El Martirio de Policarpo
Conservado: transcripción editada del Nombre Sagrado a partir de las fotografías de David Farkas de la fuente impresa — The Complete 70 Book Apocrypha, pp. impresas 431–434: completo tal como fue fotografiado (traducción de Hoole, tal como está impresa).
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El martirio de Policarpo
EL MARTIRIO DE SAN POLICARPO, OBISPO DE ESMIRNA — Traducción de Charles H. Hoole' de 1885
Introducción 1 La iglesia de Yahweh que está en Esmirna, a la iglesia de Yahweh que se aloja en Filomelia, y a todos los asentamientos de la santa y católica Iglesia en todos los lugares, misericordia, paz y amor de Yahweh el Padre y nuestro Yeshua el Mesías se multiplicará para ustedes.
CAPÍTULO 1 1:1 Os hemos escrito, hermanos, las cosas acerca de los que fueron martirizados, y acerca del bendito Policarpo, que hizo cesar la persecución, habiendo como quien puso su sello a ella por su testimonio. Porque casi todas las cosas que fueron antes sucedieron para que Yahweh nos mostrara desde arriba el testimonio que es según el evangelio;
1:2 porque sufrió ser traicionado, así como lo hizo Yeshua, para que podamos ser sus imitadores, no sólo considerando las cosas que nos conciernen a nosotros mismos, sino también las cosas que conciernen a nuestros prójimos; porque pertenece al amor verdadero y firme no sólo el deseo de salvarse a sí mismo, sino también que todos los hermanos sean salvos.
CAPÍTULO 2 2:1 Benditos, pues, y nobles son todos los testimonios que sucedieron según la voluntad de Yahweh, porque es recto que seamos tanto más cuidadosos, y que atribuyamos a Yahweh la autoridad sobre todas las cosas.
2:2 Porque ¿quién no admiraría su nobleza y perseverancia y obediencia? quienes, aunque fueron desgarrados con azotes de modo que la disposición interna de su carne se hizo evidente hasta las venas y arterias de dentro, lo soportaron, de modo que incluso los espectadores se compadecieron de ellos y se lamentaron por ellos; y que otros llegaron incluso a tal punto de nobleza que ninguno de ellos sollozaría ni gemiría, mostrando a todos nosotros que en esa hora los mártires del Mesías partieron siendo torturados en la carne, o más bien que Yeshua, estando presente, se asoció con ellos.
2:3 Y aplicándose a la gracia del Mesías, despreciaron el tormento de este mundo, comprando por la perseverancia de una sola hora la remisión del castigo eterno; y el fuego de sus duros torturadores les fue frío, porque tenían ante sus ojos escapar del fuego eterno y nunca apagado; y con los ojos de su corazón miraban hacia arriba a las cosas buenas que están reservadas para los que perseveran, que ni oído ha oído, ni ojo ha visto, ni ha entrado en el corazón del hombre; pero que fueron mostradas por Yeshua a ellos, que ya no eran hombres, sino ya ángeles.
2:4 Y de la misma manera, los que habían sido condenados a las bestias sufrieron un castigo terrible, acostados en camas de puntas, y fueron castigados con varias otras torturas, para que, si era posible, el tirano los convirtiera por un castigo persistente a una negación de la fe.
CAPÍTULO 3 3:1 Porque el diablo maquinó muchas cosas contra ellos, pero gracias sean dadas a Yahweh, porque no prevaleció contra todos. Porque el muy noble Germánico fortaleció su cobardía por medio de la paciencia que había en él, quien también de manera notable luchó contra las bestias. Porque cuando el procónsul lo habría persuadido, encargándole que tuviera compasión de su juventud, él atrajo sobre sí a la bestia por la fuerza, deseando ser liberado cuanto antes de su vida injusta y sin ley.
3:2 De esto, por tanto, toda la multitud, maravillándose de la nobleza de la raza de cristianos que ama a Yahweh y teme a Yahweh, gritó: ¡Fuera los Ateos; que se busque a Policarpo! CAPÍTULO 4 4:1 Pero un cierto hombre llamado Quinto, un frigio, que había venido recientemente de Frigia, cuando vio las bestias, tuvo miedo. Este era el que se constriñó a sí mismo y a otros a venir por su propia voluntad. A este hombre, el procónsul, con mucha insistencia, lo persuadió a jurar y a sacrificar. Por esta causa, hermanos, no alabamos a los que se entregan a sí mismos, ya que el evangelio no enseña así. CAPÍTULO 5 5:1 Pero el admirable Policarpo al principio, cuando oyó estas cosas, no se turbó, sino que deseó permanecer en la ciudad. Pero la mayoría lo persuadió a retirarse en secreto; y partió en secreto a una villa no lejos de la ciudad, y permaneció allí con unos pocos hombres, no haciendo otra cosa ni de noche ni de día sino orar acerca de todos los hombres, y por las iglesias que están en el mundo, como era su costumbre. 5:2 y mientras oraba cayó en un trance tres días antes de ser tomado, y vio su almohada ardiendo con fuego, y se volvió y dijo proféticamente a los que estaban con él: Debo ser quemado vivo. CAPÍTULO 6 6:1 Y cuando los que lo buscaban continuaron en la persecución, él partió a otra villa, y de inmediato vinieron los que lo buscaban. Y cuando no lo encontraron, aprehendieron a dos muchachos, de los cuales uno, cuando fue puesto a la tortura, confesó. 6:2 Porque era imposible que él escapara de su atención, ya que los que lo traicionaron eran de su propia casa. Porque el Eirenarca, que es el mismo oficio que Cleronomo, Herodes de nombre, se apresuró a llevarlo a la arena, para que él en verdad cumpliera su suerte propia, haciéndose partícipe del Mesías, y para que los que lo traicionaron sufrieran el mismo castigo que Judas. CAPÍTULO 7 7:1 Teniendo, por tanto, con ellos al muchacho, en el día de la preparación, a la hora de la cena, salieron perseguidores y jinetes, con sus armas acostumbradas, como saliendo contra un ladrón. Y habiendo partido juntos tarde en la noche, lo encontraron acostado en una cierta casa, en una cámara alta. Y él podría haber partido de allí a otro lugar, pero no quiso, diciendo: La voluntad de Yahweh sea hecha. 7:2 Y cuando oyó que ellos estaban presentes, descendió y habló con ellos. Y los que estaban presentes se maravillaron del vigor de su edad y de su solidez de cuerpo, y de que hubieran tenido que usar tanto esfuerzo para capturar a un hombre tan anciano. De inmediato mandó que se pusiera ante ellos comida y bebida a esa hora, tanta como desearan, y les pidió que le concedieran una hora para orar sin molestia. 7:3 Y cuando se lo permitieron, se puso de pie y oró, estando lleno de la gracia de Yahweh, de modo que no pudo estar en silencio por dos horas, y los que lo oyeron se asombraron, y muchos se arrepintieron de haber venido contra un anciano tan divino. CAPÍTULO 8 8:1 Y cuando había terminado su oración, habiendo hecho mención de todos los que en algún momento habían tenido contacto con él, tanto pequeños como grandes, nobles e innobles, y de toda la Iglesia Católica en todo el mundo, cuando la hora de su partida había llegado, habiéndolo sentado en un asno, lo llevaron a la ciudad, siendo el gran Sábado. 8:2 Y el Eirenarca Herodes y su padre Nicetes lo encontraron en un carruaje, quienes, habiéndolo transferido a su carro, sentándose junto a él, lo habrían persuadido, diciendo: ¿Qué daño hay en decir: César, César, y sacrificar, y hacer cosas semejantes, y así ser salvado? Pero él al principio no les respondió; pero cuando insistieron, dijo: No haré lo que me aconsejáis. 8:3 Pero ellos, cuando hubieron fracasado en persuadirlo, le dijeron palabras terribles, y lo empujaron con tal prisa del carruaje que al descender del carro se rozó la espinilla. Y no prestando atención a ello, como si no hubiera sufrido nada, procedió con celo y con afán, siendo llevado a la arena, habiendo tal ruido en la arena que nadie podía ni siquiera ser oído. CAPÍTULO 9 9:1 Pero a Policarpo, al entrar él en la arena, le vino una voz del cielo, diciendo: Sé fuerte, y pórtate como hombre, oh Policarpo. Y al que habló ningún hombre vio; pero la voz la oyeron los de nuestro pueblo que estaban presentes. Y cuando él fue introducido hubo un gran tumulto, cuando los hombres oyeron que Policarpo estaba aprehendido. 9:2 Entonces, cuando él hubo sido introducido, el procónsul le preguntó si él era Policarpo. Y cuando él confesó, lo habría persuadido a negar, diciendo: Ten respeto a tu edad, y otras cosas semejantes, como es su costumbre decir: Jura por las fortunas de César; Arrepiéntete; Di: ¡Fuera los Ateos! Pero Policarpo, cuando hubo mirado con rostro grave a toda la multitud de paganos sin ley en la arena, habiéndoles hecho seña con su mano, suspiró, y mirando hacia el cielo, dijo: ¡Fuera los Ateos! 9:3 Y cuando el procónsul lo presionó, y dijo: Jura, y te liberaré, revila al Mesías; Policarpo dijo: Ochenta y seis años le he servido, y en nada me ha ofendido; ¿y cómo, entonces, puedo blasfemar a mi Rey, que me salvó? CAPÍTULO 10 10:1 Pero cuando él de nuevo insistió, y dijo: Jura por la fortuna de César, él respondió: Si tú confías vanamente en que yo juraré por la fortuna de César, como sugieres, y pretendes ser ignorante de mí quién soy, escucha distintamente: Yo soy cristiano. Pero si deseas aprender el esquema del Cristianismo, dame un día para hablar, y escúchame. 10:2 El procónsul dijo: Persuade al pueblo. Pero Policarpo dijo: A ti en verdad te he considerado digno de recibir explicación, porque hemos sido enseñados a render el honor que es apropiado, y que no nos perjudica, a las potestades y autoridades ordenadas por Yahweh; pero a esos no los considero dignos de que haga mi defensa ante ellos. CAPÍTULO 11 11:1 Pero el procónsul le dijo: Tengo bestias; te entregaré a ellas, a menos que te arrepientas. Pero él dijo: Llámalas, porque el arrepentimiento de lo mejor a lo peor es imposible para nosotros; pero es cosa buena cambiar de las obras malas a las justas. 11:2 Pero él le dijo de nuevo: Haré que seas consumido por el fuego si desprecias las bestias, a menos que te arrepientas. Pero Policarpo dijo: Me amenazas con fuego que arde solo por una temporada, y pronto se apaga. Porque eres ignorante del fuego del juicio venidero, y del castigo eterno reservado para los malvados. Pero ¿por qué te demoras? Trae lo que desees. CAPÍTULO 12 12:1 Mientras él decía estas y más cosas, estaba lleno de valor y gozo, y su rostro estaba lleno de gracia; de modo que no solo no estaba turbado y confundido por las cosas que se le decían, sino que, por el contrario, el procónsul se asombró, y envió a su heraldo al medio de la arena a proclamar por tercera vez: Policarpo ha confesado ser cristiano. 12:2 Cuando esto hubo sido dicho por el heraldo, toda la multitud, tanto de Gentiles como de Judíos, que habitan en Esmirna, con ira incontenible y una voz fuerte, gritó: Este es el maestro de la impiedad, el padre de los Cristianos, el destructor de vuestros dioses, que enseña a muchos ni a sacrificar ni a adorar a los dioses. Diciendo estas cosas, gritaron, y pidieron al Asiarca Felipe que soltara un león a Policarpo. Pero Felipe respondió que no le era lícito hacerlo, ya que había terminado la exhibición de bestias. 12:3 Entonces les pareció bien gritar con una sola voz que Policarpo debería ser quemado vivo; porque era necesario que la visión que se le apareció en su almohada fuera cumplida, cuando al verla ardiendo, él oró, y dijo proféticamente, volviéndose a los fieles que estaban con él: Debo ser quemado vivo. CAPÍTULO 13 13:1 Estas cosas, por tanto, sucedieron con tan gran rapidez, que tomaron menos tiempo que la narración, la multitud recogiendo rápidamente leños y maleza de los talleres y baños, los Judíos especialmente prestando sus servicios con celo para este propósito, como es su costumbre. 13:2 Pero cuando la pira estaba lista, habiendo quitado todas sus vestiduras, y habiendo aflojado su cinturón, intentó quitarse los zapatos; no teniendo la costumbre de hacer esto previamente, porque cada uno de los fieles solía esforzarse por ser el primero en tocar su cuerpo, porque, a causa de su buena conversación, él estaba, incluso antes de su martirio, adornado con todo buen don. 13:3 De inmediato, por tanto, se pusieron alrededor de él los instrumentos preparados para la pira. Y cuando ellos también iban a clavarlo a ella, él dijo: Dejadme así, porque aquel que me dio soportar el fuego también me permitirá, sin la seguridad de vuestros clavos, permanecer en la pira sin moverme. CAPÍTULO 14 14:1 Ellos, por tanto, no lo clavaron, sino que lo ataron. Pero él, habiendo colocado sus manos detrás de él, y estando atado, como un notable carnero designado para ofrenda de un gran rebaño, preparado como una ofrenda quemada entera aceptable a Yahweh, habiendo mirado hacia el cielo, dijo: Oh Yahweh, el Todopoderoso Elohim, Padre de tu amado y bendito Hijo Yeshua el Mesías, por medio de quien hemos recibido nuestro conocimiento acerca de ti, el Elohim de ángeles y potestades, y de toda la creación, y de toda la raza de los justos que vivieron ante ti, 14:2 te doy gracias de que me has considerado digno de este día y hora, de que tenga mi porción en el número de los mártires, en la copa de tu Mesías, para la resurrección de la vida eterna, tanto del alma como del cuerpo, en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Entre estos sea yo recibido ante ti este día como un sacrificio rico y aceptable, así como tú has preparado y hecho manifiesto de antemano, y has cumplido, tú que eres el Yahweh sin error y verdadero. 14:3 Por esta causa, y acerca de todas las cosas, te alabo, te bendigo, te glorifico, junto con el eterno y celestial Yeshua el Mesías tu amado Hijo, con quien a ti y al Espíritu Santo sea gloria tanto ahora como para siempre. Amén. CAPÍTULO 15 15:1 Y cuando él hubo pronunciado el Amén, y hubo terminado su oración, los hombres que supervisaban el fuego lo encendieron. Y una gran llama brotando, nosotros, a quienes fue dado ver, vimos una gran maravilla; porque para este fin también fuimos preservados, para que pudiéramos anunciar lo que sucedió al resto de la humanidad. 15:2 Porque el fuego, asumiendo la forma de una bóveda, como la vela de una embarcación llena con el viento, defendió el cuerpo del mártir alrededor; y estaba en el medio de la llama no como carne quemándose, sino como pan siendo horneado, o como oro y plata brillando en el horno. Y percibimos un aroma tan dulce, como de la respiración de incienso, o algún otro perfume precioso. CAPÍTULO 16 16:1 Al fin estos hombres malvados, percibiendo que su cuerpo no podía ser consumido por el fuego, mandaron al matarife que se acercara y hundiera una espada. Y cuando él hubo hecho esto, salió una paloma y una abundancia de sangre, de modo que apagó el fuego, y toda la multitud se maravilló de que hubiera tal diferencia entre los incrédulos y los elegidos. 16:2 De los cuales este admirable mártir Policarpo fue uno, habiendo sido en nuestro tiempo un maestro apostólico y profético, y obispo de la iglesia Católica que está en Esmirna. Porque cada palabra que él pronunció de su boca tanto ha sido cumplida como será cumplida. CAPÍTULO 17 17:1 Pero el maligno, que es el oponente y envidiador, que es el enemigo de la raza de los hombres, contemplando tanto la grandeza de su testimonio como su conversación impecable desde el principio, cómo fue coronado con una corona de inmortalidad, y cómo se llevó un premio que no podía ser impugnado, maquinó que ni siquiera una reliquia de él fuera tomada por nosotros, aunque muchos deseaban hacer esto, y comunicar con su carne santa. 17:2 Él sobornó, por tanto, a Nicetes, el padre de Herodes, y el hermano de Alce, para que intercediera con el gobernador para que no diera su cuerpo a la tumba: No sea, dijo él, que abandonen al crucificado y comiencen a adorar a este hombre. Y estas cosas ellos dijeron a sugerencia e instancia de los Judíos, que también mantuvieron vigilancia cuando estábamos por tomar el cuerpo del fuego, no sabiendo que nunca podremos abandonar al Mesías, que sufrió por la salvación de todo el mundo de los que son salvados, el impecable en favor de los pecadores, ni adorar a nadie más. 17:3 A Él adoramos como al Hijo de Yahweh; pero a los mártires, como discípulos e imitadores de Yeshua, los amamos según sus méritos, a causa de su incomparable amor por su Rey y Maestro, con quien sea nuestra suerte ser socios y co-discípulos. CAPÍTULO 18 18:1 Por tanto, el centurión, viendo la contienda que había surgido entre los Judíos, colocó el cuerpo en el medio del fuego y lo quemó. 18:2 Así nosotros, habiendo después tomado sus huesos, más valiosos que piedras preciosas, los pusimos donde era apropiado. 18:3 Allí, en cuanto nos es permitido, cuando estamos reunidos en exultación y gozo, el Señor nos capacitará para celebrar el cumpleaños de los mártires, tanto para la memoria de los que han contendido, como para el ejercicio y preparación de los que vienen. CAPÍTULO 19
19:1 Éstas fueron las cosas que le sucedieron al bendito Policarpo, que junto con los de Filadelfia fue el duodécimo que sufrió el martirio en Esmirna, pero él solo es recordado por todos, de modo que es hablado en todo lugar incluso por los gentiles, no sólo siendo un maestro distinguido, sino también un eminente mártir, cuyo testimonio deseamos imitar, ya que sucedió de acuerdo con el Evangelio de los gentiles Mesías.
19:2 Porque habiendo vencido con paciencia al gobernador injusto, y así habiendo recibido la corona de la inmortalidad, regocijándose junto con los apóstoles y todos los justos, glorifica Yahweh y el Padre, y bendice nuestro Yeshua el Mesías el Salvador de nuestras almas, y el piloto de nuestros cuerpos, y el pastor de la Iglesia Católica en todo el mundo.
CAPÍTULO 20 20:1 Vosotros, por tanto, deseasteis que las cosas que habían sucedido os fueran mostradas con más extensión; pero nosotros por el presente os las hemos relatado brevemente por medio de nuestro hermano Maro. Ahora vosotros, cuando hayáis leído estas cosas, enviad la carta a los hermanos que están más lejos, para que ellos también glorifiquen a Yahweh, que está haciendo una selección de entre sus propios siervos.
20:2 A aquel que puede introducirnos a todos, por su gracia y don, en su reino eterno, por medio de su Hijo unigénito Yeshua el Mesías; a él sea la gloria, el honor, la fuerza, la majestad para siempre. Amén. Saludad a todos los santos. Los que están con nosotros os saludan, y Evaresto que escribió estas cosas, y toda su casa.
CAPÍTULO 21 21:1 Ahora bien, el bendito Policarpo fue martirizado el segundo día del mes Xantico, el veinticinco de abril, en el gran sábado, a la octava hora. Pero fue detenido por Herodes, cuando Felipe de Tralles era sumo sacerdote, y Estasio Cuadrato era proconsul, y Yeshua el Mesías rey de los siglos, a quien sean gloria, honor, majestad y trono eterno, de generación en generación. Amén.
CAPÍTULO 22 22:1 Rogamos, hermanos, que os vaya bien, caminando según la palabra del evangelio de Yeshua el Mesías, con quien sea gloria a Yahweh y al Padre, y al Espíritu Santo, para la salvación de los santos elegidos, así como el bendito Policarpo ha dado testimonio, en cuyos pasos seamos hallados en el reino de Yeshua el Mesías.
22:2 De los manuscritos de Ireneo, discípulo de Policarpo, que también era ciudadano de Ireneo, fue transcrito esto por Gayo. Yo, Sócrates, en Corinto, copié de las copias de Gayo. Que la gracia sea con todos ustedes.
22:3 Pero yo, Pionius, después las copié de lo escrito anteriormente, después de haberlos buscado, después de que el bendito Policarpo me los había hecho manifiesto por una revelación, como mostraré en lo que sigue; después de haberlos reunido, cuando ya se habían vuelto casi borrado por el tiempo, para que Yeshua el Mesías para reunirme con sus elegidos en su reino celestial, a los cuales sea gloria junto al Padre y al Padre, Espíritu Santo, mundo sin fin.