Eva. 4 Entonces esos ángeles dijeron a Adán: «Toma el oro y dáselo a Eva como regalo de bodas, y promete casarte con ella; luego dale un poco de incienso y mirra como presente; y sean ustedes, tú y ella, una sola carne». 5 Adán obedeció a los ángeles, y tomó el oro y lo puso en el seno de Eva en su vestidura; y prometió casarse con ella con su mano. 6 Entonces los ángeles ordenaron a Adán y Eva que se levantaran y oraran cuarenta días y cuarenta noches; cuando eso estuviera hecho, entonces Adán debía tener relaciones sexuales con su esposa; porque entonces esto sería un acto puro y sin mancha; para que tuviera hijos que se multiplicaran, y llenaran la faz de la tierra. 7 Entonces tanto Adán como Eva recibieron las palabras de los ángeles; y los ángeles se apartaron de ellos. 8 Entonces Adán y Eva comenzaron a ayunar y orar, hasta el fin de los cuarenta días; y luego tuvieron relaciones sexuales, como los ángeles les habían dicho. Y desde el tiempo en que Adán dejó el jardín hasta que se casó con Eva, fueron doscientos veintitrés días, es decir, siete meses y trece días. 9 Así fue derrotada la guerra de Satanás con Adán.

CAPÍTULO LXXIV

El nacimiento de Caín y Luluwa. Por qué recibieron esos nombres. 1 Y vivieron en la tierra trabajando para mantener sus cuerpos en buena salud; y continuaron así hasta que los nueve meses del embarazo de Eva terminaron, y se acercó el tiempo en que debía dar a luz. 2 Entonces ella dijo a Adán: «Las señales colocadas en esta cueva desde que dejamos el jardín indican que este es un lugar puro y estaremos orando en él de nuevo algún tiempo. No es apropiado, entonces, que yo dé a luz en él. Vayamos en cambio a la cueva de la roca protectora que fue formada por el mandato de Yahweh cuando Satanás nos arrojó una gran roca en un intento de matarnos con ella». 3 Adán entonces llevó a Eva a esa cueva. Cuando llegó el tiempo de que ella diera a luz, se esforzó mucho. Adán se apenó, y estaba muy preocupado por ella porque estaba cerca de la muerte y las palabras de Yahweh a ella se estaban cumpliendo: «En sufrimiento darás a luz un hijo, y en dolor darás a luz un hijo». 4 Pero cuando Adán vio la angustia en la que Eva estaba, se levantó y oró a Yahweh, y dijo: «Oh Yahweh, mírame con el ojo de Tu misericordia, y sácala de su angustia». 5 Y Yahweh miró a Su sierva Eva, y la libró, y ella dio a luz a su hijo primogénito, y con él una hija. 6 Entonces Adán se alegró por la liberación de Eva, y también por los hijos que ella le había dado. Y Adán atendió a Eva en la cueva, hasta el fin de ocho días; cuando pusieron por nombre al hijo Caín, y a la hija Luluwa. 7 El significado de Caín es «odiador», porque él odiaba a su hermana en el vientre de su madre; antes de que salieran de él. Por eso Adán lo llamó Caín. 8 Pero Luluwa significa «hermosa», porque ella era más hermosa que su madre. 9 Entonces Adán y Eva esperaron hasta que Caín y su hermana tuvieron cuarenta días, cuando Adán dijo a Eva: «Haremos una ofrenda y la ofreceremos en favor de los hijos». 10 Y Eva dijo: «Haremos una ofrenda por el hijo primogénito y luego después haremos una por la hija».

CAPÍTULO LXXV

La familia revisita la Cueva de los Tesoros. Nacimiento de Abel y Aklia. 1 Entonces Adán preparó una ofrenda, y él y Eva la ofrecieron por sus hijos, y la llevaron al altar que habían construido al principio. 2 Y Adán ofreció la ofrenda, y pidió a Yahweh que aceptara su ofrenda. 3 Entonces Yahweh aceptó la ofrenda de Adán, y envió una luz del cielo que brilló sobre la ofrenda. Adán y su hijo se acercaron a la ofrenda, pero Eva y la hija no se acercaron a ella. 4 Adán y su hijo estaban gozosos cuando bajaron del altar. Adán y Eva esperaron hasta que la hija tuvo ochenta días, entonces Adán preparó una ofrenda y la llevó a Eva y a los hijos. Fueron al altar, donde Adán la ofreció, como estaba acostumbrado, pidiendo a Yahweh que aceptara su ofrenda. 5 Y Yahweh aceptó la ofrenda de Adán y Eva. Entonces Adán, Eva y los hijos se acercaron juntos, y bajaron de la montaña, alegrándose. 6 Pero no volvieron a la cueva en la que nacieron; sino que vinieron a la Cueva de los Tesoros, para que los hijos anduvieran en ella, y fueran bendecidos con las señales traídas del jardín. 7 Pero después de que hubieron sido bendecidos con estas señales, volvieron a la cueva en la que nacieron. 8 Sin embargo, antes de que Eva hubiera ofrecido la ofrenda, Adán la había tomado, y había ido con ella al río de agua, en el cual se arrojaron al principio; y allí se lavaron. Adán lavó su cuerpo y Eva el suyo también limpio, después del sufrimiento y la angustia que habían venido sobre ellos. 9 Pero Adán y Eva, después de lavarse en el río de agua, volvían cada noche a la Cueva de los Tesoros, donde oraban y eran bendecidos; y luego volvían a su cueva, donde nacieron sus hijos. 10 Adán y Eva hicieron esto hasta que los hijos fueron destetados. Después de que fueron destetados, Adán hizo una ofrenda por las almas de sus hijos, además de las tres veces cada semana que hacía una ofrenda por ellos. 11 Cuando los hijos fueron destetados, Eva concibió de nuevo, y cuando su embarazo llegó a término, dio a luz a otro hijo e hija. Pusieron por nombre al hijo Abel y a la hija Aklia. 12 Entonces, al final de cuarenta días, Adán hizo una ofrenda por el hijo, y al final de ochenta días hizo otra ofrenda por la hija, y los trató, como había tratado previamente a Caín y a su hermana Luluwa. 13 Los llevó a la Cueva de los Tesoros, donde recibieron una bendición, y luego volvieron a la cueva donde nacieron. Después de que estos hijos nacieron, Eva dejó de tener hijos.

CAPÍTULO LXXVI

Caín se pone celoso de Abel a causa de sus hermanas. 1 Y los hijos comenzaron a hacerse más fuertes y más altos; pero Caín era de corazón duro, y gobernaba sobre su hermano menor. 2 A menudo, cuando su padre hacía una ofrenda, Caín permanecía atrás y no iba con ellos, a ofrecer. 3 Pero, en cuanto a Abel, él tenía un corazón manso, y era obediente a su padre y madre. Frecuentemente los movía a hacer una ofrenda, porque la amaba. Oraba y ayunaba mucho. 4 Entonces vino esta señal a Abel. Cuando entraba en la Cueva de los Tesoros, y veía las varas de oro, el incienso y la mirra, pidió a sus padres, Adán y Eva, que le contaran acerca de ellos y preguntó: «¿De dónde obtuvieron estas cosas?» 5 Entonces Adán le contó todo lo que les había sobrevenido. Y Abel se sintió profundamente acerca de lo que su padre le contó. 6 Además, su padre, Adán, le contó de las obras de Yahweh, y del jardín. Después de oír eso, Abel permaneció atrás después de que su padre se fue y permaneció toda esa noche en la Cueva de los Tesoros. 7 Y esa noche, mientras oraba, Satanás se le apareció bajo la figura de un hombre, que le dijo: «Frecuentemente has movido a tu padre a hacer ofrendas, ayunar y orar, por tanto te mataré, y te haré perecer de este mundo». 8 Pero en cuanto a Abel, él oró a Yahweh, y alejó a Satanás de él; y no creyó las palabras del diablo. Entonces, cuando fue de día, un ángel de Yahweh se le apareció, que le dijo: «No acortes ni el ayuno, ni la oración, ni el ofrecer una ofrenda a tu Yahweh. Porque, mira, Yahweh ha aceptado tu oración. No temas a la figura que se te apareció en la noche, y que te maldijo a muerte». Y el ángel se apartó de él. 9 Entonces, cuando fue de día, Abel vino a Adán y Eva, y les contó la visión que había visto. Cuando lo oyeron, se afligieron mucho por ello, pero no le dijeron nada acerca de ello; solo lo consolaron. 10 Pero en cuanto al Caín de corazón duro, Satanás vino a él de noche, se mostró y le dijo: «Ya que Adán y Eva aman a tu hermano Abel mucho más de lo que te aman a ti, desean unirlo en matrimonio a tu hermosa hermana porque lo aman. Sin embargo, desean unirte a ti en matrimonio a su hermana fea, porque te odian. 11 Ahora, antes de que hagan eso, te estoy diciendo que deberías matar a tu hermano. De ese modo tu hermana quedará para ti, y su hermana será desechada». 12 Y Satanás se apartó de él. Pero el diablo permaneció en el corazón de Caín, y frecuentemente aspiraba a matar a su hermano.

CAPÍTULO LXXVII

Caín, de 15 años, y Abel, de 12 años, se distancian. 1 Pero cuando Adán vio que el hermano mayor odiaba al menor, se esforzó por ablandar sus corazones, y dijo a Caín: «Oh hijo mío, toma de los frutos de tu siembra y haz una ofrenda a Yahweh, para que Él pueda perdonarte por tu maldad y pecado». 2 Dijo también a Abel: «Toma un poco de tu siembra y haz una ofrenda y tráela a Yahweh, para que Él pueda perdonarte por tu maldad y pecado». 3 Entonces Abel obedeció la voz de su padre, tomó un poco de su siembra, e hizo una buena ofrenda, y dijo a su padre, Adán: «Ven conmigo y muéstrame cómo ofrecerla». 4 Y fueron, Adán y Eva con él, y le mostraron cómo ofrecer su don en el altar. Luego, después de eso, se pusieron de pie y oraron que Yahweh aceptara la ofrenda de Abel. 5 Entonces Yahweh miró a Abel y aceptó su ofrenda. Y Yahweh estaba más complacido con Abel que con su ofrenda, a causa de su buen corazón y cuerpo puro. No había rastro de engaño en él. 6 Entonces bajaron del altar, y fueron a la cueva en la que vivían. Pero Abel, por su gozo de haber hecho su ofrenda, la repitió tres veces a la semana, según el ejemplo de su padre Adán. 7 Pero en cuanto a Caín, él no quiso hacer una ofrenda, pero después de que su padre se enojó mucho, ofreció un don una vez. Tomó la más pequeña de sus ovejas para una ofrenda y cuando la ofreció, sus ojos estaban en el cordero. 8 Por tanto Yahweh no aceptó su ofrenda, porque su corazón estaba lleno de pensamientos asesinos. 9 Y todos vivieron así juntos en la cueva en la que Eva había dado a luz, hasta que Caín tuvo quince años, y Abel doce años.

CAPÍTULO LXXVIII

Los celos vencen a Caín. Causa problemas en la familia. Cómo fue planeado el primer asesinato. 1 Entonces Adán dijo a Eva: «He aquí, los hijos han crecido; debemos pensar en hallar esposas para ellos». 2 Entonces Eva respondió: «¿Cómo podemos hacerlo?» 3 Entonces Adán le dijo: «Uniremos a la hermana de Abel en matrimonio a Caín, y a la hermana de Caín a Abel. 4 Dijo Eva a Adán: «No me gusta Caín porque es de corazón duro; pero dejémoslos permanecer con nosotros hasta que ofrezcamos a Yahweh en favor de ellos». 5 Y Adán no dijo más. 6 Mientras tanto Satanás vino a Caín en la figura de un hombre del campo, y le dijo: «He aquí, Adán y Eva han tomado consejo juntos acerca del matrimonio de ustedes dos; y han acordado casar a la hermana de Abel contigo, y a tu hermana con él. 7 Pero si no fuera porque te amo, no te habría dicho esta cosa. Sin embargo, si tomas mi consejo, y me obedeces, te traeré en tu día de bodas vestiduras hermosas, oro y plata en abundancia, y mis parientes te asistirán». 8 Entonces Caín dijo con gozo: «¿Dónde están tus parientes?» 9 Y Satanás respondió: «Mis parientes están en un jardín en el norte, donde una vez quise llevar a tu padre Adán; pero él no quiso aceptar mi oferta. 10 Pero tú, si recibes mis palabras y si vienes a mí después de tu boda, descansarás de la miseria en la que estás; y descansarás y estarás mejor que tu padre Adán». 11 A estas palabras de Satanás Caín abrió sus oídos, y se inclinó hacia su discurso. 12 Y no permaneció en el campo, sino que fue a Eva, su madre, y la golpeó, y la maldijo, y le dijo: «¿Por qué estás planeando tomar a mi hermana para casarla con mi hermano? ¿Estoy muerto?» 13 Su madre, sin embargo, lo aquietó, y lo envió al campo donde había estado. 14 Entonces, cuando vino Adán, ella le contó lo que Caín había hecho. 15 Pero Adán se afligió y guardó su paz, y no dijo una palabra. 16 Entonces, a la mañana siguiente, Adán dijo a Caín, su hijo: «Toma de tus ovejas, jóvenes y buenas, y ofrécelas a tu Yahweh; y hablaré a tu hermano, que haga a su Yahweh una ofrenda de grano». 17 Ambos obedecieron a su padre Adán, y tomaron sus ofrendas, y las ofrecieron en la montaña junto al altar. 18 Pero Caín se comportó altivamente hacia su hermano, y lo empujó del altar, y no le dejó ofrecer su don en el altar; sino que ofreció el suyo en él, con un corazón orgulloso, lleno de engaño y fraude. 19 Pero en cuanto a Abel, él levantó piedras que estaban cerca a mano, y sobre eso ofreció su don con un corazón humilde y libre de engaño. 20 Caín estaba entonces de pie junto al altar en el que había ofrecido su don; y clamó a Yahweh que aceptara su ofrenda; pero Yahweh no la aceptó de él; ni un fuego divino bajó a consumir su ofrenda. 21 Pero permaneció de pie frente al altar, de mal humor y mezquindad, mirando hacia su hermano Abel, para ver si Yahweh aceptaría su ofrenda o no. 22 Y Abel oró a Yahweh que aceptara su ofrenda. Entonces un fuego divino bajó y consumió su ofrenda. Y Yahweh olió el dulce aroma de su ofrenda; porque Abel lo amaba y se alegraba en Él. 23 Y porque Yahweh estaba bien complacido con él, le envió un ángel de luz en la figura de un hombre que había participado de su ofrenda, porque Él había olido el dulce aroma de su ofrenda, y consolaron a Abel y fortalecieron su corazón. 24 Pero Caín estaba mirando todo lo que tuvo lugar en la ofrenda de su hermano, y estaba enojado a causa de ello. 25 Entonces abrió su boca y blasfemó contra Yahweh, porque Él no había aceptado su ofrenda. 26 Pero Yahweh dijo a Caín: «¿Por qué te ves triste? Sé justo, para que Yo pueda aceptar tu ofrenda. No contra Mí has murmurado, sino contra ti mismo. 27 Y Yahweh dijo esto a Caín en reprensión, y porque lo aborrecía a él y a su ofrenda. 28 Y Caín bajó del altar, su color cambiado y con un rostro triste, y vino a su padre y madre y les contó todo lo que le había acontecido. Y Adán se afligió mucho porque Yahweh no había aceptado la ofrenda de Caín. 29 Pero Abel bajó alegrándose, y con un corazón gozoso, y contó a su padre y madre cómo Yahweh había aceptado su ofrenda. Y ellos se alegraron por ello y besaron su rostro. 30 Y Abel dijo a su padre: «Porque Caín me empujó del altar, y no me permitió ofrecer mi don en él, hice un altar para mí mismo y ofrecí mi don en él». 31 Pero cuando Adán oyó esto estaba muy triste, porque era el altar que él había construido al principio, y en el cual él había ofrecido sus propios dones. 32 En cuanto a Caín, él estaba tan resentido y tan enojado que fue al campo, donde Satanás vino a él y le dijo: «Ya que tu hermano Abel ha tomado refugio con tu padre Adán, porque lo empujaste del altar, le han besado el rostro, y se alegran por él, mucho más que por ti». 33 Cuando Caín oyó estas palabras de Satanás, se llenó de ira; y no lo dejó saber a nadie. Pero estaba al acecho para matar a su hermano, hasta que lo trajo a la cueva, y entonces le dijo: 34 «Oh hermano, el país es tan hermoso, y hay árboles tan hermosos y placenteros en él, ¡y encantadores de mirar! Pero hermano, nunca has estado un día en el campo para tomar tu placer en ese lugar. 35 Hoy, oh, hermano mío, deseo mucho que vengas conmigo al campo, a divertirte y a bendecir nuestros campos y nuestros rebaños, porque eres justo, y te amo mucho, ¡oh hermano mío! Pero tú te has alienado de mí». 36 Entonces Abel consintió en ir con su hermano Caín al campo. 37 Pero antes de salir, Caín dijo a Abel: «Espérame, hasta que busque un bastón, a causa de las bestias salvajes». 38 Entonces Abel se quedó esperando en su inocencia. Pero Caín, el atrevido, buscó un bastón y salió. 39 Y comenzaron, Caín y su hermano Abel, a caminar en el camino; Caín hablándole, y consolándolo, para hacerle olvidar todo.

CAPÍTULO LXXIX

Un plan malvado es llevado a una conclusión trágica. Caín está asustado. "¿Soy yo el guardián de mi hermano?" Los siete castigos. La paz es destrozada. 1 Y así siguieron, hasta que llegaron a un lugar solitario, donde no había ovejas; entonces Abel dijo a Caín: «He aquí, hermano mío, estamos cansados de caminar; porque no vemos ninguno de los árboles, ni de los frutos, ni de las plantas verdes florecientes, ni de las ovejas, ni ninguna de las cosas de las que me contaste. ¿Dónde están esas ovejas tuyas que me dijiste que bendijera?» 2 Entonces Caín le dijo: «Ven, y verás muchas cosas hermosas muy pronto, pero ve delante de mí, hasta que yo te alcance». 3 Entonces Abel fue adelante, pero Caín permaneció detrás de él. 4 Y Abel caminaba en su inocencia, sin engaño; sin creer que su hermano lo mataría. 5 Entonces Caín, cuando lo alcanzó, lo consoló con su habla, caminando un poco detrás de él; luego corrió hacia él y lo golpeó con el bastón, golpe tras golpe, hasta que quedó aturdido. 6 Pero cuando Abel cayó al suelo, viendo que su hermano pretendía matarlo, dijo a Caín: «Oh, hermano mío, ten compasión de mí. ¡Por los pechos que hemos mamado, no me golpees! ¡Por el vientre que nos llevó y que nos trajo al mundo, no me golpees hasta la muerte con ese bastón! Si me vas a matar, toma una de estas piedras grandes y mátame de una vez». 7 Entonces Caín, el de corazón duro, y cruel asesino, tomó una piedra grande, y golpeó la cabeza de su hermano con ella, hasta que sus sesos salieron, y él se revolcaba en su sangre, ante él. 8 Y Caín no se arrepintió de lo que había hecho. 9 Pero la tierra, cuando la sangre del justo Abel cayó sobre ella, tembló, mientras bebía su sangre, y habría destruido a Caín a causa de ello. 10 Y la sangre de Abel clamó misteriosamente a Yahweh, para vengarlo de su asesino. 11 Entonces Caín comenzó de inmediato a cavar el suelo en el que poner a su hermano; porque temblaba por el temor que vino sobre él, cuando vio la tierra temblar por su causa. 12 Él entonces echó a su hermano en el hoyo que hizo, y lo cubrió con polvo. Pero el suelo no quiso recibirlo; sino que lo arrojó de una vez. 13 De nuevo Caín cavó el suelo y ocultó a su hermano en él; pero de nuevo el suelo lo arrojó sobre sí mismo; hasta que tres veces el suelo arrojó así sobre sí mismo el cuerpo de Abel. 14 El suelo fangoso lo arrojó la primera vez, porque él no era la primera creación; y lo arrojó la segunda vez y no quiso recibirlo, porque era justo y bueno, y fue matado sin causa; y el suelo lo arrojó la tercera vez y no quiso recibirlo, para que quedara ante su hermano un testigo contra él. 15 Y así la tierra se burló de Caín, hasta que Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino a él acerca de su hermano. 16 Entonces Yahweh se enojó, y se disgustó mucho por la muerte de Abel; y tronó desde el cielo, y relámpagos fueron delante de Él, y Yeshua, la Palabra de Yahweh, vino del cielo a Caín, y le dijo: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» 17 Entonces Caín respondió con un corazón orgulloso y una voz áspera: «¿Cómo, oh Yahweh? ¿Soy yo guardián de mi hermano?» 18 Entonces Yahweh dijo a Caín: «Maldita sea la tierra que ha bebido la sangre de Abel, tu hermano; y en cuanto a ti, siempre estarás temblando y sacudiéndote; y esto será una marca en ti para que quienquiera que te halle, te mate». 19 Pero Caín lloró porque Yahweh le había dicho esas palabras; y Caín le dijo: «Oh Yahweh, quienquiera que me halle me matará, y seré borrado de la faz de la tierra». 20 Entonces Yahweh dijo a Caín: «Quienquiera que te halle no te matará»; porque antes de esto, Yahweh había estado diciendo a Caín: «Pondré siete castigos sobre cualquiera que mate a Caín». Porque en cuanto a la palabra de Yahweh a Caín: «¿Dónde está tu hermano?», Yahweh la dijo en misericordia por él, para intentar hacerlo arrepentirse. 21 Porque si Caín se hubiera arrepentido en ese tiempo, y hubiera dicho: «Oh Yahweh, perdóname mi pecado, y el asesinato de mi hermano», Yahweh entonces le habría perdonado su pecado. 22 Y en cuanto a que Yahweh dijera a Caín: «Maldito sea el suelo que ha bebido la sangre de tu hermano». Eso también fue la misericordia de Yahweh sobre Caín. Porque Yahweh no lo maldijo a él, sino que maldijo el suelo; aunque no fue el suelo el que había matado a Abel, y cometido un pecado malvado. 23 Porque era apropiado que la maldición cayera sobre el asesino; sin embargo, en misericordia Yahweh manejó así Sus pensamientos para que nadie lo supiera, y se apartara de Caín. 24 Y le dijo: «¿Dónde está tu hermano?» A lo cual él respondió y dijo: «No lo sé». Entonces el Creador le dijo: «Estate temblando y estremeciéndote». 25 Entonces Caín tembló y se aterrorizó; y por medio de esta señal Yahweh lo hizo un ejemplo ante toda la creación, como el asesino de su hermano. También Yahweh trajo temblor y terror sobre él, para que pudiera ver la paz en la que estaba al principio, y ver también el temblor y el terror que soportó al final; para que pudiera humillarse ante Yahweh, y arrepentirse de su pecado, y buscar la paz que disfrutó al principio. 26 Y en la palabra de Yahweh que dijo: «Pondré siete castigos sobre cualquiera que mate a Caín», Yahweh no buscaba matar a Caín con la espada, sino que buscaba hacerlo morir de ayunar, y orar y llorar por regla dura, hasta el tiempo en que fuera librado de su pecado. 27 Y los siete castigos son las siete generaciones durante las cuales Yahweh esperó a Caín por el asesinato de su hermano. 28 Pero en cuanto a Caín, desde que mató a su hermano, no pudo hallar reposo en ningún lugar; sino que volvió a Adán y Eva, temblando, aterrorizado, y contaminado con sangre. . . . Registro de Integridad Textual y Alteraciones Resultado de la verificación Estado Capítulos 79 APROBADO - I a LXXIX, completos y ordenados Versículos numerados 920 APROBADO - secuenciales dentro de cada capítulo Notas de la fuente/editoriales 18 APROBADO - retenidas y separadas Ubicaciones alteradas 506 APROBADO - nombres sagrados, contexto y copia revisados Tokens residuales de las convenciones anteriores en el texto de lectura 0 APROBADO - la discusión de la historia de la fuente permanece identificada por separado Balance de citas a nivel de capítulo 79 de 79 APROBADO - los cierres de cita electrónicos incompletos fueron reparados Política rectora de alteraciones Las sustituciones declaradas del nombre sagrado son sistemáticas, pero fueron aplicadas con revisión contextual. La Palabra con mayúscula fue identificada como Yeshua solo donde la narración trata a la Palabra como una persona que actúa; los usos léxicos ordinarios permanecen como palabra. Todas las lecturas de la fuente permanecen recuperables desde la fuente descargada conservada. Ningún capítulo, versículo ni nota de la fuente fue eliminado en silencio. Las correcciones de copia se limitan a defectos evidentes de transcripción, gramática y puntuación. Las lecturas antiguas ambiguas fueron conservadas en lugar de ser reconstruidas. Índice de alteraciones contextuales y excepcionales Prólogo: Prólogo:3 (título de Mesías, remanente arcaico) II: II:5 (Yahweh, Palabra personificada) III: III:1 (Yahweh, Palabra personificada); III:2 (Palabra personificada); III:15 (Yahweh, Palabra personificada); III:16 (Yahweh, Palabra personificada) VI: VI:3 (Palabra personificada) VII: VII:1 (Yahweh, corrección de copia) X: X:3 (Yahweh, Palabra personificada); X:7 (Yahweh, corrección de copia) XII: XII:6 (Yahweh, Palabra personificada) XIV: XIV:encabezado (título de Mesías, corrección de copia) XVI: XVI:10 (Yahweh, Palabra personificada) XVIII: XVIII:6 (Yahweh, Palabra personificada) XIX: XIX:3 (Yahweh, Palabra personificada) XXI: XXI:8 (Yahweh, Palabra personificada) XXII: XXII:3 (Yahweh, cierre de cita) XXIII: XXIII:2 (Yahweh, Palabra personificada); XXIII:6 (Yahweh, remanente arcaico); XXIII:nota (Yahweh, remanente arcaico); XXIII:nota (remanente arcaico) XXIV: XXIV:4 (Yahweh, Palabra personificada) XXV: XXV:7 (Yahweh, Palabra personificada) XXVI: XXVI:2 (Yahweh, Palabra personificada, corrección de copia); XXVI:3 (Yahweh, Palabra personificada, corrección de copia); XXVI:9 (Yahweh, Palabra personificada) XXVIII: XXVIII:7 (Yahweh, Palabra personificada) XXIX: XXIX:4 (Yahweh, Palabra personificada) XXX: XXX:8 (Yahweh, cierre de cita) XXXII: XXXII:1 (corrección de copia); XXXII:2 (Yahweh, cierre de cita) XXXIII: XXXIII:8 (corrección de copia); XXXIII:12 (Yahweh, Palabra personificada) XXXIV: XXXIV:4 (Yahweh, remanente arcaico); XXXIV:8 (remanente arcaico) XXXV: XXXV:1 (Yahweh, Palabra personificada) XXXVI: XXXVI:2 (Yahweh, Palabra personificada) XXXVIII: XXXVIII:1 (Yahweh, Palabra personificada); XXXVIII:6 (Yahweh, Palabra personificada) XL: XL:1 (Yahweh, Palabra personificada); XL:3 (Yahweh, Palabra personificada) XLII: XLII:1 (Yahweh, Palabra personificada); XLII:11 (cierre de cita); XLII:12 (Yahweh, Palabra personificada) XLIV: XLIV:4 (Yahweh, Palabra personificada) XLV: XLV:2 (Yahweh, Palabra personificada); XLV:10 (Palabra personificada); XLV:11 (Yahweh, Palabra personificada); XLV:12 (Yahweh, Palabra personificada) XLVI: XLVI:8 (Yahweh, Palabra personificada, corrección de copia); XLVI:nota (Yahweh, corrección de copia) XLIX: XLIX:1 (Yahweh, Palabra personificada); XLIX:7 (corrección de copia); XLIX:10 (Yahweh, Palabra personificada) L: L:7 (Yahweh, Palabra personificada, cierre de cita) LI: LI:2 (Yahweh, Palabra personificada); LI:4 (Yahweh, Palabra personificada); LI:5 (Yahweh, Palabra personificada) LIII: LIII:3 (Yahweh, Palabra personificada); LIII:7 (cierre de cita) LV: LV:1 (Yahweh, Palabra personificada); LV:2 (Yahweh, Palabra personificada); LV:7 (Yahweh, Palabra personificada) LVI: LVI:1 (Yahweh, Palabra personificada) LIX: LIX:encabezado (corrección de copia); LIX:4 (Yahweh, Palabra personificada) LXI: LXI:3 (Yahweh, Palabra personificada); LXI:7 (Yahweh, corrección de copia); LXI:18 (Yahweh, Palabra personificada) LXIII: LXIII:8 (Yahweh, Palabra personificada) LXVI: LXVI:3 (Yahweh, Palabra personificada); LXVI:7 (Yahweh, Palabra personificada); LXVI:8 (Yahweh, Palabra personificada); LXVI:9 (Yahweh, Palabra personificada) LXVII: LXVII:3 (Yahweh, corrección de copia) LXVIII: LXVIII:2 (Yahweh, Palabra personificada); LXVIII:22 (Yahweh, Palabra personificada); LXVIII:24 (Yahweh, Palabra personificada) LXIX: LXIX:5 (Yahweh, Palabra personificada) LXX: LXX:17 (Yahweh, cierre de cita) LXXI: LXXI:7 (Yahweh, Palabra personificada); LXXI:10 (Palabra personificada) LXXII: LXXII:19 (Yahweh, cierre de cita) LXXIII: LXXIII:2 (Yahweh, Palabra personificada) LXXIV: LXXIV:2 (Yahweh, cierre de cita); LXXIV:6 (corrección de copia) LXXV: LXXV:3 (Yahweh, corrección de copia) LXXIX: LXXIX:15 (Yahweh, Palabra personificada); LXXIX:16 (Yahweh, Palabra personificada) Registro de fuente y producción Base numerada primaria: Project Gutenberg EBook n.º 398, First Book of Adam and Eve; descargado el 5 de septiembre de 2026. Comparador histórico: S. C. Malan, The Book of Adam and Eve, Also Called The Conflict of Adam and Eve with Satan (Londres, 1882), escaneo de Internet Archive. Testimonio de referencia del usuario: Joseph B. Lumpkin, The First and Second Books of Adam and Eve (Fifth Estate, 2009), páginas fotografiadas 8-15 usadas solo para comparación; sus notas de autor modernas no se adoptan como texto antiguo. Derechos territoriales: se requiere la verificación del editor antes de la publicación comercial. Pie de imprenta e ISBN: serán asignados por el editor. Prueba final de imprenta: requerida después de que la imprenta suministre las especificaciones de encuadernación, papel, densidad de tinta y PDF/X.

Acerca de esta edición — fuente y material editorial

confirmación de derechos territoriales, y aprobación de una prueba específica para la imprenta. Prólogo Moderno de la Fuente [no forma parte del texto antiguo] El Primer Libro de Adán y Eva detalla la vida y los tiempos de Adán y Eva después de que fueron expulsados del jardín hasta el tiempo en que Caín mata a su hermano Abel. Cuenta la primera morada de Adán y Eva--la Cueva de los Tesoros; sus pruebas y tentaciones; las muchas apariciones de Satanás a ellos; el nacimiento de Caín, Abel y sus hermanas gemelas; y el amor de Caín por su hermosa hermana gemela, Luluwa, a quien Adán y Eva deseaban unir con Abel. Este libro es considerado por muchos eruditos como parte de los "Pseudepigrapha" (soo-duh-pig-ruh-fuh). Los "Pseudepigrapha" son una colección de obras bíblicas históricas que se consideran ficción. A causa de ese estigma, este libro no fue incluido en la compilación de la Santa Biblia. Este libro es una historia escrita de lo que sucedió en los días de Adán y Eva después de que fueron echados del jardín. Aunque algunos lo consideran seudoepigráfico, lleva un significado e iluminación importantes sobre los sucesos de aquel tiempo. Es dudoso que estos escritos pudieran haber sobrevivido todos los muchos siglos si no hubiera sustancia en ellos. Este libro es simplemente una versión de un relato transmitido de boca en boca, de generación en generación, que enlaza el tiempo en que la primera vida humana fue creada con el tiempo en que alguien finalmente decidió escribirlo. Esta versión particular es obra de egipcios desconocidos. La falta de alusión histórica hace difícil fechar el escrito con precisión, sin embargo, usando otras obras seudoepigráficas como referencia, probablemente fue escrito unos pocos cientos de años antes del nacimiento de Yeshua el Mesías. Partes de esta versión se hallan en el Talmud judío, y en el Corán islámico, mostrando el papel vital que desempeñó en la literatura original de la sabiduría humana. El autor egipcio escribió en árabe, pero después se hallaron traducciones escritas en etiópico. La presente traducción inglesa fue traducida a finales de la década de 1800 por el Dr. S. C. Malan y el Dr. E. Trumpp. Ellos tradujeron al inglés del Rey Jacobo tanto desde la versión árabe como desde la versión etiópica, que fue publicada entonces en The Forgotten Books of Eden en 1927 por The World Publishing Company. En 1995, el texto fue extraído de un ejemplar de The Forgotten Books of Eden y convertido a forma electrónica por Dennis Hawkins. Fue traducido entonces a un inglés más moderno simplemente intercambiando los 'Thou' por 'You', los 'Art' por 'Are', y así sucesivamente. El texto fue entonces cuidadosamente releído para asegurar su integridad. Contenido Capítulo I. El mar de cristal, Yahweh ordena a Adán, expulsado del Edén, vivir en la Cueva de los Tesoros. Capítulo II. Adán y Eva se desmayan cuando salen del Jardín. Yahweh envía Su Palabra para animarlos. Capítulo III. Acerca de la promesa de los grandes cinco días y medio. Capítulo IV. Adán se lamenta por las condiciones cambiadas. Adán y Eva entran en la Cueva de los Tesoros. Capítulo V. Eva hace una noble y emotiva intercesión, tomando la culpa sobre sí misma. Capítulo VI. La reprensión de Yahweh a Adán y Eva, en la que él señala cómo y por qué pecaron. Capítulo VII. Las bestias son apaciguadas. Capítulo VIII. La "Naturaleza Brillante" del hombre es quitada. Capítulo IX. Agua del Árbol de la Vida. Adán y Eva a punto de ahogarse. Capítulo X. Sus cuerpos necesitan agua después de salir del jardín. Capítulo XI. Un recuerdo de los días gloriosos en el Jardín. Capítulo XII. Cómo vino la oscuridad entre Adán y Eva. Capítulo XIII. La caída de Adán. Por qué fueron creados la noche y el día. Capítulo XIV. La profecía más temprana de la venida del Mesías. Capítulo XV. Adán y Eva se afligen por el sufrimiento de Yeshua para salvarlos de sus pecados. Capítulo XVI. La primera salida del sol. Adán y Eva piensan que es un fuego que viene a quemarlos. Capítulo XVII. El Capítulo de la Serpiente. Capítulo XVIII. El combate mortal con la serpiente. Capítulo XIX. Las bestias sometidas a Adán. Capítulo XX. Adán desea proteger a Eva. Capítulo XXI. Adán y Eva intentan suicidarse. Capítulo XXII. Adán en ánimo agradecido. Capítulo XXIII. Adán y Eva se fortalecen y hacen el primer altar jamás construido. Capítulo XXIV. Una vívida profecía de la vida y muerte del Mesías. Capítulo XXV. Yahweh representado como misericordioso y amoroso. El establecimiento de la adoración. Capítulo XXVI. Una hermosa profecía de vida eterna y gozo (v. 15). La caída de la noche. Capítulo XXVII. La segunda tentación de Adán y Eva. El diablo toma la forma de una luz seductora. Capítulo XXVIII. El Diablo pretende guiar a Adán y Eva al agua para bañarse. Capítulo XXIX. Yahweh dice a Adán el propósito del Diablo. (v. 4). Capítulo XXX. Adán recibe los primeros bienes mundanos. Capítulo XXXI. Se hacen más cómodos en la Cueva de los Tesoros en el tercer día. Capítulo XXXII. Adán y Eva entran en el agua para orar. Capítulo XXXIII. Satanás promete falsamente la "luz brillante." Capítulo XXXIV. Adán recuerda la creación de Eva. Apela elocuentemente por comida y bebida. Capítulo XXXV. La respuesta de Yahweh. Capítulo XXXVI. Higos. Capítulo XXXVII. Cuarenta y tres días de penitencia no redimen una hora de pecado (v. 6). Capítulo XXXVIII. "Cuando se cumplan 5500 años. . . ." Capítulo XXXIX. Adán es cauteloso--pero demasiado tarde. Capítulo XL. La primera hambre Humana. Capítulo XLI. La primera sed Humana. Capítulo XLII. Una promesa del Agua de Vida. La tercera profecía de la venida del Mesías. Capítulo XLIII. El Diablo intenta un incendio provocado. Capítulo XLIV. El poder del fuego sobre el hombre. Capítulo XLV. Por qué Satanás no cumplió sus promesas. Descripción del infierno. Capítulo XLVI. "Cuántas veces te he librado de su mano . . ." Capítulo XLVII. Las propias Tramas del Diablo. Capítulo XLVIII. Quinta aparición de Satanás a Adán y Eva. Capítulo XLIX. La primera profecía de la Resurrección. Capítulo L. Adán y Eva procuran cubrir su desnudez. Capítulo LI. "¿Cuál es su hermosura para que lo hayas seguido?" Capítulo LII. Adán y Eva cosen la primera camisa. Capítulo LIII. La profecía de las Tierras Occidentales y del gran diluvio. Capítulo LIV. Adán y Eva salen a explorar. Capítulo LV. El Conflicto entre Yahweh y Satanás. Capítulo LVI. Un capítulo de consuelo divino. Capítulo LVII. "Por tanto caí. . . . " Capítulo LVIII. "Acerca de la puesta del sol en el día 53. . ." Capítulo LIX. Octava aparición de Satanás a Adán y Eva. Capítulo LX. El Diablo aparece como un anciano. Ofrece "un lugar de descanso." Capítulo LXI. Comienzan a seguir a Satanás. Capítulo LXII. Dos árboles frutales. Capítulo LXIII. El primer gozo de los árboles. Capítulo LXIV. Adán y Eva participan del primer alimento terrenal. Capítulo LXV. Adán y Eva adquieren órganos digestivos. La esperanza final de regresar al Jardín se pierde. Capítulo LXVI. Adán hace su primer día de trabajo. Capítulo LXVII. "Entonces Satanás comenzó a extraviar a Adán y Eva. . . ." Capítulo LXVIII. Cómo la destrucción y el problema son de Satanás cuando él es el amo. Adán y Eva establecen la costumbre de la adoración. Capítulo LXIX. Duodécima aparición de Satanás a Adán y Eva, mientras Adán oraba sobre la ofrenda en el altar; cuando Satanás lo golpeó. Capítulo LXX. Decimotercera aparición de Satanás, para engañar a Adán para que se casara con Eva. Capítulo LXXI. Adán está turbado por el pensamiento de casarse con Eva. Capítulo LXXII. El corazón de Adán se enciende en fuego. Satanás aparece como doncellas hermosas. Capítulo LXXIII. El matrimonio de Adán y Eva. Capítulo LXXIV. El nacimiento de Caín y Luluwa. Por qué recibieron esos nombres. Capítulo LXXV. La familia revisita la Cueva de los Tesoros. Nacimiento de Abel y Aklia. Capítulo LXXVI. Caín se pone celoso de Abel a causa de sus hermanas. Capítulo LXXVII. Caín, de 15 años, y Abel, de 12 años, se distancian. Capítulo LXXVIII. Los celos vencen a Caín. Causa problemas en la familia. Cómo fue planeado el primer asesinato. Capítulo LXXIX. Un plan malvado es llevado a una conclusión trágica. Caín está asustado. "¿Soy yo el guardián de mi hermano?" Los siete castigos. La paz es destrozada.