Eclesiastés
Escuchar y leer — en tus idiomas
El diseño de David para este único sitio web: escuchar en un idioma mientras lees en otro — oír el libro en francés mientras tus ojos siguen el español, y el idioma se enseña a sí mismo. Las dos opciones siguientes son independientes.
Leer en:
Cada edición en otro idioma lleva este libro hasta donde ha llegado su traducción; donde una traducción aún está en curso, esa edición lo dice en su propia página. El Primer Libro de Adán y Eva lleva el lector paralelo completamente conectado — pruébalo allí.
Escuchar en: la edición en audio
Edición en audio en preparación — aún no se dispone de ningún audiolibro grabado de este libro, en ningún idioma. Cuando se entreguen las grabaciones, se reproducirán aquí, capítulo por capítulo (ebooks/audio/<language>/ecclesiastes/001.mp3 …). Hasta entonces, el texto limpio de esta página puede ser leído en voz alta por tu dispositivo — consulta Audiolibros con Lectura Acompañada para ver el estado honesto de la producción.
Escuchar con la voz de tu dispositivo
Tu dispositivo lee en voz alta el texto de esta página. No es un audiolibro grabado — la edición de audio grabada, cuando se conserva, está en el espacio de audio de esta página.
Descargue este libro como libro electrónico: Edición Restaurada del Editor (PDF, edición en inglés)
La Edición Restaurada del Editor es un testimonio independiente: el máster editorial recuperado de este libro (el Máster Editorial del Nuevo Testamento v05, recuperado el 2026-10-17), ofrecido como descarga junto al texto de lectura de esta página — no es el mismo texto que la página de lectura. El máster es anterior a las decisiones de David sobre el Nombre Sagrado del 2026-10-11 y sigue su convención de nombres anterior (the Father → Elohim; el título Lord → Sovereign; el «lord» humano → master); la página de lectura sigue las decisiones actuales. El estado del propio máster: Mateo y Marcos verificados y congelados; Lucas–Apocalipsis con revisión contextual pendiente. Este PDF es la edición en inglés.
Capítulo 1
1 Las palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
2 Vanidad de vanidades, dice el Predicador, vanidad de vanidades; todo es vanidad.
3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
4 Una generación pasa, y otra generación viene: mas la tierra permanece para siempre.
5 El sol también sale, y el sol se pone, y se apresura a su lugar donde salió.
6 El viento va hacia el sur, y gira hacia el norte; gira continuamente, y el viento vuelve de nuevo según sus circuitos.
7 Todos los ríos van al mar; y el mar no se llena; al lugar de donde vienen los ríos, allí vuelven de nuevo.
8 Todas las cosas están llenas de fatiga; el hombre no puede expresarlo: el ojo no se sacia de ver, ni el oído se llena de oír.
9 Lo que ha sido, es lo que será; y lo que se ha hecho es lo que se hará: y no hay nada nuevo debajo del sol.
10 ¿Hay algo de lo que se pueda decir: He aquí, esto es nuevo? Ya fue en los tiempos antiguos, que fueron antes de nosotros.
11 No hay memoria de las cosas pasadas; ni habrá memoria de las cosas que vendrán, con los que vendrán después.
12 Yo, el Predicador, fui rey sobre Israel en Jerusalén.
13 Y di mi corazón a buscar e inquirir con sabiduría acerca de todas las cosas que se hacen debajo del cielo: este penoso trabajo ha dado Yahweh a los hijos de los hombres para que se ejerciten en él.
14 He visto todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo es vanidad y aflicción de espíritu.
15 Lo torcido no se puede enderezar: y lo que falta no se puede contar.
16 Hablé con mi propio corazón, diciendo: He aquí, he llegado a grandeza, y he adquirido más sabiduría que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén: sí, mi corazón tuvo gran experiencia de sabiduría y conocimiento.
17 Y di mi corazón a conocer la sabiduría, y a conocer la locura y la insensatez: percibí que esto también es aflicción de espíritu.
18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha aflicción: y el que aumenta el conocimiento aumenta el dolor.
Capítulo 2
1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes; mas he aquí, esto también era vanidad.
2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?
3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, y asirme de la insensatez, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.
4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;
5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.
6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.
7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.
8 Me amontoné también plata y oro, y el tesoro preciado de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, y de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.
9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, mi sabiduría permaneció conmigo.
10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de todo mi trabajo.
11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y no había provecho debajo del sol.
12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y la locura y la insensatez; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.
13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la insensatez, como la luz a las tinieblas.
14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso les acontecerá a todos.
15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, así me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, fui entonces más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.
16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros todo será olvidado. ¿Y cómo muere el sabio? Como el necio.
17 Por tanto, aborrecí la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era penosa; porque todo es vanidad y aflicción de espíritu.
18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había tomado debajo del sol, el cual habré de dejar al hombre que vendrá después de mí.
19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio? Y él se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo trabajé, y en que mostré sabiduría debajo del sol. Esto también es vanidad.
20 Por tanto, volví a hacer que mi corazón desesperase de todo el trabajo que tomé debajo del sol.
21 Porque hay hombre cuyo trabajo es con sabiduría y con ciencia y con rectitud; y, sin embargo, a un hombre que nunca trabajó en ello habrá de dejarlo como su porción. Esto también es vanidad y un mal grande.
22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la aflicción de su corazón, con que se afana debajo del sol?
23 Porque todos sus días son dolores, y su trabajo aflicción; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.
24 No hay cosa mejor para el hombre, sino que coma y beba, y que haga que su alma goce del bien en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Yahweh.
25 Porque ¿quién comerá, y quién se apresurará a ello, más que yo?
26 Porque Yahweh da al hombre que es bueno a sus ojos sabiduría, y ciencia, y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que es bueno delante de Yahweh. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Capítulo 3
1 Para toda cosa hay sazón, y un tiempo para todo propósito debajo del cielo:
2 tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de derribar, y tiempo de edificar;
4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de danzar;
5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
6 tiempo de adquirir, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
7 tiempo de rasgar, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
10 Yo he visto el trabajo que Yahweh ha dado a los hijos de los hombres para que se ejerciten en él.
11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; también ha puesto el mundo en el corazón de ellos, de modo que el hombre no puede descubrir la obra que Yahweh hace desde el principio hasta el fin.
12 Yo sé que no hay bien en ellos, sino que el hombre se alegre, y haga bien en su vida.
13 Y también que todo hombre coma y beba, y goce del bien de todo su trabajo, es don de Yahweh.
14 Sé que todo lo que Yahweh hace será para siempre; nada se le puede añadir, ni nada se le puede quitar; y Yahweh lo hace, para que los hombres teman delante de él.
15 Lo que ha sido, ya es ahora; y lo que ha de ser, ya ha sido; y Yahweh requiere lo que ha pasado.
16 Y además vi debajo del sol el lugar del juicio, que allí estaba la impiedad; y el lugar de la justicia, que allí estaba la iniquidad.
17 Dije en mi corazón: Yahweh juzgará al justo y al impío; porque allí hay un tiempo para todo propósito y para toda obra.
18 Dije en mi corazón, acerca de la condición de los hijos de los hombres, que Yahweh los manifestaría, y que ellos vieran que ellos mismos son bestias.
19 Porque lo que acontece a los hijos de los hombres acontece a las bestias; una misma cosa les acontece: como muere el uno, así muere la otra; y todos tienen un mismo aliento; de modo que el hombre no tiene preeminencia sobre la bestia; porque todo es vanidad.
20 Todo va a un mismo lugar; todo es del polvo, y todo vuelve al polvo.
21 ¿Quién sabe que el espíritu del hombre sube arriba, y que el espíritu de la bestia desciende abajo a la tierra?
22 Por lo cual percibo que no hay cosa mejor, sino que el hombre se alegre en sus propias obras; porque esta es su porción; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que será después de él?
Capítulo 4
1 Volví, y consideré todas las opresiones que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y no tenían consolador; y del lado de sus opresores había poder; pero ellos no tenían consolador.
2 Por lo cual alabé a los muertos que ya murieron, más que a los vivos que aún viven.
3 Y mejor que unos y otros es el que aún no ha sido, que no ha visto la mala obra que se hace debajo del sol.
4 Consideré además todo trabajo, y toda obra recta, que por esto el hombre es envidiado de su prójimo. Esto también es vanidad y aflicción de espíritu.
5 El necio cruza sus manos, y come su propia carne.
6 Mejor es un puñado con quietud, que ambas manos llenas con trabajo y aflicción de espíritu.
7 Volví, y vi vanidad debajo del sol.
8 Hay uno solo, y no hay segundo; no tiene ni hijo ni hermano; y, sin embargo, no hay fin de todo su trabajo, ni se sacian sus ojos de riquezas; ni dice: ¿Para quién trabajo yo, y privo a mi alma del bien? Esto también es vanidad, y es un penoso trabajo.
9 Dos son mejores que uno; porque tienen mejor recompensa por su trabajo.
10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del que está solo cuando cayere!, porque no tendrá otro que lo levante.
11 También, si dos se acostaren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?
12 Y si uno prevaleciere contra él, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.
13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio, que ya no admite amonestación.
14 Porque de la cárcel sale para reinar; mientras que también el que nació en su reino se empobrece.
15 Consideré a todos los vivos que andan debajo del sol, con el segundo muchacho que se levantará en su lugar.
16 No hay fin de todo el pueblo, aun de todos los que fueron antes de ellos; tampoco los que vengan después se alegrarán de él. Ciertamente esto también es vanidad y aflicción de espíritu.
Capítulo 5
1 Guarda tu pie cuando fueres a la casa de Yahweh, y acércate más para oír, que para dar el sacrificio de los necios; porque ellos no consideran que hacen mal.
2 No seas precipitado con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir cosa alguna delante de Yahweh; porque Yahweh está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.
3 Porque el sueño viene por la multitud de ocupaciones; y la voz del necio se conoce por la multitud de palabras.
4 Cuando hicieres voto a Yahweh, no tardes en cumplirlo; porque él no se complace en los necios: cumple lo que has prometido.
5 Mejor es que no prometas, que prometas y no cumplas.
6 No permitas que tu boca haga pecar a tu carne; ni digas delante del ángel, que fue un error. ¿Por qué habría de enojarse Yahweh a causa de tu voz, y destruir la obra de tus manos?
7 Porque en la multitud de sueños y en las muchas palabras hay también diversas vanidades; mas tú, teme a Yahweh.
8 Si vieres la opresión del pobre, y la perversión violenta del juicio y de la justicia en una provincia, no te maravilles de ello; porque el que es más alto que el alto vigila; y hay más altos que ellos.
9 Además, el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo es servido por el campo.
10 El que ama la plata no se saciará de plata; ni el que ama la abundancia, del aumento. Esto también es vanidad.
11 Cuando aumentan los bienes, aumentan también los que los comen; ¿y qué bien hay para sus dueños, sino verlos con sus ojos?
12 Dulce es el sueño del hombre que trabaja, coma poco o mucho; pero la abundancia del rico no le dejará dormir.
13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol, a saber, las riquezas guardadas por sus dueños para su mal;
14 pero esas riquezas perecen en mala ocupación; y él engendra un hijo, y nada queda en su mano.
15 Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, yéndose tal como vino; y nada tomará de su trabajo, que pueda llevar en su mano.
16 Y esto también es un mal doloroso, que en todo como vino, así haya de irse; ¿y qué provecho tiene el que ha trabajado para el viento?
17 Todos sus días, además, come en tinieblas, y tiene mucho dolor e ira con su enfermedad.
18 He aquí lo que he visto: que es bueno y hermoso que uno coma y beba, y goce del bien de todo su trabajo que toma debajo del sol, todos los días de su vida que Yahweh le da; porque esta es su porción.
19 Asimismo, a todo hombre a quien Yahweh ha dado riquezas y bienes, y le ha dado poder para comer de ellos, y para tomar su porción, y para gozarse en su trabajo, esto es don de Yahweh.
20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida, porque Yahweh le responde en el gozo de su corazón.
Capítulo 6
1 Hay un mal que he visto debajo del sol, y es común entre los hombres:
2 Un hombre a quien Yahweh ha dado riquezas, bienes y honra, de modo que nada le falta a su alma de todo lo que desea; y, sin embargo, Yahweh no le da poder para comer de ello, sino que un extraño lo come. Esto es vanidad, y es una enfermedad mala.
3 Si un hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, de modo que los días de sus años fueren muchos, y su alma no se llenare del bien, y tampoco tuviere sepultura; digo que un nacido a destiempo es mejor que él.
4 Porque él viene en vanidad, y se va en tinieblas, y su nombre será cubierto con tinieblas.
5 Además, no ha visto el sol, ni ha conocido cosa alguna; este tiene más reposo que el otro.
6 Y aunque viviere mil años dos veces contados, y no haya visto bien alguno: ¿no van todos a un mismo lugar?
7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y, sin embargo, el apetito no se llena.
8 Porque ¿qué tiene el sabio más que el necio? ¿Qué tiene el pobre, que sabe andar delante de los vivos?
9 Mejor es la vista de los ojos que el divagar del deseo; esto también es vanidad y aflicción de espíritu.
10 Lo que ha sido ya tiene nombre, y se sabe que es hombre; y no puede contender con el que es más poderoso que él.
11 Por cuanto hay muchas cosas que aumentan la vanidad, ¿qué provecho tiene el hombre?
12 Porque ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre en esta vida, todos los días de su vida vana que pasa como sombra? Porque ¿quién puede decir al hombre lo que será después de él debajo del sol?
Capítulo 7
1 Mejor es el buen nombre que el ungüento precioso; y el día de la muerte, que el día del nacimiento.
2 Mejor es ir a la casa del luto, que ir a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive lo pondrá en su corazón.
3 Mejor es el dolor que la risa; porque con la tristeza del semblante el corazón se hace mejor.
4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los necios, en la casa de la alegría.
5 Mejor es oír la reprensión del sabio, que el hombre oiga el canto de los necios.
6 Porque como el crepitar de los espinos debajo de la olla, así es la risa del necio; esto también es vanidad.
7 Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio; y el don destruye el corazón.
8 Mejor es el fin de una cosa que su principio; y el paciente de espíritu es mejor que el altivo de espíritu.
9 No seas apresurado en tu espíritu para enojarte; porque la ira reposa en el seno de los necios.
10 No digas: ¿Cuál es la causa de que los días pasados fueron mejores que estos? Porque no preguntas sabiamente acerca de esto.
11 Buena es la sabiduría con herencia; y por ella hay provecho para los que ven el sol.
12 Porque la sabiduría es defensa, y el dinero es defensa; pero la excelencia del conocimiento es que la sabiduría da vida a los que la tienen.
13 Considera la obra de Yahweh; porque ¿quién podrá enderezar lo que él ha torcido?
14 En el día de la prosperidad sé gozoso, pero en el día de la adversidad considera: Yahweh ha puesto tanto lo uno frente a lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.
15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad: hay justo que perece en su justicia, y hay impío que prolonga su vida en su maldad.
16 No seas demasiado justo, ni te hagas demasiado sabio; ¿por qué habrás de destruirte?
17 No seas demasiado impío, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?
18 Bueno es que te asgas de esto; y también de aquello no apartes tu mano; porque el que teme a Yahweh saldrá bien en todo.
19 La sabiduría fortalece al sabio más que diez hombres poderosos que haya en la ciudad.
20 Porque no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.
21 Tampoco pongas tu corazón en todas las palabras que se hablan, para que no oigas a tu siervo maldecirte;
22 porque muchas veces también tu propio corazón sabe que tú mismo asimismo has maldecido a otros.
23 Todo esto he probado con sabiduría: dije: Seré sabio; pero estaba lejos de mí.
24 Lo que está lejos, y sumamente profundo, ¿quién lo hallará?
25 Apliqué mi corazón a conocer, y a examinar, y a buscar la sabiduría, y la razón de las cosas, y a conocer la maldad de la insensatez, aun de la necedad y la locura;
26 y hallo más amarga que la muerte a la mujer, cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Yahweh escapará de ella; mas el pecador será preso por ella.
27 He aquí, esto he hallado, dice el Predicador, contando una por una, para hallar la cuenta;
28 lo que aún busca mi alma, y no hallo: un hombre entre mil he hallado; pero una mujer entre todas estas no he hallado.
29 He aquí, solamente esto he hallado: que Yahweh hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas invenciones.
Capítulo 8
1 ¿Quién como el sabio? ¿Y quién conoce la interpretación de una cosa? La sabiduría del hombre hace resplandecer su rostro, y la dureza de su rostro se mudará.
2 Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey, y esto por causa del juramento de Yahweh.
3 No te apresures a salir de su presencia; no persistas en cosa mala; porque él hará todo lo que le plazca.
4 Donde está la palabra del rey, allí hay poder; ¿y quién le dirá: ¿Qué haces?
5 El que guarda el mandamiento no sentirá cosa mala; y el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio.
6 Porque para todo propósito hay tiempo y juicio; por tanto, la miseria del hombre es grande sobre él.
7 Porque no sabe lo que ha de ser; porque ¿quién le puede decir cuándo será?
8 No hay hombre que tenga poder sobre el espíritu para retener el espíritu; ni tiene poder en el día de la muerte; y no hay licencia en esa guerra; ni la impiedad librará a los que se entregan a ella.
9 Todo esto he visto, y he aplicado mi corazón a toda obra que se hace debajo del sol: hay un tiempo en que un hombre se enseñorea de otro para su propio mal.
10 Y así vi a los impíos sepultados, que habían venido y salido del lugar santo, y eran olvidados en la ciudad donde así habían hecho. Esto también es vanidad.
11 Por cuanto la sentencia contra la mala obra no se ejecuta pronto, por eso el corazón de los hijos de los hombres está en ellos plenamente dispuesto para hacer el mal.
12 Aunque el pecador haga mal cien veces, y sus días sean prolongados, con todo yo sé ciertamente que les irá bien a los que temen a Yahweh, los que temen delante de él;
13 pero no le irá bien al impío, ni prolongará sus días, que son como sombra; porque no teme delante de Yahweh.
14 Hay una vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes acontece según la obra de los impíos; y hay impíos a quienes acontece según la obra de los justos. Dije que esto también es vanidad.
15 Entonces alabé la alegría, porque el hombre no tiene cosa mejor debajo del sol, sino que coma, y beba, y se alegre; porque esto le quedará de su trabajo los días de su vida que Yahweh le da debajo del sol.
16 Cuando apliqué mi corazón a conocer la sabiduría, y a ver la ocupación que se hace sobre la tierra (porque también hay quien ni de día ni de noche ve sueño en sus ojos),
17 entonces contemplé toda la obra de Yahweh, que el hombre no puede descubrir la obra que se hace debajo del sol; porque aunque el hombre trabaje para buscarla, no la hallará; y aun más; aunque el sabio piense conocerla, no podrá hallarla.
Capítulo 9
1 Porque todo esto consideré en mi corazón, aun para declarar todo esto: que los justos, y los sabios, y sus obras, están en la mano de Yahweh; ningún hombre conoce ni el amor ni el odio por todo lo que está delante de ellos.
2 Todo acontece igualmente a todos: un mismo suceso hay para el justo y para el impío; para el bueno y para el limpio, y para el impuro; para el que sacrifica, y para el que no sacrifica; como el bueno, así el pecador; y el que jura, como el que teme el juramento.
3 Este es un mal entre todo lo que se hace debajo del sol, que hay un mismo suceso para todos; y también el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal, y la locura está en su corazón mientras viven, y después de esto van a los muertos.
4 Porque para el que está unido a todos los vivos hay esperanza; porque mejor es un perro vivo que un león muerto.
5 Porque los vivos saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen ya recompensa alguna; porque su memoria es olvidada.
6 También su amor, y su odio, y su envidia, ya perecieron; y nunca más tienen parte en cosa alguna que se hace debajo del sol.
7 Ve por tu camino, come tu pan con gozo, y bebe tu vino con corazón alegre; porque Yahweh ya acepta tus obras.
8 Sean siempre blancos tus vestidos; y no falte ungüento sobre tu cabeza.
9 Vive gozosamente con la mujer que amas todos los días de la vida de tu vanidad, que él te ha dado debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu porción en esta vida, y en tu trabajo que tomas debajo del sol.
10 Todo lo que tu mano hallare para hacer, hazlo con tu fuerza; porque no hay obra, ni invención, ni conocimiento, ni sabiduría, en la sepultura, adonde vas.
11 Volví, y vi debajo del sol, que la carrera no es de los ligeros, ni la batalla de los fuertes, ni tampoco el pan de los sabios, ni tampoco las riquezas de los hombres de entendimiento, ni tampoco el favor de los hombres de habilidad; sino que el tiempo y la ocasión les acontecen a todos.
12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la red mala, y como las aves que son atrapadas en la trampa, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae súbitamente sobre ellos.
13 Esta sabiduría he visto también debajo del sol, y me pareció grande:
14 Había una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y vino contra ella un gran rey, y la sitió, y edificó contra ella grandes baluartes;
15 y se halló en ella un hombre pobre y sabio, y él con su sabiduría libró a la ciudad; y, sin embargo, ningún hombre se acordó de aquel mismo hombre pobre.
16 Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza; sin embargo, la sabiduría del pobre es despreciada, y sus palabras no son escuchadas.
17 Las palabras de los sabios se oyen en quietud más que el clamor del que gobierna entre los necios.
18 Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un solo pecador destruye mucho bien.
Capítulo 10
1 Las moscas muertas hacen que el ungüento del perfumista despida mal olor; así una pequeña insensatez, al que tiene reputación de sabiduría y honra.
2 El corazón del sabio está a su mano derecha; mas el corazón del necio, a su izquierda.
3 Y también, cuando el que es necio anda por el camino, le falta su sabiduría, y dice a todos que es necio.
4 Si el espíritu del gobernante se levanta contra ti, no dejes tu lugar; porque el ceder apacigua grandes ofensas.
5 Hay un mal que he visto debajo del sol, como un error que procede del gobernante:
6 La insensatez está puesta en gran dignidad, y los ricos se sientan en lugar bajo.
7 He visto siervos a caballo, y príncipes andando como siervos sobre la tierra.
8 El que cava un hoyo caerá en él; y el que rompe un vallado, le morderá una serpiente.
9 El que remueve piedras será herido con ellas; y el que parte leña será puesto en peligro por ella.
10 Si el hierro se embota, y él no amuela el filo, entonces habrá de poner más fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir.
11 Ciertamente la serpiente morderá sin encantamiento; y el charlatán no es mejor.
12 Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia; pero los labios del necio lo devorarán a él mismo.
13 El principio de las palabras de su boca es insensatez; y el fin de su hablar es locura perniciosa.
14 El necio también está lleno de palabras; el hombre no puede decir lo que será; y lo que será después de él, ¿quién se lo puede decir?
15 El trabajo de los necios cansa a cada uno de ellos, porque no sabe cómo ir a la ciudad.
16 ¡Ay de ti, oh tierra, cuando tu rey es un niño, y tus príncipes comen de mañana!
17 Bienaventurada eres tú, oh tierra, cuando tu rey es el hijo de nobles, y tus príncipes comen a su tiempo, para reponer fuerzas, y no para embriaguez.
18 Por la mucha pereza el edificio se cae; y por la flojedad de las manos la casa gotea.
19 El banquete se hace para reír, y el vino alegra; pero el dinero responde a todas las cosas.
20 No maldigas al rey, ni siquiera en tu pensamiento; y no maldigas al rico en tu dormitorio; porque un ave del cielo llevará la voz, y lo que tiene alas hará saber el asunto.
Capítulo 11
1 Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.
2 Da una porción a siete, y también a ocho; porque no sabes qué mal vendrá sobre la tierra.
3 Si las nubes están llenas de lluvia, se vacían sobre la tierra; y si el árbol cae hacia el sur, o hacia el norte, en el lugar donde el árbol cayere, allí estará.
4 El que observa el viento no sembrará; y el que mira las nubes no segará.
5 Como no sabes cuál es el camino del espíritu, ni cómo crecen los huesos en el vientre de la que está encinta, así no conoces las obras de Yahweh, que hace todas las cosas.
6 Por la mañana siembra tu semilla, y por la tarde no retengas tu mano; porque no sabes cuál prosperará, si esto o aquello, o si ambos serán igualmente buenos.
7 En verdad la luz es dulce, y cosa agradable es para los ojos contemplar el sol;
8 pero si un hombre vive muchos años, y se goza en todos ellos, acuérdese, sin embargo, de los días de tinieblas; porque serán muchos. Todo lo que viene es vanidad.
9 Alégrate, joven, en tu juventud; y alégrese tu corazón en los días de tu juventud, y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos; pero sabe que por todas estas cosas Yahweh te traerá a juicio.
10 Por tanto, aparta el dolor de tu corazón, y aparta el mal de tu carne; porque la infancia y la juventud son vanidad.
Capítulo 12
1 Acuérdate ahora de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: No tengo placer en ellos;
2 antes que se oscurezcan el sol, o la luz, o la luna, o las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;
3 en el día en que temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque son pocas, y se oscurecerán los que miran por las ventanas,
4 y las puertas de las calles se cerrarán, cuando el sonido de la muela sea bajo, y él se levante a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas;
5 también cuando temerán de lo que es alto, y habrá temores en el camino, y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y el deseo faltará; porque el hombre va a su morada eterna, y los endecheros andarán por las calles;
6 antes que se rompa el cordón de plata, o se quiebre el cuenco de oro, o se rompa el cántaro junto a la fuente, o se rompa la rueda junto a la cisterna.
7 Entonces el polvo volverá a la tierra, como era; y el espíritu volverá a Yahweh, que lo dio.
8 Vanidad de vanidades, dice el Predicador; todo es vanidad.
9 Y además, por cuanto el Predicador fue sabio, aún enseñó conocimiento al pueblo; sí, prestó buena atención, y escudriñó, y compuso muchos proverbios en orden.
10 El Predicador procuró hallar palabras aceptables; y lo que fue escrito era recto, palabras de verdad.
11 Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos hincados por los maestros de las congregaciones, que son dados por un solo pastor.
12 Y además de estas cosas, hijo mío, sé amonestado: de hacer muchos libros no hay fin; y el mucho estudio es fatiga de la carne.
13 Oigamos la conclusión de todo el asunto: Teme a Yahweh, y guarda sus mandamientos; porque esto es todo el deber del hombre.
14 Porque Yahweh traerá toda obra a juicio, con toda cosa secreta, sea buena o sea mala.